Política en Cuba

Creer en la esperanza

Francisco en La Habana.

Por: Leonardo Manuel Férnandez Otaño 

Hace 5 años tuve la oportunidad de ofrecer mi testimonio como joven cubano ante el Papa Francisco- ¡Cómo olvidar aquel día que tanto marcó mi vida! Hoy siento la necesidad, aun a miles de kilómetros de la Patria y ante el gemido del dolor de mi pueblo, que llega hasta este rincón de Castilla, de pedir a Dios por todos los cubanos, en especial por los jóvenes.

Somos un pueblo que ha caminado por un proceso de despersonalización, una ciudadanía, que vive en eternas crisis. Estas nos persiguen obligándonos a la búsqueda de oportunidades generalmente fuera de nuestra Isla. Esta decisión   como opción final, se convierte en el paso más difícil para muchos que huyen del fracaso y de ser víctimas de la inercia imperante en la sociedad, dejando atrás todo lo que se ama.  Conozco tantos rostros que, luego de varios intentos de búsqueda de lo mejor para la Patria, terminan víctimas de un desgaste emocional desolador; mi gran temor es terminar algún día yo también bateando en ese equipo.

Hoy el pueblo sufre rigideces y autoritarismos mentales y físicos, que crecen como el marabú, imperando en las dos orillas construidas en los últimos 60 años de la historia nacional. Aún muchos apostamos por la amistad social, mientras otros siguen presos de los conventillos e inventando soluciones fantasiosas. Opciones destinadas, no sé cuándo ni cómo, al fracaso, pues no se tiene a la persona humana como centro de su propuesta, optando por los improperios, sin pensar en el bien común. Pero, hoy, mi gran pregunta, como la de otros tantos jóvenes, se centra en qué hacer por Cuba y cómo ser profeta de acuerdo con mi compromiso bautismal.

Tener sueños, pensar diferente, construir y prosperar en la Cuba actual parece una utopía frente a este silencioso enemigo llamado Covid 19 y ante la morosidad de un proceso de reformas o cambios, que dinamice la sociedad e impida que los jóvenes que aún decidimos permanecer seamos predestinados al nihilismo. En todos impera, como fantasma mental, la frase de “no hagas nada, porque todo sigue igual, mejor ‘pírate’”.

A cinco años de aquel encuentro en que pedí al Papa Francisco generar sentimientos de esperanzas en los jóvenes cubanos, pido que cesen todas las expresiones y acciones que laceran la creatividad de los jóvenes cubanos. Exijo el derecho de ser transparente con los que pensamos y no crear máscaras incívicas, que nos convierten en un intento fallido de ciudadanos. Solicito oportunidades reales de poder participar sin temores, en la creación de bienestar para la Patria, sin miedo a ser cercenados en las infinitas coyunturas.

Pero también, en medio de tanto temor y desesperanzas, hay que apostar por soñar y soñar acompañados, porque si los jóvenes no soñamos, no habrá mañana. Ese mañana debe ser distinto; debe ser una apuesta por la diversidad, pues solo una sociedad diversa y participativa, donde todos tengamos derechos y oportunidades, es la única forma para caminar hacia una ruta próspera y democrática.

Tal vez -como bien nos dijo el Papa ese día-, nos corten los sueños, pero mientras más comunitario sea el sueño, más posibilidad de concreción habrá, sin olvidar en el caso de los creyentes la sintonía con Dios, nuestro mejor amigo. La sociedad tiene en estos momentos una palabra que es común denominador: la fe, porque de aquella solidaridad cotidiana de la que un día hablé, queda cada vez menos, pues cuando hay necesidad se hace humanamente difícil, pero evangélicamente posible. Esa fe que se manifiesta de distintos modos y formas es el común denominador para un futuro distinto, y para hacer nuestro presente soportable, aunque cada día nos sintamos más interiormente fracturados. Solo nos queda caminar, aportar, construir y orar desde nuestra rica diversidad de formas y estilos, para que el mañana no siga siendo manchado con las faltas del pasado.

Queridos jóvenes cubanos, debemos creer en la fecundidad de la esperanza, del color y signo que sea, porque si somos jóvenes indiferentes ante lo mal hecho y ante los oportunismos coyunturales a ningún lado vamos. Aunque sea difícil, no es imposible creer en el amor, la fe y la caridad que nacen del encuentro con Dios y con el prójimo.

Alcalá de Henares, 20 de septiembre del 2020

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