Política en Cuba

Las calendas criollas

Por: Jorge Fernández Era

Es práctica habitual por parte de analistas políticos evaluar el desempeño de personalidades y gobiernos en sus primeros cien días. Se supone un periodo de tiempo suficiente para enseñar las uñas o esconderlas, para asentar las plataformas sobre las cuales se asientan sus posibles estrategias. De ahí que una primera evaluación de lo que se quiso y se pudo parta siempre de un análisis de ese casi tercio anual.

Hoy se cumplen cien días de la presentación de la Estrategia Económico-Social para el impulso de la economía y el enfrentamiento a la crisis mundial provocada por la Covid-19, anunciada como estrategia innovadora que impulsa la implementación de aspectos aprobados en el Sexto y Séptimo Congresos del Partido, acorde con la Constitución de la República, e implica la implementación de los Lineamientos, de la conceptualización del modelo económico y social y del Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social 2030.

Me pregunto qué de innovador puede tener acabar de implementar lo que hace rato está acordado, discutido y recontra-analizado en todas las instancias de gobierno, desde que comenzáramos una actualización que ya hay que actualizar por lo vieja y achacosa que se ha vuelto. El botón de muestra de lo elásticos que son los plazos que nos damos y que contemplamos cual periodos de la historia susceptibles de seguir siendo aplazados es la unificación monetaria, devenida ordenamiento por obra y gracia de la eufemística interpretación burocrática. Si dirigir es prever, uno se pregunta cómo es posible que, conociéndose hace más de veinte años (desde que surgiera como ave fénix el CUC) los efectos desastrosos que para la economía iba a tener la doble tasa de cambio, esta se aprobara. Y lo que es peor: que llevemos más de diez años oyendo la misma cantaleta, y sea ahora, en el peor momento para implementarlo, que se decida echar adelante un proceso imprescindible para poner en pie nuestras finanzas. En ese ínterin, oímos no pocas críticas de nuestros dirigentes a las empresas estatales por la no exportación de sus productos y la excesiva importación de materias primas: ahora se nos dice que los propios mecanismos impuestos por el Gobierno esposan cualquier empeño emprendedor.

Las implicaciones de morderse la cola son muy serias. ¿Alguien ha calculado el costo que para la economía ha tenido la morosidad con que nos tomamos esa actualización desactualizada que se aferra una y otra vez a estructuras y mecanismos que hace tiempo demostraron su inefectividad? En tiempos en que con un placer morboso presentamos en la televisión, mucho antes de acudir ante los tribunales, a individuos que han robado miles, los responsables de la pérdida de millones comparecen en una Mesa Redonda y ni se toman el trabajo de explicar sus desatinos económicos y disculparse ante sus electores. Porque es un inmenso desatino económico —se me pegaron los eufemismos— definir como indispensable una unificación monetaria y mandarse a correr más de diez años después, cuando el desastre es mayor, para, en definitiva, sustituir una dualidad monetaria por otra que pudiera ser de más graves consecuencias sociales.

Lo cierto es que en cien días de recorrido estratégico, lo único palpable y sufrible es la proliferación de las tiendas en dólares, que como marabú con celofán se han adueñado del comercio minorista. En ninguna de las emisiones de la Mesa Redonda que se han hecho en ese lapso se ha explicado adónde fueron a parar los cuarenta y siete productos que serían asegurados y que, ante su ausencia, amenazan con disparar rumbo al infinito la inflación ya existente, cuando nuestros salarios crezcan y no tengamos en qué emplearlos.

Solo después de tres meses ha comparecido en la pantalla chica el ministro de la Agricultura, quien se esperaba, por ser ese renglón el número uno de los aspectos claves de dicha estrategia, que se convirtiera en una especie de zar de nuestras esperanzas y sueños. El susodicho —me permito un tratamiento despectivo ante un personaje que se ha burlado en mi cara— ha hablado de perfeccionamiento de la comercialización de productos agropecuarios. ¿De veras? ¿Puede perfeccionarse lo que ni siquiera funciona regular? ¿Por qué no menciona los millones de quintales de productos agropecuarios que van a las cuentas triunfalistas de los informes y se echan a perder luego porque nos fueron vendidos como evidentemente nos los merecemos: bajos de peso, pletóricos de tierra y magullados por el norte, sur, este y oeste?

Las trabas y prohibiciones identificadas en la Estrategia Económico-Social para el impulso de la economía y el enfrentamiento a la crisis mundial provocada por la Covid-19 son obra de la propia dirección del país y de nadie más. Que Cuba enrumbe hacia una sociedad donde los trabajadores deseen el bien general a partir de su realización como personas depende sobre todo de la voluntad real de cambios de los hacedores de política. 

La implementación de la estrategia económico-social ha ido muy lenta, lo ha aceptado el propio ministro de Economía. Nos hemos dado ese lujo en un escenario mundial adverso y muy cercano a otro más adverso aún: el de la inminente —desearía equivocarme— victoria de Trump. Ojalá, dados los plazos traicioneros que nos gastamos para sembrar las semillas de que habla nuestro presidente, andar sin prisa pero con demasiadas pausas y construir el futuro que ya pasó, sea yo un pesimista que aprieta y pretende pedirle peras al bejuco de boniato. Quizás el análisis de los primeros cien días de la Estrategia esté un tanto exagerado y sea mejor vernos el próximo 12 de abril de 2023, cuando se cumplan los mil.

También le puede interesar

Autores

Puede comentar acá

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto:
Ir a la barra de herramientas