Opinión

Madre

Tú, madre, sabes bien lo que significa permitir a un animal incontrolable como el periodo especial, morder tu propio estómago para evitar que fuera tras el de tus tres hijos.

Por: Julio Pernús

Para volverme loco en medio de este aislamiento social siento que no me falta mucho. Pero a punto de caer mi mente en la inmovilidad fruto de un coctel que combina ansiedad y escasez, me atrevo a enfrentar el temor o pena que me acompaña desde siempre para expresar lo que siento por gente cercana, para decirte, vieja, que agradezco tanto que me hayas ayudado a caminar descalzo por la vida, sin permitir que el mal con sus puntas o esquinas filosas rompiera mis sueños.
Hoy, con tres décadas, soy más consciente de que vale más tu salud y alegría que todos los títulos o artículos que pueda escribir o ganar. Muchas veces tuviste que soplarme esas verdades que se convirtieron en llamas quemando mi vida. Pero luego, a pesar de ser un hijo muy cabezón, cuando todo me salía mal, enjuagabas mis lágrimas y me armabas con tu amor silencioso de madre, con una armadura especial para que las caídas me dolieran menos.
Ahora, que por momentos me da la impresión de vivir en medio de un desierto donde me encierro a esperar que pase todo este aislamiento humano, ahora tengo la oportunidad de pensar en ti a lo lejos, a más de 200 km, y solo le pido a Dios que no permita nunca a esta terrible peste lograr dejarnos al uno sin el otro, ni a cualquier hijo sin su madre.
Tú, madre, sabes bien lo que significa permitir a un animal incontrolable como el periodo especial, morder tu propio estómago para evitar que fuera tras el de tus tres hijos.

Esta semana, un medio ignaciano de América Latina publicó un texto mío; cuando me felicitabas por eso, caía en la cuenta de que para contar mis “éxitos” me sobran los dedos. Quizás a ti nunca te publiquen nada, pero has escrito el mejor libro que voy a poder leer en mi vida: nuestra familia. Eres mi escritora favorita.

Tiempo atrás estuve molesto por algunos castigos que me habías puesto de niño o adolescente. En cambio hoy, al paso de los años, acepto que tenías razón: era mi culpa.
Bueno, en realidad, estas 400 palabras no son un gran regalo, mas es el mío, pues lo fundamental es dejarte claro lo importante que has sido y eres en mi vida.

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