Política en Cuba

El saludable y democrático hábito de cuestionar

Una reflexión sobre oposición cubana y democracia: Es necesario entender que el saludable y democrático hábito de cuestionar no se le transmite a la sociedad sólo al cuestionar al gobierno, sino sobre todo al practicarlo por la oposición también sobre sí misma.

José Gabriel Barrenechea

Una oposición democrática puede permitirse el autocuestionamiento. Algo que está más allá de las posibilidades del autoritarismo que enfrenta.

Es esta capacidad de autocuestionarse, si se practica civilizadamente, desde la argumentación racional y no desde la ofensa y la descalificación, la puede hacer creíble como oposición, y sobre todo como, democrática. De no practicarlo, de satanizar, la oposición se convierte en algo semejante a quiere sustituir, y en consecuencia pierde su atractivo para un público que, con toda razón, no verá en ella más que más de lo mismo. Y todos sabemos que de los males, es siempre mejor quedarse con el ya conocido.

Una oposición que reprime su capacidad de autocuestionamiento será entonces una oposición muy firme, una secta, integrada por un pequeño núcleo de militantes disciplinados que rozan el fanatismo, pero incapaz de hacer llevar un mensaje más allá; sobre todo, incapaz de contagiarle a la sociedad en cuestión el virus del cuestionamiento. Virus que,  quizás, ocasione percances en la propia oposición en un principio, pero a la larga será provechosa para toda la sociedad.

Es necesario entender que el saludable y democrático hábito de cuestionar no se le transmite a la sociedad sólo al cuestionar al gobierno, sino sobre todo al practicarlo por la oposición también sobre sí misma.

No se puede temer al diálogo, recuérdese aquella verdad que dice: solo la verdad nos hará libres.

Una oposición que se autocuestiona es, por ende creíble, ya que ella misma señala sus propios problemas y defectos, los discute y los supera. Sin darle al autoritarismo la posibilidad de usar esos problemas y defectos para descalificar éticamente a dicha oposición.

Es imprescindible el autocuestionamiento en la oposición democrática, y su estímulo, siempre que se haga respetuosamente, al usar de argumentos racionales y no descalificaciones o manipulaciones al sentimentalismo barato. A fin de cuentas, así se prepara a la sociedad para vivir en una verdadera democracia.

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