científicos soviéticos
Onírica

Los tristes científicos soviéticos

Los tristes científicos soviéticos, los de las ciencias sociales, tuvieron que escribir para validar un discurso político.

Por: Miguel Alejandro Hayes

No pretendo hacer un texto científico. Tampoco sé si lo que escribo es real o no; aunque puede ser el intento fallido de crear algo cursi.
No pude resistirme: fui atacado por los cromos de una imagen que me recordaba a ese campo socialista; el que tanto odio y amo; el que tanto critico por no haber sido lo que se soñó.
Podría empezar preguntándome cómo se vivía en eso que todos llamamos socialismo, pero esa sería la típica pregunta de economistas. Eso me llevaría a los índices de consumo, de cosas poseídas, de viajes al extranjero, de casamientos. Que eso también importa, pero no es lo que busco.

En cambio, podría preguntar, ¿cómo pensaban los científicos soviéticos? ¿Alguna vez, después de tanto reprochar, alguien se habrá puesto a pensar eso? Tanto discurso de burgués y proletario, de dirigente y dirigido, tal vez olvidó qué pasaba con ellos.
Voy a ignorar los índices. No tengo cifras, ni muestra. Me hubiese gustado conocer uno de esos que llenaba tomos de la editorial progreso, pero no es posible.
También voy a ignorar cuán científicos eran según la norma de los tres estados y demás vicios positistas. No dejo de pensar en los científicos soviéticos de las ciencias sociales. Pobres, siempre tan ancladas al Socialismo, fueron desechadas con su caída.
En vida, no pudieron escapar del grillete político que se le impuso, del servilismo a una clase social. Se mantuvieron siempre, como las ciencias sociales burguesas, haciendo la pelota a la clase que representaban. Nacieron buscando ser diferentes pero solo eran un discurso de academia para legitimar al grupo en el poder.

Ahora pienso en Stalin cuando decía: “una teoría, cuando es verdadera, proporciona a los que realizan la práctica la fuerza de la orientación, la claridad de la perspectiva, la seguridad en el trabajo y la fe en la victoria de nuestra causa”.
Hubo cazería de brujas. Lo sufrió psicoanálisis, porque su postura respecto al sexo iba contra la moral socialista. La economía política perdió a Rubin, apresado, desterrado y ejecutado. La ciencia política fue considerada burguesa, por lo que tuvo años de silencio. Ilienkov condenado a una cátedra sin estudiantes. Ni siquiera la matemática y la informática escaparon de ser acusadas de enemigas ideológicas.

¿Me pregunto si alguien propuso agregar más días a la semana para trabajar por el socialismo?

¡El marxismo cómo sufrió! Tanto que aun no se recupera del manualismo que se le enquistó.
Imagino a unos tristes científicos soviéticos, porque la teoría no hacía teoría.

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