Política en Cuba

Un mismo pueblo

La emigración cubana, que incluye a próceres de nuestra independencia, existe desde el siglo XIX.

Por: Julio V. Ruiz

Para mí, el concepto de Patria o Nación es muy importante. Siempre lo ha sido, quizás por mi trauma de adolescente y de la separación. Les comparto la reflexión que escribí a un artículo sobre la emigración. No está muy bien escrita, pues no soy escritor sino científico, pero viene desde mi alma, si algo así existiera. Pido que se lea primero el artículo al que hago referencia.

Yo respeto al general Fabián Escalante, un Héroe de la defensa nacional, que ha sido indispensable para sobrevivir al gigante del norte después de tantos años de agresión. Comprendo perfectamente su pensamiento, que no es solo de él, sino de muchos, o de casi todos en el Partido.

Pero la comunidad de emigrados cubanos del mundo, sobre todo la de Estados Unidos, no puede continuar siendo el chivo expiatorio del diferendo entre los gobiernos de los Estados Unidos y Cuba

La emigración siempre ha existido. No son el enemigo hoy, salvo los ya conocidos e identificados.

Queremos y soñamos con la normalidad entre los cubanos de las dos orillas, que incluya la entrada y la salida del país que nos vio nacer, sin odios, sin discriminación, sin resentimientos o reproches, con el mínimo de restricciones, salvo las que imponen y establecen las leyes y la Constitución. Sin excluir la entrada con el mutuo acuerdo, aunque no estemos de acuerdo en todo.

Sé que es mucho pedir, pero ha sido mi sueño por 60 años, y es la razón por la que continúo participando en las reuniones de la Nación y la Emigración si se me invita. Y así será hasta que me muera.

Sé poco de la contrainteligencia, aunque inteligente sí soy, modestia aparte. Sí sé de psicología clínica y de sociología, porque por 45 años he sido un médico, por lo que creo tener elementos para entender un poco al cubano de los dos lados y a su emigración. Difiero de cómo el general de división retirado y amigo virtual en Facebook, Fabián Escalante Font, interpreta el regreso de los cubanos.

En el caso de mi madre, por ejemplo, después de 19 años de ausencia, solo quería volver a ver a sus tres hermanas vivas entonces, ya que no pudo estar presente cuando sus padres, mis abuelos, murieron. A una de sus hermanas, mi tía Olivia Estela, por ser miembro activa y militante del partido comunista cubano, se le prohibió cualquier tipo de comunicación con ella. Mi madre era apolítica. Los políticos eran mi padre y un servidor. Esa separación forzosa de la familia cubana fue una injusticia y no tiene nada que ver con ser un revolucionario o no.

Yo regresé en el 1978 para un diálogo. Desde hacía años quería regresar, más o menos desde 1969, pero no se me permitía, con la excusa de que habíamos perdido la ciudadanía cubana. Años más tarde descubrí que no era verdad, sino tan solo las orientaciones del momento.

Gracias a Fidel, al ICAP y al gobierno cubano, pude regresar desde España para representar a la recién creada BAM española. Al igual que existieron BAM mexicana y venezolana, las hubo en Estados Unidos. Aunque fueron los primeros en regresar en diciembre del 1977, y ser los fundadores, no fueron los únicos como escribe la historia.

Mis razones fueron distintas a las de mi madre y a las de los primeros que regresaron en 1979, que lo hicieron a pesar del alto costo, de tener que viajar por terceros países y de tener que pagar una habitación de hotel, aunque nunca la utilizaran. No eran “bondades” las de mi madre, ni amor por la revolución, lo que la había privado de su puesto de profesora universitaria y de maestra, solo por haber sido la esposa de mi padre. Lo de mi madre fue amor por sus hermanas y búsqueda de la reunificación familiar, perdida por casi 20 años de ausencia obligatoria.

No fue por esos pregones de bondades y riquezas obtenidas gracias a Visa y a MasterCard, y hasta a otras ilegalidades que vinieron después, precisamente por aquellos cubanos emigrados después de los 80’, todos formados y educados por la revolución.

Cualquiera que tuvo que emigrar y trabajar muy duro en los 60’ sabe, y tiene muy claro, que el american dream es una invención de la imaginación. Y que aquellos deslumbradores de los 80’ y los 90’ no representaban a los que aman, trabajan, construyen.

Se preguntarán por qué me enfado cuando leo estos comentarios, después de 61 años de revolución y 42 años de contactos múltiples, y de reuniones de la Nación y la Emigración. Ocurre que el 90% de los cubanos que emigraron no tiene nada que ver con los servicios de inteligencia de los Estados Unidos, ni son los culpables de que exista un bloqueo. El Imperio en decadencia es una cosa, y los cubanos emigrados son otra.

La emigración cubana, que incluye a próceres de nuestra independencia, existe desde el siglo XIX. No hay por qué continuar penalizándolos por estar empadronados ahora en Miami en vez de en La Habana o en Santa Clara.

Eso no quiere decir que le tengan amor a la revolución. No se lo tienen, porque debido a ella se vieron obligados a emigrar. Su actitud, después de muchos años de inmersión en otras culturas, es de indiferencia y adaptación al país adoptivo. Siguen queriendo a su país de origen, se sienten cubanos donde quiera que estén, pero la mayoría sólo regresará de vacaciones y a visitar a sus familiares que aún viven. Esta es la realidad.

Ha llegado el momento de que las dos orillas nos acerquemos como hermanos, como cubanos, aunque existan discrepancias. Abrirnos a otros cubanos nacidos es una obligación. Sí creo que es un beneficio mutuo, porque la emigración sí tiene mucho que aportar en todos los aspectos.

Puedo comprender el miedo a la penetración del enemigo, a la famosa quinta columna o al caballo de Troya. Yo no lo veo así, más miedo me dan los de la doble moral, los que no quieren trabajar y viven del cuento o de algún pariente, los que roban y lo justifican, los que destruyen desde adentro sin dar la cara, porque los de afuera, los de Miami u otras partes, ya sabemos de sobra quiénes son.

Yo decidí regresar, repatriarme, avecindarme, porque era la única manera de tener todos mis derechos constitucionales –políticos, jurídicos, científicos, culturales o de otro tipo- y nunca me arrepentiré, aun cuando mucho tuve que pagar en lo familiar, en lo social, en lo político, y en lo económico por mi manera de pensar.

Pero me sigue doliendo cuando se persiste en los reproches y las divisiones entre cubanos, cosa que viví al regresar en el 1978.

Todos somos un mismo pueblo y todos pertenecemos a la nación cubana, salvo las excepciones ya conocidas.

Una victoria de la Revolución Cubana que no cabe en ningún silencio*

Por: Fabián Escalante Font

Cualquier análisis que se realice de las relaciones Estados Unidos-Cuba en los años 70 del siglo XX, debe tener en cuenta importantes acontecimientos ocurridos tanto en Cuba como en los Estados Unidos y en el Mundo: el derrocamiento del presidente Allende en Chile, por un golpe gestado por la CIA, el escándalo de Watergate y la renuncia del presidente Nixon, las revelaciones de la comisión Church que develó al Mundo los planes de la CIA, para intentar asesinar a líderes políticos extranjeros, especialmente a Fidel Castro; la derrota de Estados Unidos en Vietnam, etc.; mientras que en Cuba se realizaba el Primer congreso de Partido, se estrenaba una Asamblea Legislativa de nuevo tipo en el Mundo, se fortalecían política y económicamente las relaciones con la URSS; comenzaba la guerra de liberación en Angola, con el decidido apoyo cubano, triunfaba la Revolución Popular Sandinista, por solo citar algunos.

Una década victoriosa.

Fue aquel escenario, en el cual Cuba decidió modificar las relaciones con su comunidad en Estados Unidos, para entre otros objetivos, neutralizar a los grupos terroristas y normalizar las relaciones con los emigrados que no habían tenido un pasado agresivo.

A finales de 1978 líderes de aquella comunidad fueron convocados a la Habana para sostener conversaciones y analizar demandas mutuas, en las que se llegaron a importantes acuerdos, entre otros, el incumplido compromiso del gobierno de Estados Unidos, de conceder asilo inmediato a sus liberados agentes y representantes, condenados en Cuba por actividades terroristas. La Sección de Intereses de aquel país debía conceder visas también a los familiares de los beneficiados por el indulto realizado.

Cuba cumplió su palabra: liberar a los reclusos, y posibilitar los viajes familiares; mientras que el Imperio comenzó a larvar un siniestro proyecto subversivo, no solo para desvirtuar el convenio, sino también para desestabilizar la sociedad cubana. Miles de horas radiales, distorsionando los acuerdos, denigrando la Revolución e incitando a la contrarrevolución interna a realizar acciones violentas, iniciaron la preparación artillera.

Cuba seguía viviendo bajo un férreo bloqueo multilateral que impedía y saboteaba nuestro comercio y desarrollo productivo, y las acciones agresivas se habían incrementado, a niveles insospechados destacándose entre ellas la campaña de guerra biológica desatada. Recuerdo cómo en aquella década la CIA diseminó en la Isla 13 plagas en nuestra agricultura y ganadería, que solo por señalar una: la peste porcina africana, obligó a sacrificar en dos ocasiones a toda la masa porcina del país.

En 1979 viajaron a la Isla unos 100,000 cubanos residentes en el extranjero, mayormente de Estados Unidos. El impacto de aquel encuentro en la sociedad cubana tuvo importantes consecuencias, como resultado de las escaseces en unos y las abundancias que otros pregonaban y exhibían. No podía compararse una sociedad bloqueada y asfixiada con las “bondades” que no pocos de los visitantes pregonaban.

Mientras, la CIA por medio de agentes y colaboradores utilizaba aquel canal de la emigración para con una hábil campaña diversionista intentar denigrar la Revolución y particularmente sus principales realizaciones. Los comunitarios venían del “Mundo desarrollado”, del “american dream” y aunque algunas de las joyas que exhibían eran alquiladas y los autos y residencias que decían propias, no eran tales, lograron deslumbrar a un sector de la población golpeado por las penurias y dificultades.

Alentados por las campañas subversivas, que incitaban a acciones violentas para acumular méritos y ser recibidos como “héroes” se precipitaron los hechos de la embajada del Perú y la Sección de Intereses de Estados Unidos, donde en una se asiló un grupo contrarrevolucionario, provocando la muerte de un policía que cuidaba la entidad y en la otra, cientos de presos liberados se amotinaron para reclamar las visas prometidas, a lo cual se sumaba los continuos intentos de penetración por la fuerza en otras representaciones diplomáticas, entre ellas la Santa Sede, donde por cierto, fue asesinado el mayordomo.

La incitación permanente a abandonar el país por un lado, mientras que por otro, no se materializaba la acogida prometida en Estados Unidos, provocó el asalto de miles de personas a la Embajada de Perú. El gobierno cubano brindó durante semanas, desayuno, almuerzo, comida y servicios médicos, a los “asilados”, ante la inacción de las autoridades de aquel país.

Esos fueron los antecedentes del Mariel. Ignorarlos es de alguna manera manipular nuestra historia. No soy un experto en las relaciones Cuba-Estados Unidos, como muy bien conocen mis compañeros, pero tengo buena memoria y además, conservo la brújula política aprendida de Fidel.

Silenciar esto, como si las relaciones actuales y futuras de Cuba con Estados Unidos y su emigración allí, estuvieran al margen de la lucha de clases y de la agresividad imperialista, es un grave error, más en el contexto de una escalada de la agresión norteamericana, que no ha cesado en su intención histórica de exterminar la Nación cubana.

Tenemos la obligación de analizar en su profundidad algunos de los variados sucesos políticos de finales del siglo XX en las relaciones entre nuestros países e impedir la manipulación de una correcta estrategia utilizada entonces, con otros fines políticos.

Aspiramos a la mejor comunicación con nuestra emigración en Estados Unidos y a una  relación civilizada con ese país, pero abrir incondicionalmente las puertas, –políticas, jurídicas, científicas, culturales o de otro tipo- en la creencia de que ello sólo reportaría “beneficios mutuos” no sería justo ni adecuado en las actuales circunstancias, cuando el enfrentamiento con el Imperio ha llegado a su cenit, o al menos así parece y todas las puertas se han cerrado allí para nosotros.

*Texto publicado en La pupila insomne el 23 de junio de 2020

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7 Comentarios

    • Orlando

      Un amigo cibernético me comentaba que no le gusta la frase”el sueño americano” porque no todo el mundo está preparado para vivir en los Estados Unidos.
      Esto que leí en un blog me gusta:
      El capitalismo financiero ha generado, en el mundo, una carrera acelerada por ser el más rico del cementerio, virtud que solo está al alcance de una minoría y que genera grandes bolsas de frustrados.

      Respuesta:

      Los que se meten en esa competencia pueden ser candidatos al suicidio

  • Orlando

    Si es cierto, aceptemos la hipótesis, de que el imperio tenga tan inmenso poder como para impedir que el Gobierno de Cuba alimente, vista y provea lo básico para dar un nivel de vida decente el pueblo de Cuba; hombre, entonces antes de echarte encima a un enemigo tan poderoso, haberlo pensado mejor.

  • Antonio

    Las pasiones subyacentes en este tema hacen controvertidas las opiniones cuando proceden de quienes fueron partícipes directos de lo ocurrido. El Dr. Ruiz lleva mucha razón en su enfoque, acierta al calificar a la emigración cubana como chivo expiatorio en el diferendo Cuba-USA. Creo que existen desde hace rato las condiciones para restituirle a los emigrados sus derechos a recibir un tratamiento, si no pleno, al menos más equitativo como ciudadanos cubanos. Es un asunto entre cubanos y debe resolverse entre cubanos apelando más a razones de derecho actuales que a pasiones del pasado. La responsabilidad plena de lo que ocurrió ocurre y ocurrirá hacia el futuro radica en el gobierno-partido cubano, por ser la contraparte donde reside el poder para hacer las adecuaciones oportunas. No juzgo la certeza de medidas tomadas en el pasado según apreciaciones del momento. Aunque creo que los cambios ocurridos en composición y objetivos personales de la masa de emigrados durante 60 años no han sido valorados suficientemente por la parte del gobierno-partido o han sido manipulados buscando otros intereses Entre los emigrados han existido diversidad de criterios sobre el régimen cubano, sobre las relaciones Cuba-USA e incluso sobre los gobiernos y la sociedad imperantes en su país de adopción. Para el día de hoy y desde hace rato, no existe homogeneidad alguna en los criterios al respecto. Los más recalcitrantes murieron y los que les siguieron cronológicamente están en descrédito. Para cualquier interesado y con mayor razón por los centros de poder en Cuba es un asunto fácilmente verificable mediante el estudio de fuentes exteriores asequibles y abiertas así como por otras vías encubiertas en las que han mostrado ser bien diestros y precisos.
    Mucho menos escapa para los bien engrasados mecanismos oficiales que entre quienes se mantienen en Cuba tampoco son uniformes los criterios sobre tales temas. Que convenga reconocerlo es otra cosa. Siempre habrá peligros pero los centros de poder en Cuba asumen posturas demasiado conservadoras desactualizadas respecto a los cambios ocurridos. La línea dura respecto a Cuba seguida por los gobiernos NA responde a políticas internacionales, no tiene nada que ver en estos momentos con las opiniones de la inmensa mayoría de los emigrados, quienes están pagando la factura que no les toca. Saludos.

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