Política en Cuba

Cuestión de condiciones

Algunas ideas sobre la participación en el debate político

Por: Miguel Alejandro Hayes

Un máster. Un doctorado. ¡Un diploma! Aquí no se pronuncia toda la dimensión de la inconformidad si no se cuenta con el aval de “persona apta para pensar”, y que varía según el área del saber. Primero, hay que tener el futuro seguro, luego, a criticar con la valentía de magnitud nunca conocida en otros tiempos.
No pocas de las figuras -dentro o fuera del país- que en el presente tienen sabias y doctas reflexiones críticas -e incluso radicales y opositoras-, en el pasado miraron para otro lado y callaron a conciencia ante una injusticia; o se pronunciaron en contra de lo mal hecho solo hasta que les fue permitido; o dieron charlas y repitieron sin creerlo el bodrio ideológico desfasado que tocaba decir; o luego de enseñar a sus alumnos dónde estaba el mal, dijeron en público que solo había bien –quizá antes hubo un regaño en una mesa con un oficial o funcionario-; o tomaron un carné a pesar de rechazar la carga de desprestigio reflexivo que le veían; o defendieron los más positivistas e indigeribles dogmas marxistas-leninistas.
Todo ello, en lo que esperaban a publicar sus libros; o a que les llegara el(los) viaje(s) que podían obtener; o a dictar magistrales conferencias; o a recibir reconocimientos institucionales; o a obtener sus títulos y grados. No es que yo estuviese ahí, es que tenían de otra.
Tampoco es raro ver además cómo cada año se gradúan jóvenes que no aguardan tanto y en cuanto pueden –en dependencia de sus metas y de cuando se sientan en condiciones-, dicen lo que realmente pensaban y que no lo hicieron antes porque querían terminar de estudiar y superarse “tranquilos”. Estos son de los que menos esperan, pero funcionan bajo la misma lógica.
No se habló, ni se habla, hasta no asegurar -por si acaso. Tal vez por eso, no es el mejor posible el empujar de muchos reclamos –aunque sea de numerosas voces. Tal vez por eso, el pedido democrático para el sistema político cubano –que no es oposición, sino que es algo asumido desde la misma izquierda en su absoluta mayoría-, es de poco impacto y visto como lo que su propio sostén muestra, una fantasía de la “intelectualidad que siempre está en las nubes”.
Y es que, ¿cómo creer en ideas cuyos defensores no la siguen hasta las últimas consecuencias, que luchan luego de tener asegurada la carta del maso que permita en caso de que salgan mal las cosas, ir a alguna universidad, centro o empleo “intelectualmente digno” fuera del país, o adentro pero auspiciado desde fuera?
Esperar a ser formalmente un intelectual, no parece ser una actitud de pureza revolucionaria, y pone en duda si aquello en lo que se deposita la energía es verdaderamente necesario, en la medida que solo se combate desde ciertos escenarios de resguardo profesional que se construye. Claro está que algunos ni con doctorados y honores se atreverán a decir, pero el silencio no convierte al murmullo en grito.
Ello no quita que sea importante desde el punto de vista de la correlación de fuerzas, el papel que ejercen esas voces desde su condición de intelectual con su crítica –y desde la oposición, algunos- al hacerle contrapeso a los excesos partidistas. Lo que señala que una parte no despreciable de la acción política se concentra en la intelectualidad. Por otro lado, que esta se nutre -no en su totalidad y a lo mejor ni siquiera en su mayoría- del sujeto que, esperó a tener su patente por si se complicaba, que no jugó todas sus cartas, que si ahora sale o lo sacan del juego, no será su fin. Así pudo verse en la reciente recogida de firmas digitales para apoyar el documento en el que se condenaba la discriminación por ideología política en las universidades cubanas. Ahí, salvo rarísimas excepciones, las personas sobre las que caía el peso principal de la misiva y que públicamente anunciaron el apoyo con su rúbrica, eran ya posicionadas y consagradas en sus campos, cuyo futuro ya es difícil tronchar porque son “alguien en la vida”.
Y no se trata de que en ese sector esté la mayor radicalidad y valentía para expresarse, sino que ahí se reunían los que poseen determinadas garantías profesionales -comparados con otros- para actuar.

Firmaron estudiantes universitarios, claro. Pero no era conveniente según la auto-percepción de estos, hacerlo saber en la web. De la misma forma, a otros tantos pupilos les hubiese gustado colaborar, o participar críticamente en el debate actual a través de sus redes, pero ellos también esperan a obtener la patente que los certifica de profesionales para dar su grito al viento.
Así, la actividad –y no tiene que ser revolucionaria- cívica del criterio, de participar conscientemente en el debate público y en las dinámicas discursivas de mantener/modificar el pacto social y que es propia de los jóvenes –y que en nuestro país hay una larga tradición de ello- deberá conservarse para “cuando se pueda”.
La edad promedio de rebeldía la hemos desplazado hacia pasados los cuarenta. El joven cubano rebelde de hoy, ejercerá la suya cuando duplique su edad y ya tenga un máster, un doctorado, ¡un diploma!

Un Comentario

  • Jorge Alfonso

    Miguel Alejandro, permítame que le tute, antes de comentar me gustaría saber cuál es su caso, intelectual consagrado, con fuentes de ingreso independientes del Estado, que ya es alguien o simplemente un joven Doctor que gusta expresar lo que piensa sobre temas polémicos o que despiertan su interés. Hay otras motivos como el mío que no soy persona Docta, sin aval, pero apta para pensar y con espíritu rebelde y propenso a expresarme con bastante libertad aunque no esté bien preparado para escribir, donde hacerlo, antes carente de la información y el tiempo del que hoy dispongo, acceso a Internet de donde me he dado cuenta de otras ideas que personas como usted me han hecho conocer, además no puedo dejar de reconocer lo que mi experiencia como profesional en cargos técnicos de importancia y el tiempo que me toco dirigir un Complejo Agroindustrial azucarero, eso me sirvió mucho para hoy tener argumentos de mi propia experiencia sobre economía, y problemas sobre la producción agroalimentaria que no terminan por solucionarse e incluso por investigarse, analizarse y aplicar los correctivos necesarios.
    Tampoco creo que los riesgos de participar en el debate político desde posiciones críticas y propuestas polémicas sean hoy tantos, hay apertura sobre la diversidad de opiniones y de no temer a la polémica, creo que muchas cosas pasan porque topamos con extremistas dogmáticos que no cambian un ápice sus posiciones duras que pueden ser en ocasiones oportunistas y arribistas.
    Le sugiero no sea excluyente no solo los intelectuales tienen ideas sabias ni debe atribuirse solamente a ellos en don de la palabra no dude ni un momento que la verdadera sabiduría proviene del pueblo y es a este el soberano al que hay que darle la fuerza y el poder para lograr los cambios de mentalidad en Cuba. Los 60 años de revolución y debate político no solamente ha estado en el liderazgo histórico y los intelectuales alineaos pero doctos y la nave no ha sido conducida por los mejores rumbos.
    Esa recogida de firmas le falto fue la falta de medios a través de los cuales convocar a los que estuvieran consiente de esa necesidad de libertad Ideológica, y no fue oportuna pues la lucha por lograrlo debió estar en el debate durante la discusión del proyecto de Constitución y paso sin que Intelectuales y catedráticos dieran la batalla, yo quiero ser sincero en mi posición no es el momento para lograr liberta ideológica, la lucha debe ser por la no represión y discriminación, los catedráticos de hoy deben conformarse con la neutralidad en el recinto Universitario y la liberta de expresión que todos debemos gozar fuera de él, ahora es y es necesario que las Universidades sean el templo de las ideas progresistas y revolucionarias, allí argumentos que puedan emitirse en cualquier lugar deben ser objetivos y propositivos para hacer nuestro hacer mejor no para combatirlo y negarlo, más que eso no espere en ninguna universidad del mundo, si vas a atentar contra el sistema abiertamente vas a tener que esperar ser como Noam Chomsky.
    Tampoco creo que exista edad promedio para la rebeldía, existen dentro de nuestras Universidades más rebeldes que cuando Mella o Fidel eran alumnos de la Alma Mater.

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