Opinión

Una Cruz, un Papa, unos jóvenes

A 5 años de la visita del Papa Francisco a nuestro país

Por: Julio Pernús

En la vida hay momentos que te marcan. En 5 años pasan tantas cosas y la memoria selectiva se va desprendiendo de recuerdos, aunque al menos estos se anidaron para siempre en mi corazón.

Junto a dos amigas de la pastoral juvenil, tuve la oportunidad de entregar físicamente en La Habana al papa Francisco la cruz de la Jornada Nacional de la Juventud (JNJ, Cuba 2015).

En ocasiones me pregunto por qué nosotros, pero, al repasar la foto y ver la alegría natural en Rachel y el rostro de “no es posible” de Natalie a mí lado, me digo: ¡Dios nos hizo un lindo regalo!

La Iglesia católica siempre me ha dado la posibilidad de conocer a personas maravillosas. El equipo de Pastoral Juvenil de La Habana, en ese 2015, éramos una familia. La preparación de la visita del Papa Francisco fue un esfuerzo gigante. Hoy, al repasar cada momento, siento que cada minuto invertido valió la pena. Como en todo proyecto humano, hubo momentos de tensión; ¡bien lo sabremos los que nos reuníamos con el fallecido cardenal Jaime Ortega en el arzobispado de La Habana!  Planes que ya estaban amarrados, de pronto se caían, pero Dios nos dijo: “Ánimo, camina, yo estoy aquí junto a ustedes.”

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El tiempo no me robará esos recuerdos que cambiaron la vida de más de un joven cubano; Francisco nos pidió mirar con ese “ojo de vidrio” esperanzador nuestra realidad y construir desde la amistad social nuestro futuro, palabras que conservan plena vigencia.

En estos días espero volver a ver por las redes sociales, el abrazo de Reglita, una joven humilde de la Iglesia de “Los Quemados”, Marianao, al Papa; quizás duró un minuto, pero ella lo tendrá grabado en su corazón toda la vida.

El P. Eloy, cuando pase por la Nunciatura, debe sentirse emocionado, pues logró movilizar a unos jóvenes delirantes de alegría para solicitar al sumo pontífice que recogiera un presente criollo, Ronal Viñas, joven líder de una capillita en Alta Habana, se lo entregó y su rostro lleno de lágrimas de alegría, significaba la consecución de un sueño.

El encuentro del Papa con los jóvenes en el Centro Cultural P. Félix Varela, de la Habana Vieja es, sin lugar a dudas, uno de los lugares donde he percibido una mayor libertad. Aún recuerdo cuando pedí a Leonardo Fernández Otaño que fuera la voz de todos los jóvenes del país: su discurso fue valiente e histórico. Por esos días había muerto mi abuelo, pero sentía que desde el cielo acompañó mis pasos para entregar la cruz al Papa; él, un católico contra viento y marea, se hubiese sentido orgulloso de ver al nieto tan cerca del sucesor de Pedro. Yo apenas recuerdo detalles del momento; son de esas cosas que la mente no termina de creerlas; el tiempo a veces lento, ahí pasó volando.

Sé que en esos tres jóvenes imperfectos, que llevamos la cruz, iba también representado el esfuerzo de una Iglesia que apostaba y apuesta por la juventud. Hoy, doy gracias al Papa por su cariño a Cuba y a todos los artífices, a veces silenciosos, de aquella narrativa de amor que vivió nuestra Isla hace 5 años.                 

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