Onírica

Lo que piensan las niñas antes de dormir

sueño. 

Por: Day Cordero

Poetas con insomnio redactan una oda chistosa sobre corazones lejanos

¿Qué dice la madrugada? Poetas sin título, sin afán.

 

Una musa me susurró en un sueño: En Roma hay hombres que de un soplido deshacen el encaje. Es el alma.

“Niña del pijama ripeado, yo te maldigo, que la boca de fresa se convierta en pescado, se derritan las aguas y la princesa suspire por el trasero”. Así sentenció el poeta en la Sonatina Culposa que inventé en mi cabeza.

Aquella noche Rubén Darío debió maldecirme siete veces desde algún callejón en el infierno. A mí no me importa la poesía y mucho menos Rubén Darío, esa es una de las ventajas de ser descarada en ocasiones. Bah, en realidad soy tremenda fresca.

Yo soy muy guarosa como para respetar a un poeta, así que, tiré el paracaídas y me aventé en caída libre sobre un mar olvidado. Deformé un verso de Rubén Darío para hacer reír a alguien y por su culpa fui desterrada de las rimas.

Condenada por hacerme la matica de guara con espinitas de confianza. En realidad creo que marqué una pauta en la ´´Putería Moderna´´ porque ´´Putería sin humor es porquería´´. Lo siento, no soy poeta y Rubén Darío me odia.

***

He aquí la génesis de cómo me colé en la pecera trasatlántica de un hombre extraordinario. Mutilé a un poeta y luego me burlé. Soy una criminal. El mundo pedía mi cabeza y me sumergí cubierta en miel donde el salitre de los años convierte en fuego de volcán marino la idea de un encuentro.

Aguas misteriosas.

Soy el pez que lo sigue al compás de un pensamiento. La pececita que odia el maldito cristal. Sueño con salirme y escapar tras la ´´vaga ilusión´´ que es él (ups, préstamo de Rubén Darío).

Su cuerpo hierve cuando me ve nadar. Le gusta la naturalidad de mi cola, le hablan los astros cuando se la muevo. ´´Léeme la cola hombre del cristal´´.

A mí me gustan sus manos, sus venas, manos tan delicadas como para que la idea de alguna caricia torne caliente mi sangre fría de pez. Sostiene la cámara y me sostiene a mí, lanza un disparo y me alcanza el alma. Incontables las veces que me he desvestido sin escamas para que me vea, ´´la pececita desnuda de sus fotografías´´.

El índice en mi boca, el zipper brillante abultado, y yo una pececita feliz.

Hombre con reflejo en las peceras, dame el color que quieras.

Yo te hago veinte años de burbujas en tu pantalón de estanque.

Me sumerjo y rodeo el submarino amarillo donde duermes.

Te aleteo las piernas hasta que explotes en nieve.

Hombre de la pecera trasatlántica, no defino tu rostro, mas me atrae tu alma y el magnetismo que provocas cuando el agua comienza a vibrar.

Hombre allá fuera, tu lugar es aquí dentro, me hierven las aguas y me late la cola.

Vertebradita escamosa soy. Vertebradita escamosa me gustaría ser.

 

Eso pienso antes de dormir, juego a la literatura para tenerlo cerca antes de que desaparezca en su propia pecera.

 

***

Los versos de Neruda le han servido para decirme que en los ojos llevo a su Patria y forzar un ´´eres mía´´ que suena incómodo porque apenas nos conocemos. Pero puedo ser suya después de la 1 AM cuando ni la distancia impide que me vuelva volátil y bautice a mi dedo con su nombre.

Lo primero que nos vimos fueron las cicatrices.

A las 2 AM nos dedicamos música, la anatomía es jocosa, con significado, y cada quien medita por su lado sobre veinte años de páginas en blanco que la vida nos robó.

A las 3 AM, pensarlo es morderse un labio y aferrarse a la almohada.

A las 4 AM, me despido con añoranza y algo de ´´envidia de la buena´´, eso quiero pensar.

A las 4:05 AM, la pasión se trunca y va ardiendo infinitamente detrás de una pantalla apagada. Vuelan los ojos y se almacenan imágenes en la ropa interior.

Dice la gente aburrida que las niñas de bien duermen a las 9, pero la madrugada es divertida cuando lleva su nombre. Las niñas frescas imaginan un puente en su cabeza que las une al destino prohibido y así Roma se siente real. Abren sigilosas la puerta pequeña de Alicia y escapan al mundo de las conjeturas y los tocamientos.

Lo soñé. Manejando por toda su ciudad. Las sombras le acariciaban el rostro al hombre de la pecera y los secretos.

Me estaba buscando y aparecí en el asiento del copiloto. Las luces de la carretera eran lejanas. No vi sus ojos. Nunca los muestra. El día que muestre sus ojos sabré que he ganado toda su confianza. Manejó serio, y yo estaba ahí aguantando la risa. ´´Encontré mi canción de madrugada, no quiero música ochentera para amenizar el trayecto, quiero escuchar como lo haces tú´´.

Yo estuve ahí. Estaba ahí, toda niña del blúmer rosado y el pezón libre de Pocahontas. Lo juro. Aparecí como lo hacen los secuestradores, lo asusté y luego reímos. No pude verle los ojos, ni en sueños puedo. Su risa ruidosa desde el estómago empasta bien con la mía mientras nos burlamos de lo injusta que es la vida y de cómo reinventamos a la ´´Satería Moderna´´.

Ni yo misma me explico qué hago ahí. A veces observo por la ventanilla unos pocos segundos, pero adivinar su rostro es más excitante que prestar atención a desconocidos poco extraordinarios. Estamos quebrando todas las reglas.

Él maneja sereno como si llevara de recorrido todas las noches a una niña como yo, con el pijama ripeado, el cuerpo encendido y la piel curiosa.

Aquí no hay números, ni siquiera contamos los kilómetros. Nos guía una estrella, destello yo y tal parece que hasta los ángeles quieren que incendie mi infierno.

Su mano derecha reposa en mis piernas. Burla el encaje rosado de un soplido y olvido cómo narrar o ser coherente. Con una maneja y con la otra me conoce, aprieto los muslos y abro la boca con la misma ingenuidad con que alguien cierra los ojos en un sueño.

La humedad del rosado sobre el pantalón de estanque despierta al ´´hombre de la pecera´´ y se acelera todo. Una niña con cuerpo de colina se vuelve mujer cuando la tiene dentro.

Está lloviendo en este automóvil. Su nombre de emperador tres veces en mis ojos torcidos. ´´Arde Roma, allá donde todos te nombran´´.

Me escupió por dentro cuando atravesamos el primer puente. Las otras veces fundimos los sexos en un lugar cerca del mar.

Qué paradoja entregarse a alguien a quien tienes que adivinarle los ojos.

A las 6 AM, despierto.

***

 Lo que piensa una niña antes de volver a conciliar el sueño.

Me estremece la idea de su corazón de ala descansando en mi pecho.

A las 6:35 AM, sonrío como boba viendo al techo y recuerdo lo que dijo cuando me despedí: ´´ Dios bendiga la tuerca del tornillo de la goma del camión que trajo el chapapote para hacer el pavimento de la calle por donde caminas´´. Añoro la compañía de su risa vibrante moviendo mi cama.

¡Mira que lo he buscado! Yo pez en su pecera, niña en su automóvil.

La carretera es helada e inestable en el kilómetro 0 de mi colchón. Doy brincos, estoy sola, todo se mueve y pienso:

 ¿Qué bache hará que salte el romano? Quiero volver a su estanque.

 

Señorita 3 AM

 

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