Nunca hubo mejor momento para ver “The Wire”

Es una invitación al lector a utilizar The Wire como herramienta para interpretar la realidad. Oscar E. Mendía Véliz “Una vida, Jimmy. ¿Sabes lo que es eso? Es la mierda que ocurre mientras esperamos momentos que nunca llegan” Lester Freamon La producción cultural constituye un excelente vehículo para acercarnos a la comprensión de nuestras realidades. En este marco conviven los principales síntomas del malestar social, esperando ser detectados por el consumidor crítico. Dicho esto, nunca hubo mejor momento para ver The Wire. The Wire es un drama televisivo norteamericano que se emitió entre los años 2002 y 2008. Su creador, David Simon, es un verdadero maestro del hiperrealismo televisivo. Su obra retrata con una lucidez abrumadora y pesimista algunas de las principales problemáticas de la realidad posmoderna. El realismo siempre será incapaz de mostrar lo real, pero Simon, sin dudas, se acerca bastante. Otras de sus series, como Generation Kill, sobre la invasión a Irak, y Treme, sobre una New Orleans pos-Katrina, también son evidencia de esto. Muchos intelectuales de renombre han mostrado interés en esta producción. El filósofo esloveno Slavoj Žižek escribió un ensayo donde disecciona cada una de sus temporadas, y a través de ellas analiza el funcionamiento del capitalismo tardío. En su ensayo comenta: “Solo cuando abracemos el pesimismo trágico de Simon y aceptemos que no hay futuro (dentro del sistema) podrá surgir un espacio para un futuro cambio radical”. Fredric Jameson en su texto “The Wire, realismo y utopía”, afirma que la serie “encarna una nueva forma de realismo, propio y adaptado a las particulares características de nuestro tiempo”. Seleccioné estas dos conclusiones por su capacidad para trasladarnos al ahora a través de la serie, y porque ambas reposan en la premisa del realismo de The Wire. Žižek y Jameson también comparten el crédito de esta desesperanzadora frase: “Es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”. Entonces, parece acertado ver en The Wire un lente a disposición de los distantes, que posibilita un acercamiento a los problemas de la sociedad norteamericana actual, muchos de los cuales quizá ya conoces, pero aquí los puedes visualizar, casi saborear. Problemas como la burocracia policial y el narcotráfico, el racismo sistémico institucional, la precarización de la clase obrera, la corrupción política, el excluyente sistema educativo, y la crisis de una prensa cómplice del poder. Estas cuestiones no son exclusivas de los Estados Unidos. Pero su condición de primera potencia mundial viene acompañada de un eco comunicacional superdotado, y a la vez, convierten su sociedad en un sujeto óptimo para el análisis de fenómenos globales. Los personajes de la serie son magnéticos y complejos, capaces de una gran sabiduría empírica. Aquí no hay intelectuales, solo personas comunes que operan a ambos lados de la ley, subordinadas a los mismos males institucionales, y que obedecen a un sistema incapaz de garantizar la justicia social. Incapacidad, que bien podría ser deliberada. Esta obediencia no viene sin cuestionamientos, pero la resignación ante lo ineludible gana el pulso de fuerza. Así se nos presenta el capitalismo en The Wire, como un ente inevitable que puedes repudiar, pero del que no te puedes desprender, debido a la ausencia de una alternativa coherente. Esta es la relación que mantenemos todos con los sistemas de poder. Probablemente el dinero sea el ejemplo perfecto de esta relación repudio-necesidad. El video donde un policía encaja su rodilla durante ocho minutos en el cuello de George Floyd, y las protestas que ha desencadenado este suceso, me remitieron con rapidez a The Wire. Después de todo, Floyd creció en unos projects de Houston, en un escenario similar al que se muestra en la serie. Estos housing projects son vecindarios donde vive una gran parte de la comunidad afroamericana de los Estados Unidos, construidos a partir del mismo modelo urbanístico. Y que no son más que una forma moderna de segregación. Por lo que se puede deducir que estudió en las mismas escuelas y vivió experiencias parecidas a estos personajes ficticios. Tuvo las mismas oportunidades o, mejor dicho, la misma carencia de oportunidades. Los Floyds de este mundo, donde quiera que se encuentren, experimentan la desilusión y la violencia del sistema a diario. Este texto no pretende ser una crítica a la serie, tampoco un análisis de las protestas que ocurren ahora mismo. Es una invitación al lector a utilizar The Wire como herramienta para interpretar la realidad. Como bien nos sugiere Žižek en la frase que menciono, hay que aceptar que no hay futuro en el sistema actual, y dirigir nuestras protestas hacia los cimientos de un capitalismo que se tambalea. Protestar contra Trump, Derek Chauvin, o la brutalidad policial, está muy bien, pero eso es atacar los síntomas, no la enfermedad. Entonces volvemos a estar ante un movimiento cuyo objetivo está más cercano a mitigar los excesos de un sistema, que a erradicar el mal de raíz. Otro texto del autor Autores lisdds