Política en Cuba

Episodio 42: ¿Es malo el neoliberalismo?

En este episodio Miguel Alejandro Hayes vuelve a abordar el tema del neoliberalismo, y los tabúes y dogmas que lo rodean. Nos invita a reflexionar sobre esta corriente económica como paradigma, y su uso en políticas económicas, contrastando la diferencia entre los contextos donde se aplica erróneamente y las deficiencias propias de este “ismo”.

Este episodio fue grabado el 16 de enero de 2021
Música: I’m Goin’ Down, de Bruce Springsteen
Foto: Stoodi

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Una Roma a la que conducen todos los caminos: Lo general suele no significar casi nada, y los equilibrios generales de la economía no son la excepción. Le llamamos general a la totalización de una especificidad en última instancia. En la economía, y políticas económicas, se expresan y reproducen los intereses de grupos y clases, aunque se vendan como generales. En pocas palabras, los modelos de equilibrios generales no son más que la traducción a un lenguaje técnico de la estructura óptima correspondiente a la dinámica productiva funcional a determinado interés de clase, o grupos económicos específicos. Por eso, si de economía cubana se trata, la unificación de Tasas de Cambio (TC) no ocurre porque está a punto de colapsar el bolsillo del ciudadano común. Aunque esa situación es una realidad actualmente, no es la primera vez que se produce. Para esta ocasión, dicho punto vulnerable coincide con la incapacidad de expansión del núcleo de la economía cubana, que son las empresas militares. La incapacidad de convertir en divisas los ingresos subsidiados por TC de dichas empresas, impide la renovación de ciclos productivos. En otras palabras, el subsidio a la rentabilidad que ha representado la multiplicidad cambiaria creó una especie de burbuja especulativa que ya hace su explosión. Lo anterior consiste en que los ingresos de las empresas que comercializan en CUC (muchas, bajo la lógica de importar para (re)vender) se multiplican por 25, y se subsidian sus costos de importación, además. Ante esos grandes ingresos, no se puede importar cuanto se desee del monto de la ganancia, a veces ni siquiera renovar los mismos montos de importación inicial, por no contar con las divisas para hacer un cambio. Así, parte de la masa de ganancias por TC es, debido a su in-convertibilidad al USD, casi por definición, una burbuja. Las empresas que importan y luego venden en CUC, al estar limitada la entrada de USD, tienen una determinada cantidad de pesos convertibles que quedan inservibles para reiniciar el proceso de importación- comercialización. La misma lógica puede repetirse en empresas de otras áreas de la economía, como la productiva o la de servicios, que venden en CUC. Muchas dependen de la importación para sus insumos, maquinaria, tecnología, y generan ingresos en CUC que no siempre son convertibles a dólares. Estas burbujas, cuando operan en el sector de alimentos y bienes básicos, en un país que depende de la importación para abastecer esos mismos sectores, son altamente peligrosas y con efectos expansivos. De ahí que la unificación cambiaria responda, cómo mínimo, a un reajuste del funcionamiento económico de empresas para que puedan, al menos, tener la capacidad de reiniciar ciclos económicos (importar, como paso clave), y sanar el daño de la burbuja. Para una primera reflexión sobre la unificación cambiaria, se pueden tomar estos 3 ejes. Si se ofrece la tasa de cambio de 1×24, los efectos serían:Garantizar el cambio histórico reciente de CADECA para no afectar las cuentas en CUC de los ciudadanos y afectar lo menos posible el poder adquisitivo de estos. Una reducción de un 2300 por ciento de la TC de las empresas estatales, como señala el economista Oscar Fernández. Con ello se va buena parte del subsidio a los costos de las empresas (o los ingresos por tasa de cambio), y una restricción a sus importaciones. Por último, como señala el propio Fernández, un beneficio potencial a las importadoras (en su mayoría, empresas militares), debido a su capacidad de operar con dólares. A primera vista, resalta un aumento de la circulación monetaria del CUP, que como mencioné en otro lugar, puede ser un incentivo al aumento de la producción. Pero en las condiciones institucionales actuales, la iniciativa de inversión en el sector no estatal, en su totalidad, enfrenta altas restricciones legales y burocráticas, es decir, está marcada por fuertes desincentivos. Por su parte, la inversión estatal tiene una lógica que se ajusta más a la inercia administrativa y al favoritismo político, así como a la capacidad de figuras de impulsar proyectos (la Oficina del Historiador es un buen ejemplo), que a necesidades de inversión para fomentar el bien común.

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  • Un podcast cubano para debatir y reflexionar sobre economía, política, filosofía, y hasta poesía

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