Política en Cuba

Pitén

Por: Jorge Fernández Era

En la calle Flores nacimos y nos criamos. San Bernardino fue la frontera imaginaria en que se dividieron los pitenes más sonados de Santos Suárez, esos que organizábamos frente al Solar de las Margaritas y que reunían a decenas de chamas de los alrededores. Tú pertenecías, Alejandro, a los de Flores arriba, y yo a los de Flores abajo. Y podía pasar que por falta de quorum se ligaran las alineaciones sin restarle calidad al partido.

Casi medio siglo después proseguimos este juego muy serio de echar nuestro país adelante, tú desde las funciones de ministro de Economía, yo como el periodista que pretendo ser, diciendo lo mío y colocándolo donde puedo. La última vez que nos vimos te dije que con el cargo te habían puesto una podrida, hoy vengo a colocártela yo.

De veras no me explico cómo si se tuvo todo el tiempo del mundo para hacer la unificación monetaria —devenida a última hora Ordenamiento, eufemismo que devela hasta qué punto estábamos desordenados—, han armado este arroz con mango en forma de trabalenguas que solo Murillo entiende. Y yo me quedo esperando, tras esas intervenciones suyas en que nos regaña cual si fuésemos responsables, que devele por qué demonios nos salen con esto ahora, en medio de la covid y del recrudecimiento del bloqueo norteamericano, nunca mejor apoyado por nuestras propias insuficiencias.

Miro las cifras de mi futura remuneración y las tiro contra las carretillas que pasan por el barrio. No soy muy ducho en materias económicas, mas opino que antes de virar patas arriba las finanzas del país tenían que haber desarrollado la agricultura como mejor vía para crear riqueza, la única que, de estar como no está, podría asegurarnos tener en qué gastar el aumento de salario. No veo voluntad alguna de liberar las fuerzas productivas cuando una vaca sigue sin dueño y el guajiro muta en delincuente si trata de comerciar lo que saca de ella. Un ejemplo de cómo se difumina en consigna eso de que el trabajo es fuente de generación de riqueza.

Has insistido en los últimos días en el papel del municipio en el escenario económico que se abrirá con el Ordenamiento. Si de veras va a ser tan importante, ¿por qué no amplían ese ridículo uno por ciento del patrimonio que se genera en los territorios y estos se apropian de al menos un treinta que les permita crecer con el incentivo del sentido de pertenencia?

Yo tú le digo a la ministra de Finanzas y Precios que se abstenga de hablar de la forma en que lo hizo ante la Asamblea Nacional. De acuerdo: incrementar precios de forma desmedida es de parásitos. Que explique qué cuentas sacaron ella y sus especialistas para formar los de los productos que se venden en las tiendas en MLC. Que informe al pueblo, con cifras redondas, por dónde anda la recaudación con esos montos que ya no se sabe si generan plusvalía, plustrabajo o plusmarcas. Que resuma en dos líneas qué dejaremos a las lombrices solitarias si recabamos de solo 750 pesos (25 diarios) para la alimentación.

Expongan las razones, si es que las hay, para que en el Ordenamiento no esté contemplado el paso al poder civil de todos los renglones que están en manos de las Fuerzas Armadas, incluido el turismo, ese tren de la economía que de tan blindado esconde sus números.

Y cuando hablo de rendir cuentas pienso en la Asamblea Nacional que no existe. Porque a ver, hermano, ¿cómo se come que si esos diputados están ahí para representarnos y el propio Gobierno ha dado por hecho el debate generado en las calles a tenor de los nuevos precios y la tarifa eléctrica que se avecina, Murillo concluya su intervención y no haya uno solo de los asistentes que levante la mano y cuestione un signo de puntuación o un paréntesis, que demuestre que no es palabrería “el estudio y análisis de todas las opiniones de la población, y la modificación de lo que sea necesario”? Porque si esto último ocurre y genera sus frutos debería ser, entre otras cosas, por la presión generada por los propios representantes del pueblo, a quienes Murillo, Meisi Bolaños, tú y los demás ministros se deben.

Tendremos la economía más financiera y menos administrativa que promete el jefe de los lineamientos cuando deje de dirigirse a nosotros con esa manía de ordeno y mando que nos reduce a meros espectadores de un escenario pensado y decidido a costa nuestra. Si hay que rectificar, rectifiquen el error de no tenernos en cuenta, dennos otra opción que no sea la del aplauso unánime.

El pitén está reñido, Alejandro. Hay jóvenes sentados en el contén y pidiendo.

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Autor

  • Periodista, escritor, editor y corrector. Perteneció al grupo humorístico Nos y Otros

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