Política en Cuba

Discriminación ortográfica

Muchos no tienen buena ortografía, no como la de mis aportes (que si me pongo insoportable los justifico como accidentes), sino aportes que van más allá; unos que más que risa, (me)producen pena.

Por: Miguel Alejandro Hayes

Pensé en googlear una buena frase para iniciar, pero no, ni esto es un buen ensayo, ni voy a concursar en lides de estética. Prefiero decirlo así, tal y como me vino a la mente mientras espero el retorno de la corriente en Marianao.

No me gusta burlarme de la (mala) ortografía de las personas.

Me recuerdo ganando plata en un concurso provincial de Historia mientras escribía exclavo, allá en la época de la pañoleta. También con un noventa y ocho coma cinco, por la triada pezca pezcadores pezcado, en una prueba de ingreso a la vocacional habanera. Pues sí, mientras algunos se esforzaban estudiando, yo regalaba puntos por culpa de los recolectores pescadores cazadores (era Historia, me tocaba).

Tengo muchos aportes, algunos hasta recientes. Y es risible si se quiere, o utilizable como herramienta para descalificar al que escribe esto, pero ni soy tan importante, ni me quitará el sueño. Tampoco el mundo soy yo.

Muchos no tienen buena ortografía, no como la de mis aportes (que si me pongo insoportable los justifico como accidentes), sino aportes que van más allá; unos que más que risa, (me)producen pena. Hay una delgada línea entre la subversión que siempre contiene el chiste, y lo sádico, lo violento, lo agresivo; y existen muchas maneras de cruzarla.

Cuando se lanza la carcajada (real o virtual) sobre el torrencial disparate ortográfico, nos estamos riendo de la (falta de) capacidad de una persona. Sin embargo, esto bien pudiera deberse a que su medio no le permitió estudiar, o simplemente porque no fue capaz de asimilar una buena base ortográfica. Eso es ofensivo.

Siguiendo esta lógica, casi cualquier chiste puede ser sádico, y sí, lo es, dependiendo de los contextos. De cualquier manera, recordarle a alguien, como primera estocada gratuita que, por la razón que sea, no ha leído lo suficiente o no puede recordar bien las palabras en su estado correcto, de forma tal que se termine por restregar esto, no puede ser inocente. Cuando se señala una deficiencia ajena de manera directa, aunque sea en tono jocoso, no deja de ser ofensivo.

Por si fuera poco, el chiste sobre lo ortográfico es colonizante y esconde un principio de la dominación: el que se ríe está en lo correcto (está encima, es «el culto»), el objeto de risas está equivocado (está abajo, es «el inculto»). Este chiste se construye sobre una lógica de jerarquías.

Es también una forma de discriminación. El plano (pretendido) del intelecto, también sirve para discriminar, a pesar de que en muchos casos, desde arriba, puede hacerse inconscientemente y sin malicia. En cambio, se recepciona de manera diferente por el de abajo, que es justo ahí donde radica lo más importante: el riesgo de herir a alguien, o las de su alrededor.

La ortografía no es señal de clase social, ni de geografía, ni de tipo de persona, por lo que la burla no escapa de caer sobre el amigo, el amigo de un amigo, el familiar de un amigo, el familiar propio, un ser querido, un compañero de causas sociales.

No hablamos acá de una acción constructiva, ni de un chiste que expresa la picardía de quien lo hace, sino de todo lo contrario. Lo mejor es ayudar, y para hacerlo, se señala con respeto, de manera directa y en un intercambio privado.

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Tomado de En silencio

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