Opinión

La historia del Lolo

En homenaje a todos esos jóvenes que están en la primera línea de defensa contra la COVID-19 en Cuba.

Por: Julio Pernús

A Ernesto Antonio Cruz Lolo, o simplemente el Lolo, como le decimos sus amigos, lo conozco casi desde que era un niño y lo he visto crecer hasta llegar a sus 23 años de edad. Apenas nacido, gracias a su familia, ha estado bien cerca de ambientes católicos, primero en la capilla de las Religiosas de María Inmaculada, en El Cerro, y luego en San Juan de Letrán en el Vedado. Por vocación siempre anda cerca de las personas vulnerables, pues trabaja en una brigada de rescate y primeros auxilios de la Cruz Roja; pero igual, no por eso deja de ser un joven valiente que ha dejado cosas propias de su edad para dedicarse a socorrer por completo a los demás. Siempre he valorado mucho la oportunidad de comunicar, pero son historias como estas las que edifican enormemente mi trabajo delante de un teclado y una PC. De ahí que me sienta tan agradecido de poder conversar con El Lolo, en medio de su pausa laboral para que el mismo nos cuente cómo ha vivido desde que la pandemia llegó a Cuba.

Julio Pernús: ¿Ernesto, cómo es la experiencia para un muchacho de apenas 23 años, que se ha brindado como voluntario de la Cruz Roja para estar en la primera línea de defensa?

Lolo – Sinceramente, te digo Julito, que esto es una misión muy difícil, gratificante, pero de mucho sacrificio, más de lo imaginado al brindarme para ser parte de la primera línea de defensa. Mira, en este centro de asilamiento donde me encuentro ayudando, entran pacientes lo mismo a las 3 que a 4 de la mañana, muchos con un alto grado de miedo y de alteración; pero nosotros, los voluntarios de la Cruz Roja, tratamos de calmarlos y los alentamos a seguir luchando por su vida, cosa que todos agradecen de corazón. Te puedo asegurar que a las 9 de la mañana, si entras al centro, puedes oír muchos aplausos y muestras de gratitud a todo el personal, sus rostros felices diciendo gracias, son un regalo que guardaré en mi corazón para siempre.

JP- ¿Sientes que los aplausos que da cada noche el pueblo de Cuba a las 9 de la noche y nuestra oración de agradecimiento es también para ustedes?

Lolo – En ocasiones veo a muchos amigos que escriben o comparten mensajes de agradecimiento solo a los médicos, y yo pienso que los aplausos y oraciones deben estar dirigidos a todas las personas que aportan lo suyo en medio de esta pandemia. Pues solo por citar algunos ejemplos, aquí hay médicos, enfermeras, paramédicos, nosotros los voluntarios de la Cruz Roja, los chóferes. Quizás nadie escriba sobre ellos, pero te puedo asegurar que en el Centro de Aislamiento de la UCI donde estoy, hay trabajadores de logística exponiendo su salud en la primera línea de forma altruista y por eso, le pediría a toda la comunidad de fe que, además de pedir justificadamente por los médicos, nos incluyan a nosotros en sus oraciones.

JP- ¿Cómo es un día cualquiera tuyo en el Centro de Aislamiento de la UCI? Lolo- En realidad cada día es distinto y a veces parece que estoy en el mejor lugar para poner a prueba mi fe. Hay días en los que no dormimos, pues estamos al servicio de los pacientes a cualquier hora. Soy un ser humano; por mi carácter suelo estar mucho tiempo alegre, pero a veces, como cualquier persona, me deprimo, me quiebro, pero luego pienso en cuanto me necesitan los pacientes y que he venido hasta este sitio de tinieblas, para ayudarlos a que tengan una estancia lo más humana posible, en esta instalación donde a veces converso con personas que sienten que han sido castigadas por Dios. Mira, esto no se lo he comentado a muchos amigos, pero en ocasiones me voy para un lugar tranquilo y en los pequeños ratos de descanso (en este momento el audio grabado de Whatsapp me deja sentir por su voz cómo se quebraba este alegre muchacho y le brotaban lágrimas de sus ojos; su voz ya no sería igual), saco un rosario que traje conmigo y me detengo a pedirle a Jesús por todas los pacientes, ya sean positivos o solo sospechosos. Pues para mí, ahora son mis hermanos. En realidad, es una experiencia de fe tan grande la que he tenido oportunidad de vivir, que al culminar todo esto les digo a mi familia y a mi novia, a los que extraño mucho, que ya no seré el mismo nunca más.

JP- Gracias, Lolo, por esta oportunidad. En realidad, desde ahora valoraré más el trabajo de la Cruz Roja en Cuba. Cuídate, hermano, que deseo volver a verte.

Lolo- No, gracias a ti, Julito, y a todos los obispos, sacerdotes, religiosas, religiosos y laicos que siguen apoyándonos con su oración; desde mi experiencia les puedo decir que la siento y me anima a seguir luchando por los demás.

Otro texto del autor

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto:
Ir a la barra de herramientas