Onírica

Anti-reloj

anti-reloj.

Por: Anckla

Eso pasa todos los días. Da pereza levantarse al toque del reloj.
La rutina del hogar antes de salir, entre la poca pasta y el cepillo, el jabón que ya se extingue, y el café con poca azúcar y mucha agua -sin elección.
Todo en ritmo sincronizado con ese maldito tic tac. Ya la ancestral mala costumbre de intentar llegar a tiempo se sale de control.
Las opciones de embarcar en la ciudad son variadas, pero igual no dan cabida entre el espacio y el dinero.

Los horarios incumplidos y al final, muchos se van a embarcar, y el resto ya se embarcó. Es mejor tomar las cosas a su tiempo y sin contar las horas. Después de tanto estudiar, de graduarse con honores… Si lo mismo hay que cobrar, tarde o temprano es igual, de todos modos no va a alcanzar. Si honesto se debe ser no queriendo pretender abandonar la conciencia; si aquí no vale la ciencia y la matemática no cuadra; si lo mismo en taxi es una cuadra, que de la novia a la lisa; vale lo mismo que una pizza -y de mala calidad.
Miles quien trabaja en el agro, y pobres los ingenieros, las siglas con muchos carros, y camello para enfermeros. Médicos en las paradas, bodegueros en Varadero.
Suelta el reloj y apresura, que los empleos no faltan.
Si el estatal no camina, el particular discrimina.
Da tiempo y conocimiento a luchar cualquier invento y olvidarse de la premura.
No sé de que vive el cura y sé cuanto cobra el santero… Si vivir va siempre primero, desconecta ya el horario.
No se pregunta salario, y sí, que va a entrar a diario. Si no se estudia medicina y el turismo es escaso, correr tras guaguas es algo que haces muy a menudo. Tampoco tienen menudo, y si no dan el vuelto, que nunca eso esta resuelto.
Desprenderse del imperfecto, el chofer y carreritas vanas. Llegar a trabajar sin ganas, lo mismo cada mañana.
Más se pierde que se gana, y el tiempo no se detiene. Saber que el que tiene tiene, y hace lo que le venga en gana. Si va a trabajar mañana, ni en taxi ni cogerá el bus -a ese que no se le ve ni la luz.
Y cuando se toma el café, es despacito, y le hecha lo que le venga en gana, no lo apura ni un tsunami, y llega simpre fresquecito. Sabe lo que comerá esta noche, y si se pone enfermito, su médico, el enfermero y también a sus ingenieros, se los traen en avioncito. Para no discriminar le dio baja al bodeguero. Dejar detrás el minutero, segundero y el horario, soltar este calendario donde se repite todo, soltar el reloj que todo…
pasa todos los días.

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