Onírica

Testaferros de lo absurdo

Absurdo.

Por: Pablo Dussac

No hay peor sensación,
ni angustia,
ni dudas sobre el sentido
de la vida,
ni llanto sin lágrimas,
ni pecho sin latidos,
ni anhelo,
ni frustración,
que la del poeta
cuando siente algo
y no tiene dónde apuntarlo.
Quienes no sienten eso,
son testaferros de lo absurdo.

Quienes gritan que son el todo,
el poema definitivo,
que escriben de todo,
sobre todo,
y dicen nada,
exigen loas por publicaciones
y carecen de público,
son testaferros de lo absurdo,
y hasta los pueden premiar por eso,
y dedicarles largos artículos
cargados de elevadas palabras,
como cura en funeral,
como quien despide
y hace luto de la poesía.

Todos esos que desarticulan
la esencia del poeta,
que no puede escribir nada,
capaz de decirlo todo,
que se angustia,
no saben quién es el verdadero autor,
y todo el que se regocija
en la mentira de un like,
es, sin dudas,
testaferro de lo absurdo.

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No hay peor sensación, ni angustia, ni dudas sobre el sentido de la vida,
ni llanto sin lágrimas, ni pecho sin latidos, ni anhelo, ni frustración,
que la del poeta cuando siente algo y no tiene dónde apuntarlo.
Quienes no sienten eso, son testaferros de lo absurdo. Quienes gritan que son el todo, el poema definitivo, que escriben de todo, sobre todo,
y dicen nada, exigen loas por publicaciones y carecen de público,
son testaferros de lo absurdo, y hasta los pueden premiar por eso,
y dedicarles largos artículos cargados de elevadas palabras,
como cura en funeral, como quien despide y hace luto de la poesía. Todos esos que desarticulan la esencia del poeta,
que no puede escribir nada, capaz de decirlo todo, que se angustia,
no saben quién es el verdadero autor, y todo el que se regocija
en la mentira de un like, es, sin dudas, testaferro de lo absurdo.

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