Política en Cuba

Aquello de contextualizar

Otro rasgo a destacar de la metafísica es que junto al problema de la existencia va su enfoque ontológico.

Por: Miguel Alejandro Hayes

Es muy difícil escapar de la metafísica. Y es que los discursos hegemónicos de las ciencias, se engendraron, nacieron, crecen y se desarrollan, como tal paradigma. El individuo metafísico, a decir de Frederick Copleston, supone que tiene sentido buscar la razón o la causa de los fenómenos[1]. Este es un supuesto que tanto la dialéctica (Hegel), como parte de la corriente posestructuralista, como la filosofía analítica, cuestionaron; pero el tema trasciende estas líneas.

Otro rasgo a destacar de la metafísica es que junto al problema de la existencia va su enfoque ontológico, el cual expresa, en clave moderna, a través de un vicio excesivo hacer taxonomías. Si hubiera que buscar una terminología en el discurso de las ciencias modernas para hacer referencia a la metafísica, diría que es la ciencia cuya cosmovisión tiene como fundamento la taxonomía.

Hablamos de un fenómeno que va más allá de las ideologías políticas y sus versiones posmodernas, de las culturas, de las academias, de los objetos de estudio de las ciencias; es, por encima de todo, un fenómeno inherente al pensamiento cotidiano. De ahí que sea común la abundancia de aquellos que intentan decir qué es la libertad, la democracia, el amor, la música, el arte, lo revolucionario, el socialismo, la sociedad civil. Algunos lingüistas han hecho el favor de acortar el largo camino a la lucha la contra metafísica, legándonos esa hermosa palabra que es reificar.

Pero lo interesante de la metafísica desde un punto de vista sociológico es que es una palabra harto repetida, aunque empleada en vano. Está tan presente que llega a ser una especie de sectarismo, del cual mucha gente no es consciente. La metafísica no solo se institucionaliza al mismo tiempo que se invisibiliza como una enfermedad crónica asintomática, sino que es un modo de pensar que funciona casi como automatismo psíquico.

Así se llega a la obra de Martí, que no era un hegeliano, ni menos un jugador por la cacharrera que es la jerga de la filosofía continental, pero sí era un hombre de pensamiento (que es lo mismo que saber filosofía, pero casi mejor), y se impone la clave de la cosmovisión taxonómica moderna.

El metafísico necesita hacer esas taxonomías todo el tiempo. Por eso, ante un con todos y para el bien de todos, no tiene opción. No es como el Bobo que reclama la inclusión social de los desposeídos al preguntar quiénes somos todos, sino que se atribuye el derecho de afirmar quiénes son todos ahora o, mejor dicho, quiénes pueden ser parte de ese todos. Como buen científico, el taxonomista expone cuál es la codificación para que el sentido le otorgue un significado a la frase. Esta semantización, en correspondencia con la relación poder discurso saber, será provechosa para los que ejercen el poder político, y no casualmente. Luego, el metafísico no se centra en cómo es la República, sino en los que tienen derecho a estar dentro de ella.

Con todos y para el bien de todos es un hermoso texto y hecho político que encierra el fundamento de una sociedad justa, que plantea al enemigo como el que atenta contra una lógica de inclusión y no contra el signo de una estructura de poder. Posee un pensamiento que, por demás, era novedoso para su tiempo, y cuyo uso hizo popular a más de un pensador en el siglo XX. Sin embargo, es lamentable cómo termina por convertirse justo en todo lo contrario a lo que plantea desde el punto de vista lógico.

No había que hacerle hermenéutica al texto de Martí. Bastaba con no ser tan metafísico. Eso es parte de aquello de contextualizar.

[1] Debate Russell vs. Copleston. Ver https://www.tendencias21.net/Recuperada-la-discusion-Russell-Copleston-sobre-la-existencia-de-Dios_a2925.html

Otro texto del autor

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto:
Ir a la barra de herramientas