Política en Cuba

Yo soy un hombre honrado

Por: Tony Pinelli
Hay un señor, que pone en una promoción de “Un Café con Pinelli” que anuncia el contenido de relatos que llevó ese programa que considero útil, ni más allá, ni más acá, hágalo quien lo haga, un comentario acerca del hecho de admitir que estuve en el acto de repudio de Mikel Porcel,
algo así como “… que nos cuente también cuando participaba en mítines de repudio”.
Yo no acostumbro a responder esas cosas, pero lo voy a hacer: Del único repudio que desgraciadamente participé ya lo hice público en un acto de honradez aún a costa de que el oportunismo periodístico y el odio inútil e irracional que nos separa pueda agredirme. Pero le puedo contar otras cosas, como mi lucha por poner en la radiodifusión nacional en Cuba a los que se fueron, no sólo a Maikel; le puedo contar cómo mi programa fue uno de los poquísimos que le rindió homenaje a Celia Cruz en su deceso y que la puso en radio contra viento y marea en mi programa de Radio Taíno “En Primer Plano”; de cuando sacaron a Paquito de Rivera “por orden de arriba” de un espectáculo en el Amadeo Roldán y el difunto Eduardo Ramos y yo lo mandamos a buscar a su casa y Paquito dirigió la orquesta; de las canciones de Willy Chirino por otros intérpretes, por él mismo me era imposible pero lo tuve presente en su obra, como denuncié públicamente en la UNEAC la traición del sindicato a sus artistas cuando el disparate de las normas; cómo hice el emplazamiento en el congreso UNEAC de que la Agencia Cubana del Derecho de Autor debía ser una asociación de los compositores y no una agencia de gobierno; como cuando metieron preso a un trovador injustamente por crear una editora independiente puse sus canciones más que nunca en mi programa, para que en el Combinado supiera que lo apoyábamos. Le puedo contar de mis canciones prohibidas como “Hijas también de La Habana” sobre el fenómeno del jineterismo en Cuba; “La Lanza” sobre la necesidad de la crítica en un país de prensa amordazada; “La Ciudad y El Llanto” que la gente renombró como “La Habana llora de noche”, etc.
E incluso podría contar otras cosas más delicadas y que no es necesario destapar, al menos por el momento.
Yo no vine aquí a vivir mejor, yo allá – en base a talento y esfuerzo – escapaba y a pesar de que no se compara con el desarrollo de aquí, dejé mi casa de 3 cuartos en el Vedado para vivir en un efficiency y lo más importante, una carrera reconocida por el pueblo de allá y de aquí como demuestran los mensajes de aliento que me han enviado en estos días, muchos más que los insultos y las bajezas; además tengo casi 75 años y a mi edad el que se dé el lujo de ser hipócrita es un comemierda.
Como le dijo Martí a Enrique Collazo en su valiosa carta de 1892, en otro ejemplo de civismo, y me atrevo a citar a Martí porque lo considero el único cubano que merece ser seguido hasta la muerte:

“…Y ahora, Sr. Collazo, ¿qué le diré de mi persona? Si mi vida me defiende, nada puedo alegar que me ampare más que ella. Y si mi vida me acusa, nada podré decir que la abone. Defiéndame mi vida. Sé que ha sido útil y meritoria, y lo puedo afirmar sin arrogancia, porque es deber de todo hombre trabajar porque su vida lo sea…”

¿Errores? Muchos, por supuesto. Valor y afán de enmendarlos también, a pesar de los ladridos de los cultivadores del odio, sobre todo de aquellos que no le tiraron un hollejo a un chino en Cuba y son guapos aquí.
Yo he luchado para estar a la altura de mis ideales y creo en una posible unión de los cubanos algún día,
Aunque ya a mí no me dé tiempo de verlo.
Yo soy un hombre honrado.

Tomado del Facebook de Giordan Rodríguez Milanés

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