Onírica

New York, New York

Un texto de Norma para pensar el coronavirus en New York

(Sobre la idea de un amigo)

Por: Norma Normand Cabrera

Anoche soñé algo terrible: veía a New York con cientos, miles de cadáveres tirados en las calles, en las aceras, en los contenedores de basura, y el hedor de tanta putrefacción elevándose al cielo, nublado por bandadas de buitres en busca de alimento.
Vi hospitales abarrotados y morgues colapsadas, mientras los sobrevivientes huían en masa hacia otros estados, diseminando la pandemia por toda la Unión, regando el caos por todas partes, asaltando supermercados, entrando a las casas vacías para robar lo que pudieran, hasta dejar convertida a la ciudad más importante del mundo en una ciudad fantasma de edificios abandonados y parqueos llenos de carros cubiertos de polvo.
Eran imágenes dignas de haber sido descritas por Dante, imágenes que anunciaban que Estados Unidos se acercaba a la calamidad más insólita de todos los tiempos.
En mi desesperación creí gritar entre sueños: “¡¡aun hay tiempo!! ¡¡hay que pararlo!! ¡¡aun hay tiempo!!”
Desperté con esa sensación de aturdimiento y pesantez que provoca una pesadilla. Cuando me despabilé por completo sonreí al pensar de lo inverosímil que puede resultar un mal sueño. Recordé entonces que empezaba diciembre. Faltaban veinte días para mi cumpleaños.
Me levanté y puse la radio. Me pareció escuchar que en una provincia de China llamada Wuhan habían diagnosticado a una persona con una infección respiratoria hasta este momento desconocida. No fue una noticia destacada ni particularmente importante.
Pensé que pronto comenzaría un nuevo año: 2020 tendría que ser mejor.

La Habana, abril de 2020

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