Onírica

El del mastodonte

A la espera, busco información sobre Raúl, el del mastodonte.

Por: Miguel Alejandro Hayes

Yo no conocía a Raúl Suñet. Su poema del Mastodonte lo había visto, hace como un año, en el boletín de Abelardo(1) y lo repliqué en La Trinchera. Ahí ha estado sin pena ni gloria.
Como el que no quiere la cosa, compartí este domingo en las redes del blog el poema. De pronto, La generación del Mastodonte amarillo era el texto más leído. Se disparan las entradas. Y seguía sin saber quién era ese poeta.
Arrancan las comparaciones, las metáforas sobre la metáfora, las condenas, los incendios, el Estocolmo. Entre tanto, Lázaro(2) comenta. Me quedo callado sin saber qué responder. Le escribo a Eilyn(3) y le cuento que no me gusta el comentario, pero que no sé qué replicar. Eilyn lee y contesta a Lázaro.
A la espera, busco información sobre Raúl, el del mastodonte. Descubro un poeta, al parecer, de manual: alcohol, vicios y discontinuidad emocional. Un tipo que se suicidó por valentía. Un flaco con pelo largo que me recordó a Santi, y me recordó que me corto el pelo para no ser el flaco con el pelo largo. ¡Menos mal que no soy poeta!
Leo el comentario de Eilyn. Le pregunto cómo está y me confirma la desconcentración que sospeché. Tan parecido a lo que sentí cuando buscaba a Raúl. Ella ya lo tenía, o tal vez había vuelto a él.
Las lecturas al blog no paran. Ya encontré a Raúl. Se me hizo mito a la par, aunque sé que a Eilyn eso no le gusta.
Entre la ira y la rabia, también me siento de ese mastodonte amarillo.

Notas

(1) Abelardo Mena. Historiador del Arte. Curador

(2) Lázaro Benítez Díaz. Crítico e investigador de la danza.

(3) Eilyn Lombard. Poeta y editora.

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