Onírica

Ay, qué dolor, qué dólar, qué pena

Por: Jorge Fernández Era

—¡Mi amiga, dicen que abrieron una tienda nueva en el Vedado! ¿Sabes algo?

—¿Te refieres a la de 2 entre 13 y 15?

—Sí, una casona vieja muy bonita con unas rejas altas que meten miedo, tiene que ver con algo de la cultura, no sé si porque está al fondo de Bienes Culturales o porque es una edificación que tiene su Misterio o algo así… El caso es que ya ni esperan al día de la inauguración: desde ayer al mediodía había gente marcando, y aquello fue creciendo… ¡Y cosa rara!: gente joven sobre todo, cual si le dijeran a sus padres que dejaran las colas y se pusieran pa otra cosa, que la demanda la iban a crear ellos.

—¿La demanda de la oferta?

—No, ¡la demanda a la oferta debía haberse abierto hace rato en los tribunales! Estas tenían que ver con cosas extrañas, de gama alta.

—¿Productos en falta?

—Diría que desaparecidos, con comisión y todo.

—Ah, ¿porque no ha abierto la tienda y ya están recibiendo comisiones esas gentes?

—Esta comisión era diferente, tenía que ver con el cambio…

—¡Ya!: lo de devolver en ceucé cuando hace rato le expendiste el certificado de defunción.

—Nada de eso. Estos jóvenes hablaban de otro tipo de cambios, de esos que te marcan.

—¡Ahí está el problema!: si dejas que la gente marque desde el día antes se arma la que se armó allí en 2, hubo que cerrar la calle y todo.

—Te equivocas, mi amiga, oí que aquello estuvo muyyy organizado, que hasta transporte pusieron desde todos los municipios. No puedes imaginar la cantidad de guaguas que llegaron lo mismo por 23, que por G, o por una Línea nueva que abrieron, creo que pal Paseo.

—¿Y todo resultó una bola?

—Una bola que arrastró todo a su paso, como si bajara Vedado abajo, no hubo quién parara aquello.

—Total, pa después oír que en la tienda va a haber una apertura, pero que para eso se emprenderá todo un proceso de negociaciones.

—¡Claro, mija, ya es sabido que sin negocios este país no camina!

—No sé si te lo contaron, pero lo más raro de todo fue que como a las dos de la mañana, después de mucho canto, y con aplausos y todo, se desbarató la cola, y la gente, lejos de berrearse, se fue de lo más contenta a casa y no tuvieron que intervenir los grupos de enfrentamiento a revendedores, acaparadores y coleros, a pesar de que a los pobres los tenían desde horas antes listos, no quieras ver la cara que pusieron cuando los desmovilizaron.

—Fuerzas del orden versus el desorden…

—¡Las fuerzas del ordenamiento! Me huele que todo aquello algo tuvo que ver con lo que se avecina.

—¿Qué se avecina, vecina?

—Un cambio nuevo. Creo que es eso.

También le puede interesar

jóvenes frente al Ministerio de Cultura, jóvenes frente al Ministerio de Cultura

Autor

  • Periodista, escritor, editor y corrector. Perteneció al grupo humorístico Nos y Otros

Puede comentar acá

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto:
Ir a la barra de herramientas