Política en Cuba

Cantar los cuarenta

Por: Jorge Fernández Era

¿Para estar en mejores condiciones de eliminar los trámites que condicionan el estatus de residencia y los derechos en Cuba de los cubanos que están fuera del país son necesarias la eliminación del bloqueo y el buen curso de las transformaciones económicas? Parece que sí, a juzgar por lo que plantea Karima Oliva Bello en su artículo para el periódico Granma Seamos críticos, pero no resentidos. Y como no explica por qué, uno puede pensar en que los grandes culpables del calentamiento planetario fueron los primeros humanos que asaron un mamut al pincho.

La sicóloga cubana residente en México plantea que desea se elimine cualquier trámite que condicione tales derechos. No lo exige, de eso nada, porque el Estado cubano ha impuesto ese oneroso recargo al bolsillo de nuestros conciudadanos —no importa si ahora el reclamo de las víctimas le hizo rectificar y declarar una tregua— porque alguien tiene que pagar por las hijeputadas de Trump y el imperialismo. A favor de nuestro Gobierno, habla de sensibilidad y capacidad de diálogo, así como de la voluntad política de rectificar cuando es pertinente y justo. La sensibilidad no puede llegar (no faltaba más) al extremo de eliminar, de una vez y por todas, unos trámites que niegan en la piel de los propios cubanos (no importa dónde estén) el ideal humanista que se supone nos acompaña desde enero de 1959. Eso pasará, ella lo asegura, cuando sea pertinente y justo.

Karima asegura que pagar 40 dólares pondría a no pocos cubanos en una situación de miseria en un país donde nadie les garantiza nada, que muchos tendrían que elegir entre pagar la prórroga y comer. O sea, que la cosa en sí y para sí no estriba en cobrar un impuesto por hacer efectivo un derecho que tienes por nacimiento, eso no es lo que hace oprobiosos los 40 dólares de marras, sino que en el salvaje capitalismo no todos tienen la suerte de ella de poder pagarlos.

No menciona para nada que diez mil cubanos (y no a través de los órganos de difusión masiva) han firmado una petición dirigida al Gobierno (en términos que nada tienen que ver con resentimiento y sí con respeto) pidiendo se reanalizara una decisión que pasó por encima del coronavirus y que semejaba más bien (lo digo yo) un edicto de la corona hacia sus súbditos. Yo me pregunto —nos dice ella—, ¿dónde quedó la prosperidad capitalista y todas sus oportunidades? Ah, mire usted, la sociedad explotadora del hombre por el hombre no le permite a muchos nacionales que han quedado varados conseguir 40 mínimos dólares mensuales que les exigía Cuba para regresar a la patria.

Karima Oliva Bello iba a entregar ese dinero porque contaba con él. Y si no hubiese tenido los 40 dólares para pagarlos —sigo con sus palabras—, me hubiera expresado públicamente, sin insultos, convocando al Gobierno en Cuba para que repensara la medida, pero con la misma valentía iba a denunciar las miserias humanas que se viven en el capitalismo. La valentía para lo segundo (sigo sin entender qué tiene que ver Juana con su hermana) la demuestra con vehemencia a lo largo de su artículo. El coraje para lo primero no tuvo tiempo de hacerlo constar: imagino se enteró tarde, en México no circula el Granma, y si circulara tampoco vale, pues el principal periódico del país solo cita el impuesto después que se declaró su moratoria (nunca eliminación). Y habla Karima de todo lo que ha hecho el Estado cubano (que es verdad) por salvarnos de una incidencia mayor de la pandemia que se ha llevado la vida de tantos en el mundo entero, pero lo hace para justificar que se humille con ese impuesto, con la limitación de dos años para vivir donde nos plazca, con poseer el pasaporte más caro del mundo, y con unas cuantas restricciones que no tienen basamento jurídico alguno. 

Y concluye: Hay mucha propaganda política contra Cuba en los entornos que habitamos, no aticemos con nuestra postura ese fuego contra nuestro país. Ojalá pudiésemos dejar a un lado tanto resentimiento ante un Gobierno que muestra la disposición de escucharnos. El resentimiento es una actitud regresiva e infantil. Depositar en otro toda la responsabilidad de lo que creemos que nos merecimos y no nos fue dado, nos coloca en un círculo vicioso de demanda y queja sin que nosotros mismos estemos ya en condiciones de aportar nada. El resentimiento pudre el alma y el carácter: es la más triste y cobarde de las pasiones. ¡Seamos críticos, pero no resentidos! Qué parrafito.

El que atiza en este caso una postura de fuego contra nuestro país es el propio Gobierno, que mantiene en pie condicionamientos que laceran la dignidad por la que se ha luchado tanto. No tiene que mostrar disposición de escucharnos, pues está ahí para eso. Por qué darle las gracias por esta moratoria ni por una eventual supresión de impuestos y castigos: son derechos que nos pertenecen y deben devolvernos. Tampoco hay que darle las gracias por suprimir en su momento el permiso de salida y la prohibición para entrar en los hoteles. 

Hay un fragmento —Depositar en otro toda la responsabilidad de lo que creemos que nos merecimos y no nos fue dado, nos coloca en un círculo vicioso de demanda y queja sin que nosotros mismos estemos ya en condiciones de aportar nada— que insulta y transpira abyección por los cuatro costados. 

Que su resentimiento no pase inadvertido. Y que su crítica nos coja confesados.

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