Onírica

Es momento de una historia

¡Qué historia buena! Es momento de una historia, otros la contarán mejor, hoy se las cuento yo.

Por: Elaine Roca

Amigos míos, trotamundos, mercaderes, carpinteros, hermosas doncellas y madres, compartamos el fuego, es momento de una historia…
Verán, hay gente que cree que todo lo esencial fue dicho, que la verdad fue anunciada, que la mejor historia del mundo ha sido contada. Yo no sé, con lo poco que vive un hombre… pero me acuerdo, siempre me acuerdo del padre que engullía hijos. ¡Qué historia buena!, otros la contarán mejor, hoy se las cuento yo.
En el mundo de los antiguos dioses gobernó Cronos, dios del tiempo. Descendiente de tierra y cielo, armado con una hoz desgarró, abrió surcos y destronó a su padre. Urano no era un padre benevolente y de su unión con Gea fueron tres hermanos, primera generación de titanes criados en cautiverio sin ver la luz. La madre construyó de pedernal un arma y les sugirió a sus hijos matar al padre opresor. Cronos así lo hizo y el desmembrado progenitor juró venganza.
Dicen que tras la unión de Cronos con su hermana Rea el mundo no conoció la muerte, el trabajo o la enfermedad. Cuenta Platón que a él le contaron que no hubo posesión. La tierra, generosa en alimento, permitía recoger sin cultivar. Fue la gran edad dorada.
Ni leyes, ni reglas, el mundo era uno hasta que la vieja Gea miró fijo a los poderosos ojos de Cronos y lanzó su profecía: tendrás hijos y serás derrotado como derrotaste a tu padre. Cronos decidió por precaución tragarse a su descendencia apenas nacía. Deméter, Hera, Hades, Poseidón e incluso la noble Hestia poblaron de uno en uno la oscura caverna del gran estómago de quien los había traído al mundo.
Gea y Rea acordaron hacer pagar a Cronos. La joven madre tuvo a su hijo sexto en secreto. Entregó al padre una piedra envuelta en tela y este en su afán de tragar y tragar la digirió. Zeus se llamó el recién nacido y distante creció con el único objetivo de tomar venganza por sus hermanos y hermanas.
Llegó finalmente el día. De un tajo abrió Zeus a Cronos y aparecieron los engullidos. En una batalla de titanes que duró diez años el dios del trueno y sus hermanos salieron victoriosos. Hasta hoy parece que gobiernan el Olimpo entre disputas y banquetes. Nadie sabe con seguridad que deparó el destino a Cronos.
Merodeadores aseguran que en un lugar puntual de la Tierra se escuchan murmullos, suspiros y gritos ahogados provenientes del mismísimo Tártaro. Allí, dicen, se consume Cronos en un abismo más profundo que el reino de Hades, el lugar en que las almas son juzgadas tras la muerte. Otros comentan que, liberado por Zeus, a Cronos se le ordenó reinar un espacio distante y de difícil acceso: las Islas Afortunadas. Es donde van a parar las almas virtuosas luego de la muerte. ¡Quién tuviese un alma virtuosa para sentirse vivo después de la muerte y degustar placeres al final del camino de pesares!
Amigos, amigas, bebamos. ¿Quién será el próximo en contar otra historia antes que el fuego se nos apague?

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