Política en Cuba

La generación del Mastodonte Amarillo

Por: Raúl Suñet


Somos una generación incolora sin triunfos ni glorias,
nuestro andar no dejará huella alguna que cuente nuestros pasos.
Somos una generación de cobardes que no heredó gen alguno,
no tenemos nada de caciques, ni de mambises ni de rebeldes.
Una generación cabizbaja, carente de filosofía o bravura,
a no ser, la de sobrevivir, o al procurarnos el pan nuestro de cada día.
Somos la generación del Mastodonte Amarillo, que al igual que el animal,
no existimos en este tiempo, y somos, más que útopicos, ridículos.
Somos una generación sin luces que le teme a su Bastilla.
Somos la generación nada, la generación oveja, la generación vacía.
Somos la generacíón, del Mastodonte Amarillo…

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2 Comentarios

  • Làzaro

    Creo que es muy amplio utilizar la palabra generaciòn para decribir a un grupo. Ademàs una generaciòn se enmarca en criterios y no sé si estàs hablando de tu generaciòn o la mìa. Ni siquiera sé a qué generaciòn perteneces. Pero mi generaciòn, a cargado el peso de una maleta de madera cuando estaba en la escuela al campo, le preguntò sus dudas al maestro que salìa en el televisor, porque el que tenìa en frente solo sabìa hablar de dollares y de la yuma. Mi generaciòn se viò frustrada cuando la meritocracia y los principios ideològicos, no le dejaron coger la carrera que querìa. Mi generaciòn es de las que piensa que tener a un novio yuma es lo mejor y màs recomendable, mientras se pierde en largas colas.
    Pero muy, pero muy a pesar de eso, es una generaciòn que quiere cambiar el orden in-progresivo de las cosas. Porque hay utopìas para todos.
    Yo soy de la generaciòn que naciò en 1994. La generaciòn de los grandes cambios y las batallas de ideas, del apagòn y del numerito cultural, la del matutino y del poema de José Martì. Mi generaciòn es la de los cìrculos de interés desinteresados y de las brigadas contra el mosquito. Pero también es la generaciòn que se organiza cuando un ciclòn dejò sin casas a sus vecinos o la misma que reparte comida luego de un tornado.
    Es la generaciòn de la pregunta incòmoda en medio de un congreso, la nota discordante en una asamble, la generaciòn que busca a otros héroes y heroìnas. La generaciòn que se pone una saya y se deja los grajos con pelos y se dice queer, maricòn, negro.
    Soy de la generaciòn que dice menos Revoluciòn y màs igualdad.
    Por tanto, no sé de que generaciòn me hablas.

    • eilyn

      Suñet y yo fuimos un poco amigos, nos emborrachamos juntos, nos leímos poemas, nos contamos pedazos de nuestras vidas ciertas o inventadas. Creo que Suñet no es de tu generación. Nació en 1982. Además, se suicidó en 2018. Tu generación no tiene por qué ser lo que él llamó un día, en un poema hecho a gritos, en un viaje de alcohol y rabia, y odio y miedo, la del Mastodonte Amarillo, como tampoco es la tuya la generación del Centenario, por ejemplo. Tu generación no tiene por qué identificarse con lo que otros (fueron otros) convirtieron en “la definición de una generación hecha por Suñet”. Y por supuesto, su generación es mucho más que lo que él dijo en ese poema. Es un poema muy triste, además. Escrito con hambre, con miedo, con dolor, con falta de libertades, de opciones. Hace diez años no hubo un 11 de mayo, no hubo una protesta frente a Zoonosis, no hubo solidaridad ante un tornado. Hace diez años no había internet para (casi) todos. (Pero hace mucho tiempo, antes de tu generación, antes de la de Suñet, hay hombres, incluso en Cuba, que se ponen sayas o blusas de mujer, y subvierten el arte y la vida). También, hace diez años, mucha gente en Cuba no sabía que se podía “cambiar el orden de las cosas”.
      Las utopías son no lugares. El lugar que buscamos hoy (tu generación, la mía? No creo que eso importe mucho) quizás sea un espacio de resistencia en construcción, entender que somos parte de un proceso, que el presente es una fábrica de temporalidades y espacios superpuestos, y que saber de los otros, tratar de entenderlos, sentir otros dolores, de otras épocas, es un acto de amor y resistencia.

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