Política en Cuba

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Por: Diego A. Marrero Leyva y Raymar A. Aguado Hernández

Se habla mucho sobre la decadencia en la cual se ha visto sumida Cuba en los últimos años, dicha decadencia visible en cada una de las aristas que conforman nuestra nacionalidad. Pero al arremeter reiteradamente contra la misma, ignoramos que esta desde el inicio de nuestra formación patria, sirvió de punto de elevación para las transformaciones y revoluciones venideras dentro de la concepción de sus hacedores. Desde la constante exposición del declive solo se exacerba la desesperanza y se alimentan las sensaciones de tedio e improductividad, provocando falta de concreción y acción, cuestiones resolutivas a la problemática central. Vivimos en tiempos de ver la esperanza como impulso para la creación de una nueva conciencia social. Nuestras acciones futuras y su evidencia como bien común, determinarán el sustento para la solidificación de la espiritualidad del cubano, lo que servirá de fragua para la construcción de La Cuba Necesaria. 

La tarea del cronista o expositor de realidades en el epicentro de un contexto hostil,  es de mayor valía si está sustentada en pos de la transformación del mismo. Si por el contrario, busca a través del método crítico ahondar en la herida abierta sin encaminar su sutura, solo potenciará el desapego y el rechazo a dicho contexto. El deber principal del ser social en crisis que aspire a un cambio proporcional a las aspiraciones colectivas, es transformarse a sí, para que, a raíz de dicha metamorfosis, logre el necesario aporte a la transformación de su medio circundante. “Preste cada hombre, sin que nadie lo regañe, el servicio que lleve en sí”1, y aflorará en esta Isla, la savia brava que nuestra historia y cultura merecen.  

El rescate de valores en el medio en el cual se desarrolla el individuo (escuela, trabajo, comunidad, casa, etc.) es fundamental para la potenciación de su conciencia social, pues a raíz de esta es que deviene el cambio al cual aludíamos, y solo será posible si él mismo se reconoce como un ser social partícipe de un contexto específico y variable. Todo esto acompañado a los derechos y deberes a los cuales responden él y la sociedad. El conocimiento de las problemáticas que lo afectan, así como sus aspiraciones, son piedras angulares dentro de la concepción del individuo para el devenir coherente de sus acciones, pues todo intento de cambio debe tener una conciencia de hacia dónde va encaminado, si no, significará un intento nulo, una marcha hacia la nebulosa de lo desconocido, lo que resultaría peligroso e inconveniente. 

Cada acción llevada a cabo debe deslindar de pretensiones egoístas y de marcado interés personal. Por el contrario, debe tener carácter fundador y de creación fructífera en beneficio social, dejando de lado odios incongruentes que solo empañan su objetivo esencial. “Los Hombres van en dos bandos: los que aman y fundan, los que odian y deshacen”2, y cada paso dado, poseerá una contundencia renovadora que marcará la pauta decisiva para el devenir de la nación. Es momento para desembocar todo nuestro amor fundador, a pesar de las precarias circunstancias, disimiles barreras, del burocratismo y la rigidez, en pos de la creación de una mejor Cuba, decosntruir para construir el país que pretendemos y buscamos.

Por muy en ruinas que se encuentren la ética y la moralidad, la economía y la política y el devenir social de nuestra nación, los que amamos y soñamos fundar, sabremos pararnos sobre esas cenizas para decirle a la Patria: “-Dame el yugo, oh mi madre, de manera/ Que puesto en él de pie, luzca en mi frente/ Mejor la estrella que ilumina y mata. “3

  1. José Martí, Carta a la madre, mayo 15 de 1894. Obras escogidas, Editorial Ciencias Sociales, 2007, pág. 365.
  2. José Martí, Patria, 21 de mayo de 1892.
  3. José Martí, Yugo y Estrella, Versos libres, José Martí poesía completa, Letras Cubanas 2008, pág. 84

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