Onírica

Ácido

Por: Elaine Roca 

Realmente no me importa que sea mentira, ¿sabes qué? no me importa, si sale Canel u Otaola, si disminuye el tamaño del agujero de la capa de ozono o ganan los médicos cubanos el premio nobel. No me importa. Y si ya está lista la vacuna, la Soberana cero-cero, cero-cero, tampoco me importa, ni fingir, por favor, a mí que me importa, o si no tengo dólares y no puedo comprar queso Gouda, o si se dice bloqueo y no embargo, ni me importa, en realidad, no me importa. 

Mi mujer, la que tengo ahora, tiene una casa y está sola, se va a morir y yo me voy a quedar con la casa. Su hija no la necesita, la casa; se fue del país. Su madre está loca, mi suegra. Tiene un hermano alcohólico, mi cuñado. Es una casa grande, tengo espacio para mis herramientas, para arreglar las cafeteras y los hornos de las cafeterías de por aquí. Ahora mismo no hay más nadie que haga ese trabajo porque nadie tiene las herramientas que tengo yo.  

Sesenta, setenta, a los ochenta estoy muerto. Mi mujer es más joven, sí, veinte años, pero estoy seguro que de gastritis en gastritis se muere antes, y las depresiones se las empeoran, siempre está deprimida, y ahora no tiene trabajo. Le quedarán como diez años, no más. Seguro es hasta cáncer. 

Entonces tendré 70, me quedan diez y está perfecto, está bien. Serán diez años con la casa solo para mí, puedo traer a la tipa esta de vez en cuando, y arreglar más cafeteras que me van a pagar. Tengo dos hijos, se van del país. Hace diez años me decían: papi cuando yo me vaya voy a trabajar para que no te falte nada. ¿A los setenta? No, ¿para qué? A los setenta ya tengo la casa de mi mujer que se va a morir. 

Incluso, incluso, podría matarla, ¿sabes? Ponerle algo a la comida, llevo cocinando 20 años en esta casa. Y la mato. Su hija no vive aquí, su madre está loca, su hermano es alcohólico. En realidad, estaría bien. Claro, sería un asesino y fíjate, hasta la quiero, ¿por qué no? Pero, ¿y qué? Total, si es infeliz, y si no lo fuera, ¿qué? Incluso, podría despedazarla y en estas bandejas donde lavo los hornos, con el ácido, consumirla hasta los huesos. Pero tengo que ver, porque el tipo que me vendía el ácido fue preso por robarlo de la fábrica. Y me quedan pocos pomos. Capaz que cuando consiga aparezca de pronto una cafetera y no puedo perder el trabajo. Mierda, todo es un problema. 

Llevo un tiempo viendo porno de hombres negros, de maricones. Solo los negros me gustan. No soy maricón, pero me gusta. Se les pone el culo grande y no tengo que gastar tanto internet, por lo general, eyaculo rápido. Hasta podría, fíjate, ni matar a mi mujer, ni quedarme con la casa, solo masturbarme hasta el cansancio con negros maricones que tienen el culo grande, arreglar otra cafetera y masturbarme, hasta los ochenta o hasta los ochenta y cinco. Escucha, cuando por fin consiga el ácido, no tengo que gastarlo en matar a mi mujer. Lo ahorro para los hornos y las cafeteras que me caigan y así no pierdo el trabajo. 

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Autor

  • Graduada de Filosofía y Ciencias de la Religión. Trabaja en Instituto de Filosofía de Cuba. En La Trinchera no escribe de teoría.

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