Política en Cuba

La palabra clave es reconciliación

Por: Julio Pernús 

La narrativa que acompaña la construcción del nacimiento de Nación está ligada escolarmente al conflicto armado, la guerra. Para los que añoran la construcción de un tejido social que impulse la paz, se hace necesario encontrar un discurso que sea distinto.

Sé que la historia descrita en estas líneas es solo una fábula, una obra surrealista en formato artículo, pero tengo fe en que muchos la conviertan en realidad. La Iglesia, entre otros, también puede ser un agente relevante en el diseño del puente a la necesaria reconciliación en Cuba.

La construcción de un entorno donde predomine el amor debe también llevar a la acción en favor de los excluidos. Como propuestas tangibles, se puede establecer una comisión eclesial de la verdad o un observatorio social, para escarbar al interior del conflicto y desde ahí trabajar en

beneficio de ellos.    

La reconciliación siempre debe llevarnos a intentar zafarnos de la rabia.   

Durante un acto de odio entre un grupo de personas adscritas a los principios de la revolución y una minoría disidente, se pudo apreciar, redes sociales mediante, un gesto que llamó la atención. Una joven opositora católica, en medio de los gritos sobre ellos de gusanos, mercenarios y que se vayan, logra abrazarse con una de las señoras que trataba de evitar su paso. Quizás fueron pocos segundos lo que duró ese acercamiento, en el que las dos, una muchacha fatigada, enojada, con lágrimas de impotencia en sus ojos y una mujer que pudiera ser su abuela, tía, vecina, en medio de la hostilidad, decidieron desamarrarse del odio antagónico en el ambiente para generar breves segundos de fraternidad. La reconciliación siempre debe llevarnos a intentar zafarnos de la rabia.        

Para muchos observadores, ese tipo de acto fraterno solo puede existir en un macondiano género de espejismo literario. Aun así, prefiero apostar por la posibilidad de un gesto tangible de ternura, capaz de vencer al odio. Por cierto, algunos de los testimonios de las víctimas leídos por estos días, han mostrado una solidaridad real (cuasi-transparente) del lado agresor, evidenciado con pequeños gestos como un pulgar en alto.

Al final, se puede intentar formatear el cerebro de la persona, volverlo un robot, pero ninguna máquina puede limitar su capacidad de amar, aún en medio de la más pesada encrucijada draconiana. Hoy se hace necesario, quizás urgente, sembrar una cultura de reconciliación entre los cubanos. Para eso es urgente dar un primer paso, dejar de agredirnos con gritos e intentar escuchar al otro (buscar la otredad).   

¿por qué quedarnos solo con la radiografía negativa del cuerpo social? 

Cuba ha sido testigo de un ejemplo palpable de amistad social en estos meses, pues jóvenes creyentes y ateos se han brindado de forma voluntaria para llevar comida, en medio de la pandemia, a las casas de las personas vulnerables e imposibilitadas de adquirir el alimento necesario con sus ingresos. Desde cualquier posición ideopolítica, han existido personas que han ido a limpiar, fregar, cocinar y lavar en hospitales o centros de aislamiento, rondando de cerca la pandemia. No todos, pero la mayoría lo hicieron sólo con el deseo de ayudar y servir al prójimo, exponiendo su vida o su salud.  Estos grupos se han caracterizado por estar compuestos de personas educadas, honestas, e incapaces de agredir física o psicológicamente al que piense diferente a ellos; su misión era servir. También hay todo lo contrario, pero ¿por qué quedarnos solo con la radiografía negativa del cuerpo social? 

Hoy parece ser un momento idóneo para intentar ser artífices de la teología de la ternura (la cultura del abrazo) en nuestra sociedad cubana; mañana, mañana puede ser muy tarde. El Papa Francisco en su última encíclica Fratelli Tutti, aboga por un modo de proceder guiado por la fraternidad y la amistad social.  Quizás eclesialmente no tengamos la fuerza social de antaño para sentar a dialogar las partes del conflicto en nuestra sociedad civil, pero intentarlo con todas las herramientas disponibles, puede ayudar. Pues, si en algo las personas de bien coinciden plenamente, es que la palabra clave para dar pasos tangibles hacia la armonía civil, es Reconciliación.      

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