Onírica

El chihuahua salvaje del bosque de La Habana

Por: Oscar E. Mendía Véliz 

El camino del bosque de La Habana que bordea el río Almendares desde Miramar hasta Nuevo Vedado es uno de los paseos más refrescantes de la ciudad. Yo lo cruzo al menos tres veces por semana, así que lo conozco muy bien. Ahora podría decir algo como: de un momento a otro, abandonas el paisaje urbano y te sumerges en un escenario mágico de enredaderas que tejen formas inusuales. Pero no voy a caer en semejante ñoñería. Esta historia no es sobre el bosque y no necesita de metáforas sobrecargadas. Este es un testimonio único sobre una criatura que lo habita, y que tuve la suerte de conocer: el chihuahua salvaje del bosque de La Habana. 

Es un perrito chihuahua cualquiera. Su pelaje es corto, espeso y carmelita. Su cuerpo luce proporcionado y sólido, y su postura erguida como una estatuilla. Se ve muy saludable en general. Para conocer su temperamento pasemos directo a la entrevista. 

-Después de toda una vida de silencio, ¿qué te hace tomar la decisión de hablar con los humanos? 

Varias cosas. En primera, no me gusta que me llamen el chihuahua salvaje. Me parece que los humanos le han dado una connotación peyorativa a la palabra salvaje. Y la raza chihuahua es un ejemplo de distorsión cultural gringa. Prefiero que me llamen por lo que soy: un perro libre. 

Respondiendo a tu pregunta, tanto tiempo viviendo solo en el bosque me ha hecho reflexionar y organizar mis ideas sobre el tema humano. Esta conversación entre especies no podía esperar más. 

-Al pronunciar la palabra raza has hecho unas comillas en el aire con tus lindas patitas. ¿Por qué?  

A ver, preferiría que te ahorrases expresiones como lindas patitas. Yo soy un mamífero adulto, al igual que tú, y exijo que se me trate con respeto. Las comillas se deben a que no me gusta usar el término raza. Los perros somos cánidos, subespecie de los lobos. Como nuestra existencia se debe a la selección artificial, los humanos decidieron dividirnos en razas, esa división es uno de los grandes problemas de la historia canina. Desde luego que existen diferencias genéticas entre los perros del mundo, pero para luchar por nuestros derechos tenemos que alejarnos de esa clase de etiquetas exclusivistas. 

-¿Luchar por tus derechos? ¿A qué clase de derechos te refieres?

Yo soy ecosocialista e independentista, y se podría decir que tengo mis tendencias neoludistas. Creo firmemente en la desdomesticación de mi especie. Ojo, esto no implica el fin de la antigua cooperación humano – perro. Pero la absurda dependencia de nosotros hacia ustedes no puede continuar, especialmente cuando se sabe que los perros podemos trabajar por nuestro sustento, ejemplos sobran. 

Nuestra especie necesita una deconstrucción. Necesitamos apelar a la memoria, a nuestras raíces, para reconectar con nuestra naturaleza de lobo. Por lo que vivo mi vida como lobo. Lo sé, mis ideas son tan reaccionarias como revolucionarias. Pero eso del lobo es cosa mía que me va lo bucólico, la idea es que los perros tengan la libertad de elegir como vivir sus vidas. 

Por cierto, me puedes llamar Darwin, ese es mi nombre de perro libre. 

En este momento, Darwin mueve la cola y enseña levemente la lengua. Se le ve relajado. 

-Darwin, realmente me dejas atónito con tus ideas. ¿Te das cuenta de la ironía que representa que el perro más pequeño del mundo desee convertirse en lobo?

Claro que me doy cuenta, y así como lo pintas luce ridículo. Lo del lobo es un símbolo de libertad, espero que lo entiendas. Si todos los perros del mundo cambiamos la manera en que nos relacionamos con los humanos, la evolución nos recompensará. Un futuro más digno es posible para nosotros. 

Lo del perro más pequeño del mundo es cuestionable, hay muchos perros de menor estatura a la mía. Tú te refieres a mi raza como la más pequeña, y ya te dije lo que creo al respecto de las razas. 

-¿Como ves la posible lucha por los derechos de los canes de este mundo?

Muy interesante que plantees tu pregunta en términos globales, porque nuestra independencia solo será posible si se organiza a escala mundial. El primer paso es tomar conciencia de la necesidad de libertad, para luego diseñar las formas de lucha. La literatura canina es bastante escasa, por lo que la teoría humana me ha sido de gran utilidad para esbozar mis planes independentistas, que aún no pienso revelar. Es fundamental estudiar a fondo nuestra sociedad y las condiciones de vida de nuestros miembros. Debemos conocer los deseos y aspiraciones de los perros del mundo, así como sus miedos y contradicciones. Producto de este estudio, hemos identificado tres clases sociales dentro de nuestra especie. Solo en las dos últimas se puede ver un potencial transformador, aunque las tres son explotadas sistémicamente por el hombre. Aquí la división:

  1. las mascotas: son nuestra burguesía y nuestra ala más conservadora. Solo proveen afecto y compañía a sus dueños; estos no apoyan la revolución canina. Están ciegos de tanto tragar bolas de pienso.
  2.  Los perros trabajadores: perros policía, bomberos, de cacería, antibombas, antidrogas, guías de impedidos visuales, y la lista es larga. 
  3.  Los perros callejeros: somos el grupo más numeroso y el que vive en peores condiciones. Nosotros, ya que me incluyo en este grupo, somos el combustible necesario para la revolución. 

 -Todo eso está muy bien Darwin, pero en la práctica, ¿cómo te las arreglas para sobrevivir sin la ayuda humana?

Bueno, esa es una pregunta engañosa, en las condiciones actuales me sería imposible sobrevivir sin la ayuda humana. Mis capacidades predatorias son bastante limitadas, y además el entorno que habito no es el más propicio. Lo que he hecho hasta ahora es alimentarme de las ofrendas que dejan los santeros (no sé exactamente como ustedes les llaman) a la orilla del río. En estos paquetes encuentro pollo, pescado, chivo, palomas y hasta una que otra lechuza. De esta forma me alimento, y de paso limpio el bosque. El río me proporciona toda el agua que necesito. 

A escala global la cosa es diferente. Pero, ¿sabías que ustedes los humanos tiran a la basura alrededor de un tercio de la comida que producen? Toda esa comida serviría para alimentar a los perros de este mundo. Ya tengo un plan elaborado para aprovechar todo ese excedente. Todos saldríamos ganando, hasta los gatos. Eso es suponiendo que el capitalismo prevalezca lo suficiente, claro. Cosa que no creo. El orden mundial está a punto de cambiar, así como el rol de los perros en la sociedad. 

Nos hemos extendido bastante, ¿algo más que quieras agregar? 

Me gustaría terminar con una frase de Tocqueville que no se pone vieja:

Habría amado la libertad, creo yo, en cualquier época, pero en los tiempos en que estamos me siento inclinado a adorarla.  

Se incorporó todavía saboreando la cita que me había lanzado a quemarropa. Y yo, he de admitirlo, estaba encandilado con la personalidad de Darwin… ¿los perros tienen personalidad? Es evidente que sí, ¡Sí!, los perros tienen personalidad. Entonces se adentró en el bosque con la soltura de un perro libre. Todavía puedo ver su forma de estatua desdibujarse entre la vegetación. Por un momento, me pareció ver un lobo. 

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