Opinión

De revolución y revolucionarios

Por: Ernesto Gutiérrez Leyva

Mi generación necesita nuevas consignas, o al menos poder ser consecuente con las heredadas. Yo mismo crecí poniendo la mano en la frente con la exhausta “pioneros por el comunismo, seremos como el Che”, aunque honestamente, si a la altura de 25 años, no creo tener una noción clara de qué es comunismo, entonces ¿qué dejaremos para aquel niño holguinero, que creció con los apagones remanentes del periodo especial?

Leí con placer un artículo escrito por una eminente catedrática, que tuvo a bien honrar este blog con su escrito. En sus reflexiones nos contaba que su generación creció poniendo “no” en las planillas -relativas a la participación en el derrocamiento de Batista, Girón, La Campaña de Alfabetización, etc.-, dado a que cronológicamente resultaba imposible. Pues bien,

¿a nosotros nos han dado alguna planilla tan siquiera?

Lo cierto es que esta sociedad revolucionaria, protagonista de tantas hazañas históricas, ha devenido en una de las más estables desde hace ya bastante tiempo -décadas, de hecho-, pero las consignas han prevalecido: no importa que se trate de derrocar a un dictador, o eliminar al aedes aegypti, el tono del discurso es el mismo, pero la realidad es otra.

Mi generación no conoció el esplendor de los mejores años de este sistema: las latas de carne rusa y las habitaciones hoteleras en precios de dos cifras en pesos cubanos, nos suenan a leyendas que escuchamos embobecidos de los mayores.

Lo cierto es que nosotros somos hijos de héroes,

de aquellos cubanos que se atrevieron a tenernos en pleno periodo especial, en un mundo que aún sin recuperarse de la resaca provocada por este, parece avocado a repetir una vez más la histórica experiencia.

Todo ello, y otros motivos tan numerosos como conocidos, han hecho merma en nuestra generación. Crecí oyendo decir -y admito que sin comprender qué significaba todo aquello- que la enajenación, el individualismo, la pobreza y la indiferencia son males propios del capitalismo que Cuba solo pudo superar gracias al socialismo. Justamente en el socialismo estaba pensando días atrás bajo el ardiente sol habanero, pensaba en como mi empleador me regaló un horario abierto, a cambio se desentendió de otras “minucias” como por ejemplo, mi almuerzo.

Y fue justamente buscando uno que me encontré un día caminando por Habana Vieja, no por la parte turística, sino por aquella que no ha sido alcanzada aún por las manos diligentes ningún restaurador.

Encontré una cafetería ruinosa, pero cafetería al fin.

Mientras esperaba mi turno, me fijé en una niña raquítica que engullía una pizza con ansiedad, su delgadez causó impacto en mí, casi tanto como el estado depauperado de la zona, aunque ya a fuerza de verlo, empieza a pasar desapercibido para mí.

Esta zona de Habana Vieja es muy representativa de la ciudad entera y hasta del país: los servicios de comunales están colapsados, sus edificios oscilan entre las ruinas y la decadencia, sus habitantes, bueno… que cada cual termine la frase como mejor entienda. Esto me lleva a reflexionar: ¿de quién es la culpa toda esta situación? Pues solamente de alguien: el cubano. No, no me refiero solamente al gobierno cubano, me refiero a todos nosotros en conjunto. Nos hemos vuelto indolentes, apáticos y perdónenme, hasta apátridas, esto no hay quien lo arregle, aquí lo que hay es que irse y salvarse uno.

Ya no sé cuantas veces he escuchado esa frase, que encarna como pocas la rancia mezcla de individualismo y enajenación que proliferan por doquier.

Lo que me quita el sueño no es el actual escenario nacional, sino el hecho de que a nadie parezca importarle

o que seamos poquísimos aquellos que nos sintamos en la obligación de hacer algo al respecto.

La Universidad está llena de revolucionarios, paradójicamente, es donde más he escuchado la nefasta frase en comento y que no me atrevo a repetir. Honestamente, no logro entender la racionalidad que inspira la actitud de muchos de mis contemporáneos: si no vas a la marcha de las antorchas o al 1ro de mayo -actos que se repiten año tras año mientras su sentido originas se muestra cada vez con menor nitidez- no eres revolucionario, pero si dices en voz alta lo que piensas, si te niegas a irte del país, no agachas la cabeza ante una autoridad -desteñida y en no pocas ocasiones errada- por el mero hecho de ser la autoridad, o no das por irremediable la situación de caos y ruinas que te rodean, entonces eres un “radical” y hasta -dios me libre- un “contrarrevolucionario”.

Vivo en un país donde todos somos héroes, por lograr la gran hazaña de sobrevivir el día a día, donde algunos de esos héroes prefirieron lanzarse al mar, sin jamás valorar la posibilidad de rebelarse contra la adversidad en tierra firme. Los revolucionarios de mi generación no se alzan en montañas, no toman palacios, ni innovan en nada, ellos son continuidad, y cuestionar lo establecido -sin que se pregunten por quién o para qué- es herejía.

Creo haber descubierto nuestro principal mal: la inercia, esa “mano invisible” que nos hace seguir coreando las mismas añejas canciones de la trova de los 70 y 80, que nos hace decir las mismas consignas, si acaso con algo más de desgano, y que no nos deja romper este ciclo que amenaza con ser eterno si no le ponemos freno. No se puede ser revolución si todos los cubanos estamos en Miami y los que nos quedamos no sacamos la cabeza de debajo de la tierra.

En este momento no me importa si mis compatriotas creen que el pasado fue el paraíso o el infierno, los artífices de las gestas pasadas descansan ya en su mayoría, solo me interesa el presente porque es la única manera en que podremos aspirar al futuro. Que la coherencia sepa contrarrestar la inercia, que el sentido común sepa imponerse al dogma adquirido y que la buena fe y el amor que merece esta tierra prevalezcan, es la única vía legítima en que podremos concluir en términos felices el estribillo de aquella célebre canción, y así poder decir que Cuba va hacia un futuro mejor.

3 Comentarios

  • Ernesto Núñez

    Por la situación en la que se desarrolló nuestra sociedad, a partir de las condiciones que definieron nuestra historia, nuestro pueblo ha desarrollado un sentido de dependencia en extremo difícil de erradicar. Primero España, luego el imperio, luego la URSS, luego Venezuela. Esto en el sentido económico, y como sociedad siempre necesitamos de un líder. Céspedes, Gómez, Maceo, Martí, Villena, Mella, Fidel, Guevara… y luego del 59 Fidel siempre. Hoy Cuba no tiene un líder definido, y el pueblo se siente confundido. También siempre necesitamos de un enemigo, y hoy ese enemigo tampoco está bien definido, hay muchos cubanos que ya no ven al imperio como «el monstruo» sino como el «Mesías». Hoy Cuba se encuentra en búsqueda de esos elementos que siempre le definieron, el líder y el enemigo. Ah! Y la economía extranjera que nos mantenga. Yo perdí las esperanzas, pero aún así deseo luchar, porque en el fondo quiero estar equivocado. No necesitamos de un líder ni de un enemigo, no necesitamos una guerra. Necesitamos un Estado con un poder que no se concentre en una sola persona. Necesitamos un parlamento que pueda discernir y promover variantes. Necesitamos educación en primer lugar. Necesitamos un pueblo que piense y proponga, un pueblo activo políticamente. Y ser activo políticamente no es alzarse en armas, eso es guerra, necesitamos debates respetuosos, no tolerantes. Decir que se toleran otras opiniones es decir que esas opiniones son inferiores, es menospreciarlas. Necesitamos incluir esas opiniones en el Estado, aceptarlas como parte del pueblo y hacer revolución con ellas. Hay que modificar la Cultura, no con represión sino con inclusión. Hay que ser exigentes con nuestra historia y su enseñanza, eso significa acabar con los puntos de vista políticos en los libros de historia. Eso significa acabar con las consignas. Necesitamos pensar en solución reales y prácticas a nuestra economía, dejando de lado la ideología. Necesitamos un discurso a tono con los tiempos actuales y no encasillado en los años 60.

    Cuba necesita saber que puede cambiar, y que debe hacerlo si no quiere ver la sangre correr en una matanza entre cubanos, en un suicidio del pueblo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: