Política en Cuba

José Martí, luz y numen

Por: Raymar A. H.

 

A Cintio Vitier Bolaños en su centenario

“La política fue para él, un asunto del alma.”

Cintio Vitier*

Vería Lezama en Martí a nuestra “última casa del alibi, / que está en la séptima luna de las mareas, y la penetran los ejércitos y se deshace penetrándonos”1; ¿y qué se vuelve más necesario en tiempos de sectarismo y rencores que la penetración espiritual del Maestro? Y es que Martí representa la negación humana del odio, el escenario redentor donde danzan las musas de la creación y el ensueño, el estrado más alto, donde se supo portador de la idea del bien que encontró en un Dios ignorado en una época vil, pero resucitado en su voz. Martí es el misterio y la savia curadora, la verdad personificada, la duda de lo imposible y el atisbo futurista del mañana soñado y esperado por las almas limpias que, como él, creen en el mejoramiento de la especie. ¿Entonces cómo se puede hablar, o peor, cómo se puede obrar con odio bajo la mirada emancipadora del Maestro? No existe un martiano cabal en ese que en su pecho no posea la virtud de cultivar la rosa blanca.

La concepción martiana de la libertad y la plenitud radica esencialmente en la virtud, en la pureza del alma, en la bondad. El odio en él constituyó la negación de sí, la afrenta mayor a su programa esperanzador; y aun bajo el yugo y el látigo ponderó al perdón como la capacidad suprema del hombre: “Si yo odiara a alguien, me odiaría por ello a mí mismo. / Si mi Dios maldijera, yo negaría por ello a mi Dios”2, escribió cerrando el primer capítulo de su testimonio de presidio.    

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No se concibe ver la imagen de Martí en campañas de aversión por diferencias de criterio; parece se ignora que él fundó un partido político en el cual convergieron las más diversas posturas y decantaciones ideológicas, en pos de la libertad y la independencia y el amor a la patria. No es honroso que se utilice a Martí como trinchera de escarnios y arremetimientos violentos; parece no conocen su sentencia “yo solo sé de amor”, la que predicó hasta el momento mismo de su muerte. No tiene lógica tomen de soporte moral al Apóstol aquellos que con sus bridas y ojeras parcializadas apuntan sus flechas directo al ojo del enemigo; Martí abrazó a su verdugo, pegó a su pecho a ese que echó veneno en su copa, perdonó al que intentó arrancarle la vida. No es congruente, no es válido, no es honrado descontextualizar a Martí. “Todas las grandes ideas tienen su gran Nazareno”2, don Nicolás del Castillo fue el suyo, José Martí es el nuestro, y su resurrección solo habla la lengua del bueno, del amor; y el odio es su Caifás y el rencor su Pilatos.

Son tiempos de abrirnos el pecho y colocar a Martí: al Martí humano y al Martí Apóstol; pero sobre todo al Martí bueno, al de la ternura y la rosa blanca, al del beso de Pilar. Al político, al maestro, al artista.

Su imagen no puede acompañar otra postura que no sea la del culto a la posteridad y la virtud humana, pues se dice José Martí y se oye el canto de vida, se siente el magma frío y el soplo de amor y arte que cargan los de su estirpe híbrida de Apóstol y humano. Él representa la maravilla en piel de hombre; la verdadera “delectación de artista”3: la que penetra y hace padecer, la que clama y llora en versos, la que es luz y numen del bueno, la que salva.

“Entre los profetas de los nuevos tiempos, de ese porvenir sintetizador de las facultades y necesidades humanas, ninguno encarnó como José Martí el ejemplo del hombre futuro […] Ninguno como él regó con su sangre la tierra verdadera del hombre: del hombre completo, carnal y espiritual, profano y sagrado, temporal y eterno, del hombre íntegro que es, en la historia, nuestra única esperanza.”4

  1. Cintio Vitier, Resistencia y Libertad, junio de 1992, Resistencia y Libertad, Ediciones Unión, 1999, pág. 101.
  2. José Martí, El Presidio Político en Cuba.
  3. No recuerdo dónde exactamente leí o escuché esa definición de referencia al Maestro, solo sé que no es mía, pero lo define maravillosamente. 
  4. Cintio Vitier, Martí Futuro, 1964, en Temas Martianos, en colaboración con Fina García Marruz, Biblioteca Nacional José Martí, 1989, pág. 139. 

*Cintio Vitier, Martí en la hora actual de Cuba, Resistencia y Libertad, Ediciones Unión, 1999, pág. 147.

Martí y la bondad, Martí y la bondad, Martí y la bondad

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