Política en Cuba

La paja en el ojo ajeno

Por: Jorge Fernández Era

Me sumo a la aprobación que ha despertado el tuit del presidente Díaz-Canel (Reconocemos que, en sus elecciones presidenciales, el pueblo de EEUU ha optado por un nuevo rumbo. Creemos en la posibilidad de una relación bilateral constructiva y respetuosa de las diferencias). Esperaba más, lo confieso, porque si se reconoce que el pueblo norteamericano eligió una opción mejor y que puede haber entre los dos países una relación diferente a la que impuso Trump en los últimos cuatro años, entonces puede irse un poco más allá y felicitar abiertamente al elegido, como dictan las más elementales normas entre dos países que poseen relaciones diplomáticas.

¡Horror!, exclamarán algunos. ¿Este qué quiere: que le besemos las botas al representante de un imperio que ha hecho lo indecible por aplastar al proceso revolucionario cubano? Les respondería que no fui yo el que le levantó el brazo a Obama tras su discurso en el Gran Teatro durante su visita a Cuba en el 2016, ni el que llamó amigo a James Carter treinta años después de que le gritáramos improperios a ese presidente en actos de repudio a su política contra Cuba. Si eso es diplomacia…

Al entusiasmo inicial por la derrota de Trump le ha seguido en los medios oficiales cubanos una ofensiva por minimizar el impacto de la victoria de Biden, por señalarle a Canel que anda equivocado si piensa en un nuevo rumbo para la política del enemigo del norte. Es obvio que nuestra prensa no osará cuestionarle nada al presidente, pero es lo que pudiera colegirse de los comentarios que le restan importancia al resultado de unas elecciones históricas seguidas como nunca antes por el mundo entero, acotaciones que no hacen sino reafirmar que es muy cómodo vivir con la agresión de Estados Unidos para seguir echándole la culpa de nuestras barrabasadas.

Claro que hay mucho que cuestionar de unos comicios que han demostrado históricamente sus imperfecciones, pero eso es mejor dejárselo al propio pueblo norteamericano. Hay que tener pudor para llamarle antidemocrático al proceso electoral del norte desde este país de poder popular donde solo son elegidos aquellos que no ostentan poder alguno, pues los de más arriba son ratificados después de que los verdaderos elegidos, aquellos que piensan por nosotros y deciden qué es lo bueno para el futuro de Cuba, imprimen en una boleta los nombres de quienes un porciento ridículo de la población aprobará unánimemente.

Cuando él cumpla sus dos mandatos —se refería Raúl a Díaz-Canel el 19 de abril de 2018—, si trabaja bien, y así lo aprueban el Comité Central de nuestro Partido y el órgano supremo del poder del Estado, que es esta Asamblea de la que formamos parte, él debe mantenerse. Lo mismo que estamos haciendo ahora, él tiene que mantenerlo con su sustituto. Terminando sus diez años de presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, los tres que le quedan hasta el Congreso, se queda como primer secretario para viabilizar el tránsito seguro y ahorrándonos aprendizajes del sustituto, hasta que se retire a atender a los nietos.

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Curioso, ¿no? Se da por sentado que Canel cumplirá sus dos mandatos porque así lo decidirán el Comité Central del PCC y la Asamblea Nacional. Al sustituto —como mismo se hizo con el actual presidente— se le designará y pasará por un proceso de aprendizaje, no será el pueblo el que tome la decisión final. Y a eso acá le llamamos elecciones.

Una relación constructiva con el gobierno de Estados Unidos deberá partir desde la fuerza moral de construir una sociedad superior, y de demostrarlo siempre. Las consignas se harán cada vez más vacías si seguimos reproduciendo en nuestro socialismo similares patrones de diferenciación social de los que existen allá, o acallando cualquier voz que difiera de conductas complacientes.

Aplaudamos que los norteamericanos limpien un tanto su casa y concentrémonos en detectar la paja nuestra.

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