Onírica

Las amargas mieles

Qué amargas mieles las vuestras.

Por: René Fidel González García 

Qué amargas nos saben, y cada vez más, vuestras mieles, vuestros privilegios, vuestro obsceno, minucioso y cada vez más vulgar y mezquino poder.

¿Cuán caro nos costará nuestra virtud ciudadana prostituida a la migaja y a la oportunidad, nuestra complicidad y nuestro silencio, el olvido de estar el nudo de la desigualdad no en lo diverso y diferente sino en lo injusto e inmerecido?

¿De cuántas maneras nos haréis maldecir nuestra confianza, nuestra bondad, de cuántas maneras nos envilecerán entre la pobreza, la corrupción y el hastío?, ¿de cuántas maneras pensáis, canallas, humillar nuestros sueños hasta degradarlos a un puñado de sal?

¿Cómo la libertad y la dignidad acabó siendo un no me tocó, un no fue conmigo, el mirar al suelo? ¿Cómo fue que acabamos sintiendo el miedo como seguridad, la injusticia como mala suerte?

¿Queréis acaso, además, nuestra gratitud por vuestra opípara mesa, por vuestras hijos ajenos al sudor, e inmunes y orgullosos, a salvo, de nuestros destinos de Dediticios? ¿Deseáis también que seamos ciegos, además de nobles? ¿cobardes, además de serenos?

¿Cuánto puede tardar un día en llegar?
¿Por cuáles hechos – insignificantes, comunes, o inusuales- comienza un día?
¿Cuánto puede durar un día?
Nunca se sabe.

Pero un día, vuestra soberbia, la indecente voluptuosidad de vuestra soberbia, de vuestro amor al poder, será nuestro despertar y el de nuestros hijos, y una cicatriz en nuestra vergüenza y honradez.

Todo eso se preguntó, eso escribió un maestro del Pueblo Grande, y luego no supo si aquello era maldecir, o callar.

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