Onírica

Mi amigo el ventilador

De ventiladores e intimidad. 

Por: Day Cordero

Es la primera vez que escribo sin muso.

No estoy pa´ escribir, llevo días creando una historia y me perturba terminarla. No quiero escribir más. Dos líneas que comienzan con el NO más electronegativo de la semana. Un NO más grande que mi cabeza. Hoy es uno de esos días que uno se siente triste y el porqué es incierto. Mejor NO escribir. Mejor pensar cosas para evadirme.

Estas líneas nacen en mi mente. En mi cabeza han pasado las mejores y peores cosas de mi vida. Alguien me dijo que el cerebro puede ser el paraíso pero también un infierno dantesco. Nah mentira, nadie me ha dicho esa frase, se me acaba de ocurrir. Creo que la gente que inventa frases inteligentes es la gente que más se pierde, la gente que más tropieza con su propio invento.

Es la primera vez que muso no está y se siente raro. Recuerdo cuando me dijo con tremenda satería:

-Qué envidia le tengo a tu ventilador.

Y yo respondí:

-Qué envidia le tengo a tu nasobuco.

Muso es mi brother y mi alma gemela. Paradojas de la vida.

Cuando terminé la carrera mis puros me regalaron un ventilador. Ya sé, ya sé que no es un regalo fancy ni fashion al más fiel estilo del Vedado. Cualquiera pide una semana en Varadero o un teléfono nuevo, pero el bolsillo de los puros estaba casi tan escaso como la bodega de la esquina. Y yo no le pido ni a Dios.

Llegué a la casa después de haber obtenido 5 puntos en la Prueba Estatal y ser recibida por mis vecinos como si hubiera ganado Sonando en Cuba. Me encontré el obsequio doméstico en el cuarto, conectado a la corriente y girando.

-Mira, te compramos entre los dos un ventilador.

Mi ventilador conoce todos mis secretos, me ha visto en la mayoría de las facetas, histriónicas y sexuales. Mi ventilador no dice nada, no juzga. Ahora entiendo a muso cuando lo envidiaba. Ser mi ventilador es conocerme. Verme por fuera y por dentro.

Es increíble y lamentable a la vez lo sanador que puede ser un objeto. Mi ventilador es el narrador omnipresente en la vida de los otros.

Los ventiladores son los sacerdotes de las casas. Se ventila el corazón.

Él me ha consolado cuando la gente se va sin apenas entenderme. Cuando te tachan de loca para concluir una discusión, o simplemente te dicen loca como una gran verdad. ¡Ya sabrá mi ventilador!

Yo le he cantado a las 7 AM y el tipo (asumo que sea hombre) jamás me ha dicho que estoy loca.

Mi ventilador estuvo ahí la única vez en mi vida que he visto porno, estuvo la primera vez que usé un consolador.

Su manera de decirme que me detenga es cuando echa aire caliente.

-No llores más comemierda, y apágame un rato que este mes la corriente va a venir por los aires. Un ventilador hablando del aire, es hasta gracioso.

Es un bálsamo bien caro para mi ansiedad. Un lujo llorarle. Creo que tengo ansiedad desde los 7 años. En aquel entonces nada tenía un nombre, la gente estaba demasiado ocupada en otras cosas como para nombrarlo todo. Hoy hasta lo absurdo tiene uno.

La modernidad le dio nombre a mi inexplicable tristeza. Un niño con ansiedad es un niño que coge los mandados en la bodega del psicólogo. Un niño con ansiedad es una botella llena de problemas navegando en un mal de derivaciones y juicios. Un niño con ansiedad es una boca cerrada en una laguna de preguntas que más tarde proyectará en la gente.

La ansiedad en un niño es la llaga futura, es el cimiento de una vulnerabilidad adulta fácil de herir hasta con el más leve de los golpes bajos.

La gente nombra las cosas y no navega con uno en el mar de cuando eras niño. Es como si estuviera de moda definir todo para figurarse expertos en nada. Viran la espalda y se van. Por eso amo a mi ventilador y odio cuando me quitan la corriente.

Mi ventilador es mi psicólogo. Ahora sé que mis puros me estaban dando la pastilla tardía al problema que ni ellos mismos notaron.

Mi ventilador es música para mis oídos, un placer insuperable que solo una solitaria como yo conoce. Mi ventilador suena a Bach. El Grammy para mi ventilador.

Mi ventilador consuela casi tan tierno como el abrazo de una abuela. Es el beso de una madre la primera vez que te inyectan. Mi ventilador suena casi tan bien como la muela optimista de mi amiga Camila por guasap cuando formo drama.

No estás sola si tienes a tu ventilador, solo estás jodida porque no hay gente para entenderte.

Los ventiladores refrescan el sur y de ellos nacen ideas como estas. Ellos son los únicos que quedan cuando la habitación se hace nada y la gente no quiere conocerte. Ellos permanecen cuando el mundo desconoce cuántos ventiladores te faltaron de niña o cuantos apagones te robaron la calma.

Aquí estoy, sin muso, delante de mi ventilador, pensando todo esto para luego irremediablemente escribirlo.

 

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