Política en Cuba

SOS Guanabacoa

Entiendo que el debate nacional gira ahora mismo en torno a los adoquines del parque G, pero la realidad constructiva del patrimonio histórico guanabacoense, literalmente, da ganas de llorar.


Por: Julio Pernús

Soy natural de Cienfuegos de la comunidad de Montserrat, pero desde hace 10 años vivo en Guanabacoa, uno de los municipios habaneros que más ha sufrido -literalmente, parece una zona de guerra- el paso del tiempo. Entiendo que en Burkina Faso hay 2,2 millones de personas corriendo el riesgo de morir de hambre, eso lo lamento de corazón y me parece una injusticia que no acabamos de resolver como humanidad, pues preferimos hacernos selfies de nuestros logros, antes de practicar la mística de los ojos abiertos sobre estas postales de miedo que nadie desea mirar.

Pero, la realidad sobre la que deseo poner el acento de mi texto, tiene que ver con las iglesias guanabacoenses, prácticamente en ruinas. En estos días que se está recordando el aniversario 100 del natalicio del escritor Eliseo Diego, me viene a la mente una frase de su hijo Eliseo Alberto Diego (Lichy) que decía: En realidad Matarse en Cuba no es rendirse, matarse en Cuba es vencerse. Como me niego a vencerme, trato al menos de reflexionar, pues tres templos emblemáticos de Guanabacoa como el Convento de Santo Domingo, La Parroquia de la Asunción y los Escolapios, sufren peligro de derrumbe y alguno ya han tenido que cerrar.

Convento de Santo Domingo


En algún momento de mi niñez, conocí el convento de Santo Domingo, llevado por los frailes franciscanos en su esplendor, y puedo asegurarles que era frecuentado por muchas personas. Pero, desde que su techo colapsó, los frailes franciscanos se fueron y las misas se hacen en un aula lateral, la realidad es otra; con tristeza puedo decir que la comunidad ha sufrido mucho estas situaciones.

La parroquia de la Asunción es la Iglesia de mayor trascendencia en Guanabacoa. Mis abuelos y yo solíamos asistir ahí, está enclavada en el centro del parque. Ahora los guanabacoenses solo miran resignados un cartel en la puerta anunciando el peligro de derrumbe de uno de sus patrimonios históricos. Ojalá que la comunidad, obligada hasta nuevo aviso a realizar mudanzas para otro espacio -y no por el coronavirus-, encuentre la forma para seguir viva. Todo un reto. 

También para  los padres escolapios, cada misa es un desafío al tiempo. En la parte de atrás del templo, un agujero gigante parece querer tragarse el resto de la edificación que, de no ser restaurada, dentro de poco empezará a colapsar. Un amigo experto en restauración me dijo: Pernús, qué es más importante: gastarse un millón de dólares en alimentos o reparar un templo.Solo lo pude mirar y decirle: tienes razón, pero es la casa.  

En Cuba, la realidad de muchos templos es difícil. No sé si existen estadísticas generales, pero al menos en La Habana, desde donde escribo, la construcción es una pastoral de suma importancia, por eso le agradezco a todos los que nos ayudan a reparar las Iglesias -en especial a esos que han donado algo para los templos guanabacoenses- pues en ellas también vive una parte importante de nuestra Historia como Nación.  

La columna del autor

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