Política en Cuba

Pisamos el 2021

Por: Miguel Alejandro Hayes 

El 2020 fue el tercer año de vida de La Trinchera (LT). También, hasta ahora, el de mejores resultados, con algunos saltos importantes. 

Desde su creación se han publicado en LT más de mil entradas, de las cuales 800 son originales; casi la mitad de ellas, en este último año.

Si de cifras se trata, LT tuvo en 2020 más de 125000 lecturas, casi el doble de las de 2019, para un total histórico de más de 200000.

Esto se refleja en el posicionamiento del sitio web al lado (o entre) de otros medios independientes cubanos, con o sin comillas, tales como Tremenda Nota, Periodismo de Barrio, o El Estornudo. Es un resultado cuantitativo altamente gratificante, al menos para mí como editor.

El descubrimiento de cifras que evidencian resultados de trabajo y dinámicas de contenido hace que, casi sin ser notado desde adentro del proyecto, LT sea un medio independiente, a pesar de que mis pretensiones iniciales como fundador no trascendían la palabra blog. En efecto, unos pocos años después, la diversidad de formatos, de enfoques, de colaboradores, de temáticas, sumado a la frecuencia diaria de publicación y al trabajo constante, me empujan a pensar ya este espacio como un medio independiente.

Pero si de medio independiente se trata, el entorno del año 2020 no ha sido tan favorable. A pesar de que algunos de los resultados dan razones para la satisfacción, el escenario para los medios independientes en Cuba parece cambiar para mal, aunque no sabría decir cuánto.

Hasta ahora he dejado claro que LT es un medio que no recibe financiamiento de ninguna persona o institución. Tan solo a mediados de año, se instaló una pasarela de donaciones a través de la cual cualquier interesado puede donar montos de 3 USD. Es un mecanismo sencillo y cualquiera puede, mediante un enlace, verificar los endebles números recibidos hasta ahora. Con ellos se pagó la actual plantilla, que cuesta menos que una futura tarifa eléctrica en Cuba, por cierto.

Por otro lado, los reportajes acusatorios (y con pocas pruebas en algunos casos) presentados en el NTV, dejan a casi cualquier espacio vulnerable al linchamiento mediático, y sin derecho a defensa. Aunque LT haya sido de los pocos medios independientes no mencionados (y cuando digo pocos, es que casi no faltaron medios), parece muy sencillo que se use el nombre (o el logotipo) de un medio en una acusación.

Intuyo que la situación puede ir más allá. Si bien es cierto que sí existen espacios que reciben financiamiento duro para cambio de régimen, los reportajes del NTV no se quedan ahí. Se trata de un solo disparo, pero que da en dos dianas. La primera: la de demostrar (o intentarlo) quiénes no son verdaderamente independientes. La segunda, y más importante: la de estigmatizar a toda la prensa no oficial

Se trata de reportajes que hablan de prensa independiente mostrando sus rostros negativos, y se nota que están construyendo una identidad: medio independiente es igual a malo. Así, por antonomasia, el NTV hace de medio independiente un sinónimo de enemigo. Esta idea se refuerza al intentar sugerir que todo proyecto de medio independiente (crítico, que no comulgue con la lógica del partido supraestado, por ejemplo) está destinado a caer en el financiamiento de un gobierno extranjero.

¿Qué pasaría mañana si las campañas de descrédito acusaran de ser financiados desde el exterior a los medios que no formamos parte de ese grupo? ¿Qué mecanismos reales existen para que el tribunal del NTV no pueda, de manera arbitraria, realizar una acusación indebida?  

Esta es una de las realidades más difíciles que se puede enfrentar al intentar llevar a cabo un proyecto de comunicación independiente (la del dinero de gobiernos foráneos y de mecanismos y presiones domésticas aceptadas como naturales).  

Así pisamos el 2021.

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5 Comments

  • Favio_92

    Chico, te diré, el tema del financiamiento es irrelevante. ¿Qué medio de distribución de información no es financiado? Es claro que el equipo de edición ha de tener una postura crítica ante sus publicaciones. Pero es precisamente ello lo que marca la seriedad y la profesionalidad del trabajo realizado. “Le Monde Diplomatique” inserta publicidades en su edición impresa. Nadie me lo ha dicho, yo lo he visto, yo lo he leído. Que un medio sea financiado por una u otra persona natural o jurídica no certifica ipso facto su profesionalismo ni su compromiso con un trabajo crítico y educativo. La dignidad de nadie se desacredita por un tercero sino que se desacredita por sí misma. Dicho en buen cubano: quien vive hablando mal de la gente solo da a entender que es un embelequero, un correveidile, un cazuelero, un enredador. ¿Y por qué mencioné “Le Monde Diplomatique”? Porque su director, Ignacio Ramonet, es el autor de Cien Horas con Fidel.

  • Miguel Alejandro Hayes

    Sin dudas, los medios deben sostenerse. La prensa de los comunistas antes del 59 se financiaba con publicidad. La publicidad suele sostener a la prensa. Pero en el caso de Cuba tenemos esta cuestión, o cuestiones, de la soberanía y del estigma. Yo no considero ético funcionar con dinero de un gobierno extranjero, algo acorde con el derecho internacional. También el estigma es real. Pero lo más importante acá es luchar porque surja un entramado, o que pueda surgir, de medios independientes que puedan sostenerse

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