Política en Cuba

Solidaridad y el monopolio del agradecimiento

ayuda humanitaria de Cuba decide.

Por: José Gabriel Barrenechea

Sin lugar a dudas, la ayuda de Cuba Decide tiene, además de los humanitarios, fines políticos. Sería inocente pensar otra cosa. Lo que en la decisión del gobierno cubano de negarse a que esa ayuda llegue a sus destinatarios, ya no pueden identificarse fines humanitarios de ningún tipo, solo políticos: los de defender contra viento y marea una estructuración clientelista de la sociedad cubana, que le permite canalizar hacia sí, y solo hacia sí, el agradecimiento de la ciudadanía.

En esa estructuración el gobierno da servicios de cuidado y atención a la salud y educación gratis, productos subsidiados, e incluso se ocupa de distribuir las ayudas que se envían al país, excepto unas pocas que se le permite distribuir a las iglesias, pero en este caso, siempre, tras un proceso lleno de trabas, diseñado para desestimular ese canal de ayuda que debilita al gobierno como el único en Cuba que puede dar, y receptor del agradecimiento del pueblo.

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El gobierno cubano le enmarca a los ciudadanos unos canales únicos, controlados por él, para que a través de ellos reciban lo necesario para vivir, fuera de ellos, es más díficil: es esa la razón de por qué, hasta ahora, ninguno de quienes disienten en Cuba han renunciado a sacar la cuota a principios de mes. Es esa la razón de por qué el ciudadano común prefiere no manifestar su desacuerdo fuera de su marco íntimo, ya que buena parte de sus entradas están en los tolerados “canales y mercados ilegales”, y sí el estado cubano decide “ponerse para él”, la carrera es corta.

Es esa también la razón última de por qué el gobierno puede sostener su pacto social, al punto de que un conocido periodista de Granma proponga en redes llamar a la vacuna cubana contra la presente epidemia Fidel, “para ver a los gusanos tener que ponérsela”.

O sea, la vacuna lograda con fondos públicos, en todo caso administrados por el Estado, es usada con fines politiqueros al hacer ver al sujeto ante sí mismo como un desagradecido. Si es que no se es capaz de saber o entender que la medicina y la ciencia cubanas no empezaron con el gobierno, y que en último caso, ese uso politiquero, únicamente, es entendible desde una visión patrimonial del Estado Cubano, en que los servidores públicos dejan de serlo para convertirse en Patriarcas que se han abrogado decidir por uno, por mí, por todos, en base a nuestra supuesta incapacidad de hacerlo.

El objetivo último, por tanto, del monopolio del agradecimiento que opera, no está en el disfrute del sentimiento asociado a ayudar desinteresadamente a otros, por Fidel Castro primero. El placer de ayudar al prójimo se siente sin necesidad de acapararlo sólo para uno. Por el contrario, se ve empañado, por manifiesta la preocupación constante de que alguien más pretenda desafiar la intención de ser el único bueno.

En realidad, el monopolio del agradecimiento de nuestro pueblo por los revolucionarios justos, como los llama Carlos Alberto Montaner, no tiene al altruismo como su motivación última, sino que incluye el cálculo racional, de acuerdo a intereses personales de una clase política y su cuadro administrativo. Ese primer monopolio justifica en definitiva y a su vez el del poder político, y los beneficios materiales, pero sobre todo, espirituales de sentir el poder en sí.

En este sentido, no tengo ningún problema en declarar que apoyo el reclamo de liberar la ayuda retenida en el Mariel no solo por motivos humanitarios, sino también por motivos políticos de los que no me avergüenzo. Comparto en consecuencia, en este caso, a pesar de las diferencias, algunas intenciones políticas de Cuba Decide: Transparentar el monopolio del agradecimiento, para a su vez visibilizar el monopolio del poder político y económico del gobierno cubano, y de ese modo desnudar la estructura clientelista en que ha encerrado a la sociedad cubana isleña, y en no poca medida también a la emigrada.

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