Política en Cuba

Silencio

muere joven cubano en Guanabacoa… La Trinchera comparte un texto a propósito.

Que la muerte de un policía sea noticia y motivo de consternación o de alegría épica y la muerte a tiros por un policía de una persona “armada” con piedras sea objeto de silencio, justificación o proselitismo político, cuando menos me produce vergüenza y preocupación…

Por : Maikel Pons Giralt

Quiero indignarme sin perder la ternura

No voy a esconder mi decepción, nunca lo hago, eso me da fuerzas para no perder la perspectiva y estar más atento que nunca al peligro de la sinrazón, el conservadurismo, la racialización de los discursos y la criminalización a la pobreza y la marginalidad que avanza como marea en el espacio cubano.

Que la muerte de un policía sea noticia y motivo de consternación o de alegría épica y la muerte a tiros por un policía de una persona “armada” con piedras sea objeto de silencio, justificación o proselitismo político, cuando menos me produce vergüenza y preocupación. En Cuba la civilidad revolucionaria lo califica de “defensa propia”, en Miami a los que no les dolió la muerte de Floyd y dijeron que era un criminal y el policía actuó en “defensa propia”, ahora se lanzan a la carga “consternados” por la vida de un “joven negro”, o también validan la “mano dura” con la delincuencia.

Unos quieren una Cuba con Revolución pero sin “lacras antisociales”, otros quieren una Cuba sin Revolución, y también, sin las “lacras antisociales”. La clásica actitud judicialista y punitivista que pretende armar a los ciudadanos, condenar, encarcelar, y compulsar a la policía a que imponga “mano dura” a esos que están “allá” en esos “barrios”, en las favelas, las comunidades, las villas, la periferia… prácticas que toman la vida material y espiritual de cientos de personas, niños/as víctimas de la pobreza, la violencia y la marginalización estructural.

Pero en Cuba los racistas y conservaduristas de adentro y de afuera de Cuba, a favor o en contra de la Revolución, ni les importa, ni quieren saber de las consecuencias de la pobreza estructural que tenemos en nuestros barrios, ni tampoco entienden lo que es marcar diferencia en la forma de acercarse a esas consecuencias de la marginalidad y la pobreza. Mantenerse lejos, a distancia, sin “mezclarse” con la “chusma”, con los “salvajes”, te quiero, pero de “lejitos”.

Unos y otros quieren “mano dura”, desean que la “amenaza” sea aniquilada, que se respeten los “valores” de la familia cubana y allí se entrecruzan los discursos, poniendo a un lado las inclinaciones políticas.

Es increíble como coinciden los discursos conservadores y punitivistas de personas a favor y en contra de la Revolución, allí hay un espacio común público, que se alimenta en el espacio familiar, privado, en las relaciones interpersonales, con las mismas lógicas machistas, racistas, homofóbicas, moralistas, de desprecio al que vive en la Cuba profunda, de los que no tienen tanta suerte de aprovechar las “oportunidades para todos/as”.

Cuanta hipocresía compartida, es la misma lectura rasa, de indiferencia y prácticas que le abren el camino al extremismo religioso, político que se canaliza e instrumentaliza en lógicas cotidianas cada vez más frecuentes.

A los revolucionarios nos molesta que nos quieran arrastrar por los parques de una Cuba postrevolución, que piensen en colgarnos del badajo, sin embargo son incontables los “revolucionarios/as” que asumen esa verba enardecida contra las “hordas” de Cuatro Caminos, contra los “revendedores inescrupulosos”, sin embargo tienen pánico de señalar al burócrata corrupto que tienen como jefe/a, lamentan perder al familiar del cargo “bueno”, o al amigo/a que les permite no hacer colas o recibir las cosas en la casa si hay posibilidad. Se es afín a la cooptación si ella implica privilegios y se es implacable con el que interpreto en la cotidianidad, culpable de mis infortunios.

Somos eternos guerreros/as de las colas, de la lucha y la supervivencia, nos enfrentamos, conflictuamos, contradecimos, nos colocamos en extrema tensión, y vamos caminando sin mirar a los lados, caballos con orejeras de la vida cotidiana, el espíritu se pierde, el que tiene dinero se impone, la pobreza apesta, el que no se me parece me adversa, el que no se observa en mi espejo debe quebrarse, el/la que “llega” se aplaude, el/la que queda en el “barrio” o va a la prisión se jodió, el que disputa a la autoridad es corajoso, el/la que se impone es un/a “fiera”.

La diferencia más notable es que en Cuba hicimos una Revolución para que la normatividad no fuera convertir al diferente, sea quien sea, en una amenaza potencial que necesita ser contenida a cualquier precio, por cualquier vía, sin el más mínimo escrúpulo, y luego seguirnos ufanando, en discursos enardecidos sin el más mínimo sonrojo, que fue en “defensa propia”, que no hay “tregua contra la delincuencia”, que “el delincuente es tan enemigo como el gusano”, que en ese país “hay que poner orden”, que esas “cosas” solo se permiten en Cuba…y otras tantas sandeces que muestran un espíritu de nación carcomido por la inseguridad, el rencor, la arrogancia, y la pérdida de la humanidad y el amor por el otro.

¿Cómo es posible aplaudir por los médicos nuestros a las 9pm y no llorar cuando una vida se pierde inútilmente? ¿Cómo es posible ser tolerantes y permisivos con cualquier ilegalidad que nos permita “luchar” y “sobrevivir” y asumir la muerte, la discriminación, el extremismo, la indiferencia por el otro/a cotidiano como algo justificado o justificable? ¿Cómo es posible ser solidarios con los excesos hacia los que sufren en el Mundo, y no convertirnos en educadores sociales cotidianos en las realidades más sufridas de nuestro país? El extremismo y el conservadurismo avanzan en Cuba y tienen causas y consecuencias estructurales, educativas, institucionales, económicas, sociales, cívicas, éticas que tienen que ser atendidas de forma urgente.

Lo único que espero de la Revolución Cubana por la cual he luchado durante mis 40 años de vida, soportando todo y a todos, no es salud y educación gratuita, espero además respeto, justicia, ética, humanismo para todas y todos, sin distinción de origen social, familiar. Que luego de la imponente realidad de la MUERTE nadie se atreva a emitir juicios, y como trofeo vencedor muestre “historiales criminales”, sin guardar un profundo silencio ante la MUERTE. Sin dejar a un lado los subterfugios oportunistas para no permitirnos indignarnos ante la MUERTE.

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