Política en Cuba

La alegría

Por: René Fidel González García 

¡Que triste es para un jurista, para un Profesor de Derecho, ver como se pisotea la ley, la libertad, la justicia, la razón, la manera silenciosa y burda en que se aplaza el cumplimiento de algunos de los mandatos y contenidos de la Constitución que hemos esperado pacientemente y en los que aún ciframos como pueblo nuestras esperanzas!

¡Que triste es no poder explicar a alumnos, amigos, conocidos, las cosas inadmisibles que han estado ocurriendo en los pasados 18 meses y los últimos días!

¡Qué triste es ver el prestigio y la coherencia de algunas de nuestras instituciones, la decencia, el altruismo y la dignidad de los hechos del pasado, convertidas en un bufet libre de la intimidación, la torpeza, el miedo, la cobardía, la mediocridad y el cinismo!

¡Qué triste es verles maldecir y declarar abominables los derechos y la creencia en ellos, pretender hacer de la prepotencia y la ignorancia las razones del bien, proscribir y vulgarizar con sus plumas hipócritas y venales a la democracia y la libertad, como si fueran ambas una superstición y no un rastro de sangre y lágrimas de los nuestros, como si acaso una, no fuera condición de la otra, y nuestra manera como ciudadanos de impedir entre todos nosotros: los ciudadanos, las causas de la opresión!

¡Qué triste verles convertir la vanguardia en élite , la autoridad en capricho, la humildad en soberbia, la participación en obediencia, la consulta en farsa, burla y apariencia, la transparencia en pose, la justificación en política, la crítica en banalidad, la elocuencia en adulación, la honestidad en heroismo, y los atributos de la gula en insignia pública! 

!Qué triste es verles empedrar el camino a vuestros privilegios y traiciones finales con nuestra bondad e inocencia y otra vez con nuestro sacrificio, verles, mientras deshacen nuestra orgullosa igualdad, recorrer la dulce senda de vuestras prestaciones y los deliciosos testimonios del buen vivir alcanzado para ustedes y los suyos!

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¡Qué triste es verles trasegar a plena luz del día el regreso de las desigualdades, las pobrezas e inequidades, las exclusiones y las diferencias como algo inevitable, estadístico, acéptico y asistencialmente tratable, como si ya una vez no nos hubiéramos levantado contra todas estas desgracias, justo por conocer sus causas reales!

¡Qué triste es escucharles leer sin una gota de inspiración, sin pasión, sin coraje, sin talento ni sensibilidad real y querer convencernos además que lo imposible que nuestros padres hicieron posible y cotidiano volvió a ser imposible otra vez!

¡Qué triste es saber que cuando decimos lo que pensamos y ustedes nos dicen: si no te gusta vete, y nos dicen: cállate, y nos amenazan o azotan, con sus cada vez más patéticas consecuencias, en realidad nos quieren enseñar a ser como ustedes, a pensar, actuar y vivir como ustedes en la intolerancia y mezquindad odiosa hacia el decoro ajeno, contra el amor ajeno, como viven ustedes. 

¡Qué triste es verles mentir una y otra vez, comprobar que ya ni siquiera hace falta desmentirles sino esperar vuestra próxima verdad! 

¡Qué triste es escucharles llamarnos ingenuos, y tratarnos después como tales, cuando los vemos acumular poder, desear obscenamente más poder, todo el poder para todo el tiempo, sin ni siquiera saber qué hacer con tanto poder, sin ni siquiera entender la verdad pequeña y poderosa que nosotros sabemos como ciudadanos: que el poder no importa nunca – no nos importa – a menos que sea para hacer el bien a todos a cuantos alcance nuestro poder! 

¡Qué triste es tener apenas unas pocas palabras, apenas un poco de tiempo, disponer de apenas unas ideas sencillas, de apenas una voz, una única voz que aunque inclaudicable, es acallable, para lograr que nuestra voz empiece a ser una sola y no un murmullo, para impedir que el mal triunfe!

¡Qué triste es saber que no estamos solos, que no somos pocos, pero necesitaremos cada uno de nosotros de mucha serenidad ante la soledad que sufre todo lo que se quema para dar luz, ante el destino cierto de nuestra pequeña luz!

Es triste, es cierto, muy triste todo ello, pero no nos han podido quitar la alegría, ni podrán.

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