Política en Cuba

Duro y bajo

Por: Jorge Fernández Era

“El guion de lo que debemos hacer está escrito y organizado por el enemigo de siempre: el imperialismo yanqui. No nos dejemos confundir ni sigamos cantos que enconden propósitos muy diferentes a lo que dicen por delante. Detrás, los propósitos son mucho más oscuros”. Fue lo último que se dijo en el noticiero, escrito por alguien que no dio la cara, pero acusó a los organizadores de los sucesos del Mincult de tomar “medidas para ocultar su identidad”.

Debe haber segunda parte para presentar las “nuevas pruebas que reafirman” que lo que pasó el 27 de noviembre en el Vedado capitalino “está claramente dibujado y marcado por el imperio, incitado y financiado, con propósitos muy definidos”. Porque lo presentado en el noticiero fue una grandísima bofetada a la inteligencia y al decoro, un libreto de quinta categoría que no merece ser financiado por nadie.

El imperialismo que renuncie. Mira que gastar recursos, pagar a tanta gente con el fin de que aquello desembocara “en un llamado golpe blando”, un “cambio de régimen mediante métodos inicialmente pacíficos, pero que progresivamente se combinan con acciones violentas y de desestabilización social”, para que finalmente se presentaran ante el viceministro de Cultura con preocupaciones vinculadas (lo cito) “a las relaciones de las instituciones culturales con los artistas”, “algunas preocupaciones con los congresos recientes de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y de la Asociación Hermanos Saíz”, “insatisfacciones legítimas de los artistas”, “preocupaciones con dos de las personas que han sido mencionadas, con su integridad, con el debido proceso”, “cuestiones más generales relacionadas con la aplicación de la ley, con los derechos, y, sobre todo, que fue el asunto más discutido, cuestiones directamente relacionadas con la manera en que las instituciones trabajamos, atendemos, la obligación que tenemos nosotros, que existimos porque existen los artistas y los escritores”, “de atenderlos, de representarlos, de trabajar para su promoción”.

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Qué mal nos entrenó el enemigo que “no se puede decir que hubo ningún tipo de violencia verbal ni de ningún tipo”, “una discusión entre compañeros, entre personas que nos estábamos entendiendo, con muchas cosas con las que discrepábamos o no discrepábamos tanto”, “no era una discusión sencilla, pero hubo solo apenas un planteamiento de tipo político directo, a pesar de que fue una reunión crítica”, pero con “un ambiente constructivo, donde primó un aporte colectivo, una discusión —yo lo afirmo— en esencial entre compañeros”. (¿Qué pasa, cuadro? ¿Cómo pudo haber una discusión entre compañeros, un ambiente constructivo, si la manifestación pacífica fue —lo aseguró el estelar— “contaminada por activistas entrenados en el exterior, según los manuales de la CIA para la subversión”?).

Cuando oí lo de “bombardeo de información”, “crear contenidos que generen estados de ánimo y emociones”, que “sigue descalificándose el resultado del encuentro para incentivar el descontento, la polarización de las partes y una escalada de incitaciones a la violencia”, sentí miedo por Humberto López y por Lazarito, que fueran a regañarlos (¡piedad para con ellos!) de la manera con que nos apabullan a nosotros. Y por mí, qué cará: temí que calificar de mercenarias a las tiendas en moneda libremente convertible fuera considerado un acto vandálico.

Respiro tranquilo de haberme salvado de estar cerca de esos dos de la TV. Buenos hijos de puta son (me refiero a los detenidos), y bien peligrosos, cuando había cientos de combatientes del Minint allá afuera para protegernos de gente tan baja. Y fue tanta la Seguridad que nos transmitieron, que hasta le agradecimos no habernos caído a gaznatones como nos merecíamos por ingenuos y comemierdas.

Termino de escribir y oigo de nuevo a Silvio (“Ahora quiero hablar de poetas, de poetas muertos y poetas vivos, de tantos muchachos hijos de esta fiesta, y de la tortura de ser ellos mismos, porque hay que decir que hay quien muere sobre su papel, pues vivirle a la vida su talla tiene que doler”).

Me acostaré después de decir al mundo que el diálogo de sordos que nos proponen es una mentira de las grandes, una bota sobre nuestras cabezas, una confirmación del miedo que le tienen a la verdad y a los que la defendemos. Que lo visto en la televisión cubana sobre el golpe suave fue un golpe duro más cercano al fascismo que a las ideas que se dice defender, un golpe bajo para que mis sueños se alarguen y no vuelva a levantarme.

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Autor

  • Periodista, escritor, editor y corrector. Perteneció al grupo humorístico Nos y Otros

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