Política en Cuba

Que tire la primera piedra quien esté libre de pecados

Por: Héctor Núñez Mantilla

Por estos días, se ha destapado una controversia, para denominarlo de manera educada, entre Cubadebate y La Joven Cuba (LJC). Dos medios donde, se supone, se debate el presente, pasado y futuro del país. El motivo, un artículo publicado en LJC titulado ¿Un trumpismo cubano de ultraizquierda?, criticando una postura digna de Trump y sus seguidores -en mi opinión, digna de otros personajes fundamentalistas, y nada democráticos también-, asumida por un medio social que aparentaba pertenecer a Cubadebate. Poco tiempo después, LJC, al darse cuenta del error, publicó un artículo rectificando el error cometido, y pidió al autor hacer lo mismo. Lo que fue hecho sin demoras, y con las explicaciones debidas.

Hoy, 28 de septiembre, en Cubadebate se publicó un artículo titulado Las dos caras de La Joven Cuba y el Telegram de los cuchillos largos -cuyo autor no considero necesario señalar, pues dado que el sitio lo publicó, se responsabiliza con lo en él escrito -donde se califica a los creadores de LJC de usurpadores de una divisa heroica y sagrada de nuestra historia, y la emprende contra el sostenedor del sitio LJC. Algo cierto sí hay en las líneas del artículo de marras, señala las palabras extremistas, expresadas por foristas, no por articulistas -palabras de odio que en cualquier medio deben ser evitadas. La diferencia radica en que los foristas son aquellos que se identifican en muchas ocasiones con seudónimos, leen los artículos y expresan su opinión, en reiteradas ocasiones de forma equivocada, es cierto. Personalmente publiqué en LJC un artículo sobre cómo considero debe actuarse en los debates. Los articulistas son quienes escriben los artículos, y se identifican con sus nombres y apellidos.

Agradezco en realidad al autor del artículo de Cubadebate por su preocupación en defender a Cuba, pues considero que yo hago lo mismo cada vez que LJC me publica algún artículo. Pero me llama poderosamente la atención que, sin darse cuenta, el autor ha asumido la misma postura que critica. Lejos de utilizar la mesura digna de una crítica constructiva, lo hace con un dedo acusador. Al decir de nuestro apóstol, del sol ve las manchas, no ve la luz; no señala el lunar, intenta desacreditar, y es esto lo que me hace meditar.

Como dije antes, LJC publicó inmediatamente una disculpa, y pidió al autor del error hacer lo mismo. ¿Se ha preguntado el inquisidor por qué ha sido necesario el surgimiento de un sitio como LJC, si tenemos Cubadebate? Este último, se supone, es para que todos los cubanos podamos debatir con respeto entre todos, pues todos somos humanos y merecemos el mismo respeto. Pero resulta que ese sitio se arroga el derecho de permitir sólo los comentarios y artículos que apoyan al gobierno, que muestran la tan criticada, incluso por la dirección del PCC, unanimidad. ¿Por qué no critica a quienes usurpan el título, que significa que todos los cubanos debaten, para presentar sólo lo que desean, y critican a un medio donde se expresan opiniones e información que debe ser tenida en cuenta para, entre todos, encontrar la solución a nuestros problemas? ¿Por qué la persona que levanta el dedo acusador, no lo hace contra quienes han dividido a los ciudadanos en Cuba en buenos y malos? De los primeros sólo se publican loas, de los demás, se les rebaja a categorías de escoria o peores. Si bien no se incita explícitamente al linchamiento, se silencia –para muestra, un botón: basta recordar los hechos ocurridos en 1980, cuando se impulsaba a las masas a atacar físicamente a quienes deseaban irse legalmente del país. ¿Cuándo leeremos en Cubadebate, o el Periódico Granma, las disculpas del Gobierno y de la Dirección del PCC para con todas aquellas personas cuya dignidad ha sido mancillada por el discurso oficial, sin derecho a la defensa? Personalmente, no comparto la forma de actuar de aquellos que utilizan las redes para atacar, de manera descompuesta, a otras personas, sean quienes sean. Pero me pregunto qué tal si alguna de esas personas fue maltratada, de hecho o de palabra, por aquella persona a quien ella ataca, ¿no es la palabra la única forma de buscar defensa, cuando se le impidió todo derecho a la defensa? Nosotros los cubanos necesitamos mirarnos todos a la cara, escucharnos los unos a los otros, para encontrar juntos el camino para seguir adelante con el proyecto de país que se define en la Constitución. El país necesita del aporte de todos, no de sólo una parte. La historia lo ha demostrado.

Como dijera Martí, Con todos y para el bien de todos, así debe ser Cuba.

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