Política en Cuba

El futuro ya no vive aquí

Por: Julio Pernús

 

Amin Maalouf, reconocido novelista francés, en una entrevista donde le preguntaban por el futuro de la humanidad, respondió con una tranquilidad petrificadora: “Ese señor, el futuro, ya no vive aquí, decidió mudarse de planeta, pues llevamos un buen trecho del camino apuntando a su autodestrucción.” Aunque la frase tiene un sentido universalista, muchas veces se ajusta a contextos como el cubano, donde la desmovilización auto-inducida de muchos jóvenes para participar en el mundo de la política se vuelve un arma poderosa que los excluye del diseño de su propio horizonte.

El odio sembrado como discurso hegemónico en ambientes como el digital comienza a generar un papel decisivo; su modus procedendi es azuzar la alta polarización entre los cubanos de izquierda y de derecha. Nada dibuja mejor la desintegración de la credibilidad política de cualquier movimiento social que ver el rechazo de la gente de bien a ser parte de estas conductas radicalizadas, donde por no pensar como la mayoría se puede ser puesto en una lista.

Shakespeare escribió: “Un cielo tan turbio necesita una tormenta”. En el mundo han venido surgiendo movimientos que tratan de enfrentar la distopía –o negación de la utopía- de los centros del poder. En Hong Kong las protestas no cesan; Greta Thunberg y el discurso ecológico del Papa Francisco (Laudato Si) guían las movilizaciones ambientalistas mundiales; la organización de los sectores pobres en América Latina viene creciendo. En Cuba, sobre todo desde la irrupción de los datos móviles, se han venido visibilizando actores civiles que han logrado sensibilizar a grupos no desdeñables. Los jóvenes son protagonistas en estas luchas contra el maltrato animal, temas de género, religiosos, culturales, racismo, protección ambientalista, sistema político, periodismo alternativo, etc. Todos estos movimientos tienen puntos en común, pero cuesta trabajo verlos de forma sistemática lograr una estructura sólida que los articule. También tienen baja visibilidad nacional, pues la mayoría del pueblo no puede seguirlos a través de las redes sociales.

Al menos en la nueva generación de cubanos se denota rechazo a términos sinónimos de apátrida para los que migran o tienen ideas políticas diferentes. También se toma distancia del extremismo antigubernamental. Los jóvenes necesitan con urgencia encontrar agendas sociales que los enamoren, que les hagan creer en algo esperanzador. Antes de la pandemia fui testigo de cómo se ponían de acuerdo varios amigos del movimiento focolar para unirse a otros grupos ambientalistas e ir a limpiar las costas. La Iglesia puede ser un lugar de encuentro entre cubanos con ideales diferentes y que deseen contribuir a fomentar la cultura del respeto a la otredad –la condición de ser otro- del prójimo. Hoy es urgente convertirnos en ese espacio de diálogo, mañana puede ser tarde. El escritor cubano Leonardo Padura, en una entrevista que le hicieron durante la pandemia expresó: “Lo mejor de la juventud cubana está fuera del país”; la pregunta es cómo revertir eso. Se hace inminente acometer acciones sociales palpables para que las nuevas generaciones puedan ver su futuro con deseos de vivir aquí.

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