Política en Cuba

En nombre de qué Revolución habla

Revolución cultura.

Por: Ariel Montenegro

En algún lugar, un agente de la autoridad no se leyó las leyes que regulan la cultura en Cuba. En algún lugar, hay alguien que cree que el reggaetón es arte y que los artistas independientes no son artistas. En algún lugar, alguien cree que Steven Seagal, el ninja, es un artista y que el cine nuestro es una mierda y además, es contrarrevolucionario. En algún lugar, alguien decide tirar por tierra todo el trabajo de los cubanos decentes y cultos que han trabajado por acortar la brecha y lograr ese espacio de entendimiento entre todas las vertientes del pensamiento y la expresión que tiene que ser la Nación. En algún lugar, alguien, que tiene un título de Derecho, no entiende que ninguna persona u organismo está por encima de la ley (mucho menos los encargados de hacerla cumplir), que la coacción y el abuso de poder son delitos en Cuba según el Código Penal, y que hacerlo desde una posición oficial es un agravante.
Pero fundamentalmente, en algún lugar, después de 60 años de educación gratuita, de Titón, Humberto Solás y Fernando Pérez; después de Carpentier, Lezama y Gastón Baquero; después de Pedro Pablo Oliva, Alicia Alonso, y Alfredo Guevara, y Chucho Valdéz, y Caín, y Heberto Padilla, y Antón, y Fernando Martínez Heredia y un sinnúmero de grandes hombres y mujeres a favor o no de la Revolución y todos los grises en el medio; en algún lugar, hay un pobre funcionario que trabaja vinculado a la cultura y no tiene ni la más remota idea de qué carajo son la cultura, el arte, la Revolución y Cuba.
En algún lugar hay un tipo que por su ignorancia y soberbia nos hace un daño horrible a todos los que nos creemos revolucionarios porque, dizque, la está defendiendo. Deja, gracias, no hace falta. Un revolucionario que defiende la Revolución con ideas contrarrevolucionarias es igual a un soldado que se emborracha y se va de lengua con un espía enemigo.
Yo no sé en nombre de qué Revolución habla, pero no es la que yo conozco ni la que quiero. Para defender la Revolución hay, ante todo, conocer de qué se trata.
Si semejante tipo existe en algún lugar, créanme, ese lugar no lo comparte conmigo.

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