Onírica

Carta al compañero que le corresponde vigilarme

vigilancia en Cuba.

Por: Elaine Roca Aguiar

Estimado Lenin-Lenin, compañero que me vigila:
Llevo días pensando en usted, en nosotros, en lo mucho que lo comprendo, en lo difícil que debo estar haciéndole la vida a usted y a su familia.
Sé lo grato de la mano al hombro, de las palmadas del deber cumplido, de los aplausos, del peso de la medalla en la camisa que recuerda, levemente, el peso del sol resistido por usted junto a mí en las colas. Yo al tanto de alcanzar el pollo entre cien personas enfadadas, usted al tanto mío de incógnito. Primero en la cola de los que esperan turnos, luego en la otra, la de los que alcanzan turnos y esperan alcanzar el pollo. Después la cola de la guagua, la del jabón, la del yogurt, la de las papas. Y guaguas van y guaguas vienen. Usted siempre vigilando.
Sé lo grato de sentirse útil, de ir ganando 1 a 0 contra la injusticia, contra lo inhumano, contra el imperialismo, contra el hambre en el mundo. Usar la camisa impecable que ha planchado su esposa en la mañana, para que se siente todo el día en una oficina a leer hasta el aburrimiento y con detalle las cosas que escribo y comparto. Desesperanzadoras, ni tan geniales, reiterativas, de un humor dudoso. Los borradores que envío a mis amigos, el sexo virtual con mi pareja, las peleas con mis padres. Investigar los libros que leo, cuatro a la vez, algunos muy malos. Escuchar la música que escucho, consumir el mismo cine, hacer las cuentas del mes conmigo, números rojos y números rojos.
Sé cuánto estudió, cuánto lo prepararon, atento a las noticias, a los conflictos entre países. Usted es un hombre de principios, usted no permite lo mal hecho y es, además, agradecido; porque los desagradecidos solo ven las manchas. Entiendo. Pero ahora, luego de tanto esfuerzo, usted malgasta sus días en mis cosas: la mala cara de mis vecinas, 8 horas sin electricidad, 24 horas sin agua, tupiciones, filtraciones, una plaga de cucarachas, colas y más colas con el sol que hay. Imagino, usted no estudió para eso. Escribir en su hoja de trabajo todos los días lo mismo: hizo colas, cocinó, durmió, montó cinco guaguas. Usted que esperaba un villano a su altura, el enfrentamiento, la derrota, la paz mundial y aparezco yo. Me disculpo.
Nada, que prometo hacernos la vida más dinámica; escuchar otra música, quizá leer más ciencia ficción y menos poesía, caminatas al aire libre por lugares de interés, salir los días con menos sol, disminuir las colas y las guaguas. Porque me preocupa, que la monotonía de la vida cotidiana nos lleve al delirio. Cuidado, no caiga en la tentación de inventarse una historia de titanes donde me hace su malvada enemiga y terminamos liados en una gloriosa batalla a muerte en la cual usted, Lenin-Lenin, el único héroe, conquista para todos la victoria, la justicia y todo eso…
Yo sé cuánto usted se preocupa, se preocupa de verdad y se ocupa. Por eso debe vigilar; vigilar cual madre a su hijo de treinta años, cual esposa a su hombre mujeriego, cual pastor sabio a su rebaño de bestias tontas.
Muéstrese un día y nos tomamos un café.
Atentamente,
Su Objetivo

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