Política en Cuba

Apuntes sobre una isla

Por: Ernesto Gutiérrez Leyva

Son las 12:54 de la noche del 19 de diciembre de 2020 y recién termino de escribir este algo. No sé cómo llamarle a esta necesidad de enlazar las ideas que tengo rondándome. Lo confieso: lo más difícil ha sido darle una secuencia lógica a la vorágine de pensamientos y emociones que genera el actual escenario nacional y que los sucesos posteriores a cierta violación de domicilio no han hecho más que exacerbar.

Lo que expondré aquí lo vengo hablando en privado con conocidos y amigos desde hace tiempo, pero llegó la hora de decirlo. 

¿Por dónde empezar? 

Por el principio, supongo.

Cierta tarde estaba yo hablando de estos temas con un amigo harto fidelista, con el cual me encuentro en las antípodas del pensamiento en estos temas- vaya, para que después no digan que los cubanos no sabemos ser civilizados- y recuerdo le dije: 

-“Mil novecientos cincuenta y nueve: una flamante Revolución llega al poder, lo tenía todo por delante y un potencial infinito, quizá el porvenir de Cuba nunca fue tan prometedor. Sesenta años después, tú, joven cubano que te identificas con todo aquello, no ves la hora de irte del país. Mi pregunta es: ¿qué nos pasó?”

No quiero hablar del pasado, sino de las luces y sombras que este cubano de a pie ve en nuestro porvenir como nación.

no creo que este sea un régimen autoritario

Desde lo brutal de la dictadura hasta el casi romántico democracia de partido único, muchos han sido los calificativos que se le han endilgado al Estado nuestro. Los propios cubanos no logramos ponernos de acuerdo. Sinceramente, no creo que aquí haya un régimen autoritario: en aquellos el establishment permite un pluralismo limitado, necesitando una oposición reducida a la impotencia, pero legitimante: ese sería el caso de la Venezuela actual o de Rusia con sus “candidatos técnicos”, no el de Cuba. 

En otros tiempos hubiera abrazado la tesis del totalitarismo tropical, pero en honor a la verdad tampoco lo veo tan así. Es propio de regímenes totalitarios -aterrizado este análisis al modelo de totalitarismo del antiguo campo socialista- que el Estado y Partido se fusionen y  engullan a la sociedad civil en su conjunto. Todos los aspectos de la vida social se corporativizan, se les da una institucionalidad revolucionaria (desde la causa sindical hasta la reivindicación de los derechos de la mujer, y más recientemente -no sin cierta renuencia por parte del sector más conservador del establishment-, la causa LGBTIQ+, de modo que todo quede engullido por el sistema.

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De los setenta en adelante, Cuba encajó en esta descripción. El descalabro económico post 91, sumado a las contradicciones intrínsecas del sistema, rompieron definitivamente ese molde. La retórica oficialista ha cambiado incluso: ya hablan de representar “mayorías” y no al cien por ciento del pueblo -término tan inferior siempre a lo empoderador de decir ciudadano-, pero no ceden espacio a los otros.

Si bien es cierto que el Estado/Partido no reconoce abiertamente a ese sector de la sociedad que no se identifica con la estructura actual, no lo hacen desaparecer -y no me refiero solo a la disidencia tradicional, a la que de haberlo querido, hubieran sacado de la ecuación montando a sus principales exponentes en un avión y listo- incluyo también a la “neodisidencia”, la propia de esta terceravía de la que hablaré más adelante.

creo que más que un totalitarismo puro, hoy día hay en Cuba un régimen post totalitario

 Por eso, más que un totalitarismo puro, hoy día hay en Cuba un régimen post totalitario, lleno de contradicciones que lo agobian y condicionan. 

El derrumbe del bloque del Este privó al actual sistema de su padrino ideológico, los dejó sin su “Vaticano” (que me perdone la Santa Iglesia por la comparación), y dejó a esta pequeño archipiélago, enclavado en Occidente solo, en un contexto -el posterior a la caída del Muro de Berlín- en que la democracia liberal parece ser el único discurso, o el mayormente aceptado al menos, a través del cual legitimarse. El actual establishment se encuentra ante una contradicción: 

para quitarme el cartelito de dictadura, tengo que desmantelar el sistema de partido único y todo lo que ello significa, pero ese mismo sistema es el que me sustenta, con el añadido de que muchos de sus arquitectos, aún están vivos y son quienes me pusieron aquí en primer lugar (revolucionariamente, que conste) e ir contra ellos sería un suicidio político. Pero hay que hacerlo, con el verde del uniforme no alcanza, hay que buscar dólares.

Por otro lado, cualquier estructura que pretenda imponerse debe parecerse a la sociedad que aspira gobernar y adaptarse a sus cambios, so pena de desaparecer. ¿Acaso es el PCC, nicho del conservadurismo cubano, la vanguardia organizada de la nación cubana y fuerza política dirigente superior de la sociedad y del Estado

Y no, no me refiero a la amenaza que las oposiciones pueden representar: esas aún están muy verdes. Hablo de las propias contradicciones que el metabolismo del sistema ha creado. 

hay al menos 3 polos de poder allá arriba

Los cubanos seguimos viendo al Estado/Partido como un ente monolítico, dirigido de forma coordinada y magistral por una única cabeza dotada de una visión abarcadora de todos los factores presentes y futuros a tener en cuenta, y creo que por mucho tiempo fue así. Hoy día -y la falta de transparencia propia de nuestra sociedad me obliga a especular-, creo que hay al menos 3 polos de poder allá arriba. A saber: Díaz Canel y el continuismo transicionista – que va desde los herederos fidelistas del “Poder Revolucionario” hasta liberales tecnócratas solapados a la Marrero/Murillo- y los viejos dinosaurios, encabezados por Machado Ventura, acuartelados en el Comité ideológico del Comité Central, que aplastan regularmente todo intento de reforma partidista interna; por ultimo, el más temible de todos: GAESA, el poco transparente emporio empresarial de la cúpula militar, gobernado formalmente por Luis Alberto López Callejas.

En torno a estos ejes se mueven una serie de constelaciones internas dentro-del-Poder disgregadas en torno al funcionariado medio del Estado/Partido, las entidades culturales estatales, los reformistas internos y los vástagos del “Poder Revolucionario”, demasiado dispersas como para poder ostentar un capital político real que las vuelva decisoras y coincidente solo en la necesidad de su adorada institucionalidad revolucionaria.

¿Es la Seguridad del Estado un cuarto poder? No lo sé. Honestamente, la sigo viendo como un brazo ejecutor, lo que no significa que a medida que las contradicciones entre los de arriba se exacerben termine ganando autonomía ante la ausencia de una voz de mando única: de hecho, es posible que eso ya esté pasando.

¿Cómo van a intentar salir de este atolladero, máxime cuando la economía del país parece más encoyunturada cada día? 

Raúl Castro debe dejar la secretaría primera del PCC el año que viene, coincidiendo con su cumpleaños 90 -número lleno de simbolismo a ambos extremos- y Díaz Canel lo sabe, como mismo sabe que será él quien lo sucederá.

No es probable que en los años inmediatos la estructura estatal sufra transformaciones profundas. Más bien, el entonces secretario y también presidente de la República se encargará de purgar la estructura de cuadros que le sean adversos, o simplemente dejará a la biología hacer su trabajo. En 2028 deberá entregar la presidencia. ¿A quién? Pienso que a Marrero, el actual Primer Ministro, o a cualquier otro que cuente con la confianza de López Callejas.

En 2028 no habrá tanta necesidad de repetir el somoscontinuidá y, con Canel cuidándole las ideologías en el Partido, desde la presidencia se avanzará a desmantelar la arquitectura institucional tal y como hoy la conocemos ¿Y por qué harían eso?

Cualquier modelo económico que pretenda implantarse exitosamente en Cuba necesitará el beneplácito de Washington

Pues porque cualquier modelo económico que pretenda implantarse exitosamente en Cuba necesitará el beneplácito de Washington -lo siento, somos una isla pequeña situada en el corazón de su esfera de influencia natural y si los mandatarios de naciones mucho más poderosas que la nuestra tienen que resignarse a sobrellevarlos, nosotros, siendo realistas, no podemos ser la excepción-, y para lograr eso, Cuba necesitará adoptar reformas en el área política e institucional -o sea: decirle adiós al sistema de partido único, y no hostigar al menos, a la disidencia-. 

¿Serán auténticas o mero maquillaje? 

Eso está supeditado a una serie de factores que trascienden este archipiélago:

Por un lado, Cuba es “socia estratégica” de las dos principales rivales de USA: Rusia y China, las cuales poseen intereses de diversa índole en la Isla, desde los meramente económicos hasta cierta colaboración militar. Aunque no creo que puedan jugar un rol determinante -ambas están del otro lado del mundo y en el caso de Rusia, Putin está pensando ahora mismo más en su propio patio trasero y en su sucesión, como para dedicarnos demasiados pensamientos-, siempre serán una variable a tener en cuenta.

El auténtico motor de cambio será, tal y como debe ser, la propia nación cubana. Aquí una salvedad: considero que, desde hace muchos años, el concepto de nación trasciende el archipiélago cubano. Décadas de migración han consolidado a comunidades de cubanos a lo largo del mundo, de las cuales la principal, indiscutiblemente, es Miami.

Esta ciudad llama la atención: ubicada en Estados Unidos pero, a pesar de los esfuerzos exagerados de algunos individuos de parecer más anglosajones que los propios yankees, la idiosincrasia cubana se ha mantenido. De hecho, hay ciertos rasgos que parecen acentuarse en el cubano cuando emigra, a modo de reafirmación. Me gusta pensar que eso es señal de la existencia de una identidad nacional consolidada que, sin cerrarse al exterior, mantiene su esencia e inclusive es capaz de exportarla en un contexto -el norteamericano- donde lo latino cada vez gana más peso.

Miami ha sido la real artífice del sostén de la política de Estados Unidos hacia Cuba

Miami ha sido la real artífice del sostén de la política de Estados Unidos hacia Cuba. El bloqueo hoy no es el mismo que en su momento nos impusiera Kennedy: este tenía el fin de contener la expansión de un precedente desafiante para su hegemonía en el Continente. El tiempo pasó, la URSS ya no está y la posibilidad de que Cuba exporte su modelo o asista materialmente a guerrillas en la América Continental no existe más -con la excepción prudente del lamentable caso de Venezuela.

¿marcó Obama el inicio de una postura de todo el liderazgo demócrata respecto a Cuba?

El diferendo entre ambos países ya no se explica en la lógica La Habana-Washington, sino La Habana-Miami. Obama y su apertura amenazaron el tóxico vínculo simbiótico establecido entre las élites de ambos lados del estrecho de la Florida. ¿Marcó Obama el inicio de una postura de todo el liderazgo demócrata respecto a Cuba? Las declaraciones de Joe Biden -quien era el vicepresidente de aquel, no lo olvidemos-, parecieran indicar que sí -ojalá.

Sea como sea, Miami no dudó en usar toda su influencia sobre la Casa Blanca para inducir a Trump a un alejamiento de La Habana; ergo, si queremos que la distensión con USA se mantenga, Miami debe dar luz verde. 

Desde este lado de la cortina de hierro (de ese jirón que queda) se percibe igualmente a esa ciudad como un ente monolítico, trinchera exclusiva del exilio formado a raíz de la primera etapa post 59. Algo que ya no es así: los últimos 60 años han pasado también para Miami y, aunque la aversión mayoritaria al sistema político en Cuba y sus valores mantiene a los cubanos emigrados bastante unidos en torno a ese impreciso estandarte de rechazo, los contrastes, sobre todo generacionales, se aprecian en temas como el acercamiento comercial, turístico y financiero con la Isla, o el reclamo de las indemnizaciones por las expropiaciones post 59. 

En el propio Miami hay tantas o quizá más condiciones para la consolidación de esa noción, aún tan poco nítida, a la que llamo la terceravía –entiéndase por tal, a ese amplio espectro social, fruto del natural recambio generacional que, inconforme con el panorama general de la nación, no se identifica con ninguna de las partes del diferendo La Habana-Miami. Si en Florida pudiera comprender cabalmente que la postura y retórica agresiva le son funcionales al gobierno, y que dejar de posar como el enemigo es el peor golpe que le puede asestar a la camarilla de La Habana, Cuba tendría espectativas mucho más realistas de tener un futuro mejor.  

la CEPAL admite que la economía cubana se contraerá un 8% este año

Volviendo al lado de acá del Malecón: el 2020, con todas sus penurias conocidas, puso en evidencia más que nunca las vulnerabilidades de la economía cubana, al punto de que en plena recesión global y nacional -la CEPAL admite que la economía cubana se contraerá un 8% este año-, el gobierno se atreve a, finalmente llevar a cabo la tan anunciada unificación cambiaria y monetaria -con el impacto inflacionario y el costo político que ello implica.

Aquí me detengo en 2 observaciones: 

Primero, Cuba tuvo alrededor de una década a una solidaria y generosa Venezuela, cuyos subsidios explican en buena medida el alivio económico vivido por el país la década pasada. Después, se tuvo una breve pero prometedora “luna de miel” con Estados Unidos, y no se hizo nada por resolver el problema cambiario; al contrario, se crearon nuevas tasas de cambio y la implementación efectiva de los lineamientos durmió el sueño de los justos. ¿Por qué se esperó al peor momento posible para implementar una reforma tan delicada?

Otra reserva personal viene dada por el alcance que le sospecho al actual proceso de reformas: la economía cubana está llena de problemas estructurales y sistémicos -y aquí aclaro: no soy economista, pero tengo ciertas nociones que me permiten comprender grosso modo lo que ocurre-, que, sumados al bloqueo externo, explican el actual panorama en la Isla. 

La multiplicidad cambiaria es uno de ellos, y creo que cualquier gobierno que se plantee seriamente revertir la situación actual va a tener que afrontarla, pero no creo que con ello baste: habría que desmantelar el modelo monopolista que impera en nuestra economía y permitir la sana competencia, habría que acabar de reconocer a los ciudadanos la existencia de un derecho a la libertad de empresa, y eliminar trabas a la inversión extranjera, con los límites que el sentido común indiquen en ambos casos; habría que, además, avanzar en materia de transparencia institucional, potenciar la capacidad por encima de la idoneidad política, y la lista sigue. 

“lo que le pasa al país es que la solución está en manos del problema”

O sea que el gobierno tendría que ceder espacios de poder, y eso dudo mucho que lo hagan. La tan socorrida frase nos viene como anillo al dedo: “lo que le pasa al país es que la solución está en manos del problema”. Entonces, las medidas de sinceramiento económico -como la actual unificación cambiaria y el desmantelamiento parcial del sistema de subsidios- sin estar acompañadas de una adecuada liberación de las fuerzas productivas, redundarían en beneficio exclusivo de la casta gobernante, aquella que lucra a través de GAESA o que puede sortear las “formalidades” administrativas gracias a la correspondiente red clientelar.

En resumen: se avanza hacia la consolidación de un modelo de capitalismo periférico y salvaje, a imagen y semejanza del que abunda en Centroamérica, y se mantiene la estructura estatal actual o alguna variante autoritaria. 

Si la élite gobernante decidiera emprender reformas políticas en el contexto al que antes hacía referencia, nada cambiaría en lo sustancial. Tendríamos en nuestro país lo peor de ambos mundos: poco en materia de derechos económicos y sociales -por ser “paternalistas”- ni de derechos civiles y políticos por atentar contra la hegemonía del establishment y ser la punta de lanza del enemigo.

el PCC pasaría a tener la misma importancia que los CDR

Un paréntesis: el periodo de Raúl Castro en la dirección del país hizo perceptible el declive del Partido como foco de poder del sistema político cubano. Dicho eje se trasladó sigilosamente a los militares y en menor medida a los continuistas. Si los de arriba decidiesen preservar la estructura del partido único, sería solo por una cuestión de apariencia. 

Por demás, las instituciones en el país carecen de un peso propio, dependiendo mucho de la fuerza del cacique que las lidere. Con la salida de Raúl y Machado Ventura de la ecuación, y un Díaz Canel que no pueda o quiera devolverle al Partido el peso de antaño, el PCC pasaría a tener la misma importancia que los CDR.

¿No hay esperanzas para Cuba entonces? 

Al contrario, y los hechos recientes lo demuestran, pero antes pongámonos en contexto:

Díaz Canel y los continuistas recibieron de manos de Raúl Castro un proyecto desgastado por el implacable paso del tiempo y la adversidad económica. La nueva generación en el poder ha dado señales claras de querer mantener, al menos por ahora, una línea ortodoxa respecto al sector no oficialista -que va desde la disidencia tradicional, la “neodisidencia” o el sector de la sociedad que prefiere mantenerse lo más apartado posible del asunto. En el actual arte independiente encontramos un ejemplo del último grupo.

Esta ortodoxia de exteriorización tóxica y desfasada, implementada además en el contexto económico precario que caracteriza lo que lleva Díaz Canel de mandato, ha ido provocando un cauto descontento que finalmente tuvo su manifestación más reciente en los sucesos del pasado 27-N. No me detengo en el tema porque –eso ya lo hice en otro momento– pero resulta mórbidamente interesante que tanto Miami como el Comité Central se muestren inconformes con lo ocurrido. 

No estoy al tanto de los vínculos del MSI con Miami, pero no sé por qué los asocio. Cualquiera sea el caso, el MSI se desligó de lo acordado en el MINCULT y medios oficiales no tardaron 24 horas en iniciar una campaña de desinformación y calumnia respecto a lo ocurrido el 27N, que sumado a lo ocurrido posteriormente dieran al traste con la promesa de diálogo acordada.

ellos son el gobierno, son los que están bajo la lupa

No sé si en el gobierno son conscientes del nefasto precedente que contribuyeron a sentar: actuaron con una evidente mala fe, quizá no exclusiva:  ellos son el gobierno, son los que están bajo la lupa. 

El 27N fue protagonizado por jóvenes, intelectuales y artistas con demandas tan nobles y entendibles como “derecho a los derechos” o “libertad de creación”. Esa noche no se blasfemó, no se rompió un gajo. Fue un acto de ejemplar civismo en toda regla, lo cual, sumado al hecho de que habían rostros muy queridos por muchos cubanos -Perugorría, Lechuga, Luz Escobar, Julio César Guanche, Fernando Pérez, inclusive Leoni Torres estuvo allí-, hace que sea contraproducente usar los descalificativos que usualmente emplean contra la disidencia clásica. Habría que innovar entonces, lo cual al Poder le resulta todo un desafío.

¿desde cuándo Mauricio Macri gobierna Cuba?

El primero de enero que viene, coincidiendo con un aniversario más del triunfo de la primera revolución socialista de América, se va a materializar el tarifazo eléctrico -¿desde cuándo Mauricio Macri gobierna Cuba?- y el resto del paquetazo anunciado. Es posible que gente salga a protestar, pero seguramente de forma desorganizada y sectorial. Si lo considera pertinente, el gobierno hará un par de concesiones secundarias y el grueso prometerán corregirlo en la medida que las circunstancias objetivas y subjetivas lo permitan, según marque el contexto internacional y geopolítico… palabra más, palabra menos.

la terceravía aún no tiene conciencia de sí misma

La cosa no va a llegar mucho más allá: no hay un liderazgo capaz de capitalizar el descontento, y la terceravía aún no tiene conciencia de sí misma, ni puede derribar ni dialogar con el gobierno, en el corto plazo solo aspira a que se le concedan una serie de demandas más o menos puntuales. 

Creo que esto se explica desde el peso que tiene la izquierda alternativa cubana -esa que no se identifica con los gobernantes pero sí con el simbolismo nacionalista de la Revolución cubana- y su postura ambivalente respecto al gobierno. Me viene a la mente una frase de George Orwell: “el pecado de casi todos los izquierdistas a partir de 1933 es el de haber querido ser antifascistas sin ser anti-totalitarios”

Quizá se está ante las condiciones para que los sectores honestos de la izquierda despierten y entiendan que desde hace muchos años el oficialismo cubano de izquierdista solo tiene el discurso: se han inclinado hacia una casta cerrada y conservadora, en aquello que en 1959 juraron destruir. 

Hago énfasis en la izquierda porque, le guste a quien le guste y le pese a quien le pese, la mayoría de los cubanos en el archipiélago “políticamente conscientes” simpatizan o se consideran abiertamente de izquierda.

el gobierno ve enemigos donde solo hay crítica

Volviendo al tema: el gobierno parece que ve enemigos donde solo hay crítica -amiga, en muchos casos- y, en vez de usarla como guía de superación, se desgasta en silenciarla, obviando que esta más que causa es efecto de sus propios errores. He ahí donde reside la principal miopía del establishment, la cual comparte con sus antiguos homólogos de Europa del Este.

El 27N pudo marcar un antes y un después: la gente se vio, notó que eran más los protestantes que los policías convocados al efecto y consiguió -momentáneamente- hacerse escuchar por el todo poderoso Estado. Mucha gente se quedó con las ganas, por lo que no me extrañaría que se repita en el futuro inmediato. 

La oficialidad demostró que no sabe lidiar bien con esto que entiendo como el germen de la terceravía. Hay figuras icónicas allí, por lo que la clásica descalificación ni funciona ni funcionará, porque nosotros tampoco sabemos odiar

con todos y para el bien de todos, como dijera el mejor de los cubanos

A este cubano otros tantos extremistas, pero del otro bando, lo han llamado comunista por no desear la reapertura de las UMAP para los hoy oficialistas y por insistir en la necesidad de construir una Cuba donde quepamos todos, con todos y para el bien de todos- como dijera el mejor de los cubanos.

Este país no necesita una era anticomunista, ni siquiera anticastrista. De hecho, creo que un buen primer paso sería desechar todos los “anti”. Necesitamos un país post-esto

Creo igualmente saludable reivindicar el espíritu nacional originario del proceso del 59, ese por el que tanta gente honesta luchó y murió y que después por razones geoestratégicas, que poco o nada tenían que ver con sus causas originales, fue teñido de rojo y asociado a la izquierda, en un contexto en que ello equivalía al “socialismo realmente existente”.  

Falta aún para que la Cuba que necesitamos reinicie su reconstrucción. Esta década que se nos viene será, en el mejor de los casos, gris. No obstante, ello no debe verse de modo desalentador: los mejores amaneceres son siempre precedidos por la más absoluta oscuridad, dicen por ahí. Es tiempo de encender la antorcha.

Nota: el autor quiso compartir estos apuntes al cumplirse el primer mes de los sucesos del 27N.

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