Política en Cuba

Retos de la educación hoy (II)

Educación. 

Por: Julio Pernús

El problema que nos plantea el Papa Francisco en este llamado a una aldea educativa global tiene como referencia sus lecturas sobre Romano Guardini, (Verona, Italia, 1885- Múnich, 1 de octubre de 1968). Este sacerdote italiano, en un escrito suyo de 1950, El Fin de la Era Moderna y, en 1952, El Poder, planteó que el problema principal del poder es su poder sobre el propio poder (1).

Él desarrolló la idea de que el hombre de la contemporaneidad tiene un grave problema y es el de desarrollar un poder sobre su capacidad de ejercer el poder. Por supuesto que una de las respuestas para resolver este conflicto viene marcada por la educación sobre todo de valores morales.
Desde la educación religiosa podemos ayudar a construir un paradigma diferente, pues como base, la misma se funda bajo el concepto de valorar la vida humana como algo sagrado, con un sentido de ver la tierra, el planeta, nuestro barrio, como una casa común. Por eso, creo que sería oportuno a nivel nacional, tratar de mirar nuestro modelo actual, que empieza a dar señales de estar roído por una fractura: por un lado, estamos siendo presionados por la unificación tecnológica del mundo, y por otra, vemos una separación tecnológica profunda entre las distintas generaciones que han ido creciendo con la Revolución, algo que pudiésemos definir, como una brecha intergeneracional.
Se hace urgente valorar que estamos viendo signos de un problema educativo global que requiere un cambio profundo en los métodos de concebir la educación en Cuba. Para esto, debemos intentar hacer una ruta que nos permita confluir en propuestas sinceras, valorando todas las cosmovisiones positivas que actúan dentro de nuestra sociedad, desechando nuestras diferencias ideológicas, para evitar que crezcan hechos como los del mercado de Cuatro Caminos.
Hoy necesitamos generar un debate que nos facilite desde la pluralidad, vernos todos como seres homo sapiens, es decir, con una naturaleza común, y eso no difiere entre católicos, comunistas, anarquistas, ateos o capitalistas, todos somos hombres y padeceremos las consecuencias de no revertir el drama educativo que atravesamos a nivel mundial y nacional. Podemos ser jóvenes con una salud envidiable o personas de más de 90 años, cargadas de enfermedades, pero todos tenemos los mismos derechos, cada ser humano es un ente libre y racional, con deseos de amar y vivir con dignidad su propia vida.
Por lo tanto, es impostergable que nosotros los que de alguna manera amamos el arte de enseñar, intentemos volver a unirnos, en pos de una causa común. Pensar como Cuba, requiere al menos intentar dar hoy la oportunidad a que todos los actores de la sociedad civil seamos capaces de aportar a nuestra aldea educativa criolla, sin imponer alternativas con la meta de facilitar el mejoramiento de nuestra sociedad. Para muchas familias cubanas, la escuela se ha ido convertido en un pasado de una herencia perdida, historias de un ayer glorioso que hoy no se reconoce en sus prácticas diarias.
Cada vez se hace más urgente ayudar a que la educación institucional pueda competir de forma justa en la carrera que enfrenta con el conocimiento que proviene del paradigma virtual. Por ejemplo, en nuestro país se ve cada día con mayor avance la sustitución, desde tempranas edades, de la lectura de libros por la gama de juegos y aplicaciones de un teléfono inteligente. ¿Quién “pierde el tiempo” buscando leer a clásicos de nuestra literatura, como Félix Varela y José Martí? Para muchos jóvenes, los temas que ellos tocaron ya no tienen relación con sus vidas computarizadas. Ellos son cautivados por el mundo de la tercera y cuarta dimensión.
Entonces, utilizando una frase del jesuita cubano, P. Jorge Cela sj, -que invita a los colaboradores ignacianos a buscar siempre una ramita verde en medio del desierto-, es claro que una responsabilidad grande, para enfrentar la deshumanización del paradigma existencial de vida, le corresponde al docente, a los que dirigen todo nuestro sistema educativo en sus diferentes instancias. Pero, esto requiere un cambio de mentalidad dentro de los ministerios que coordinan nuestra aldea educativa cubana, sin dejar de lado, por supuesto, el rol de la familia. No podemos hoy ver solo al docente como un mero tecnócrata de la información. Muchos de los que hoy dan clases viven como parte de una especie de autómatas del conocimiento, lo que les llega de las nuevas tecnologías, sin aplicar un juicio valorativo al mismo.
Sin embargo, la persona que está al frente de un aula, aunque no tenga esa gran vocación de tiempos pasados, de facto se convierte en un maestro, un guía para sus alumnos. Esto quiere decir que no puede dejar de ser un testimonio vivo y no mero testigo del hecho que puede ser su clase; él es un protagonista de conjunto con aquellos que le atienden. Un error grande ha sido valorar solamente en nuestro país esa profesión como la de un ideólogo del saber. Hoy se necesita un nuevo perfil, en que el maestro pueda verse como un ser humano que en cada clase pone en juego su vida y la de la humanidad, pues comparte sus certezas e inseguridades con los estudiantes, sin tratar de imponerlas con prácticas que a veces rozan la violencia. Es urgente entrenar para enseñar desde el respeto, primero hacia el ser humano, por el prójimo, diríamos en la Iglesia, desarrollando a plenitud nuestro sentido de la libertad, cada vez menos encarcelada en nuestros conventillos existenciales.

El Papa Francisco, durante una lección del 2008, en que decía que enseñáramos a no tener miedo de la búsqueda de la verdad, planteó: Tengamos en cuenta que a la verdad no se le encuentra sola, junto a ella está la bondad y la belleza. Mejor dicho, la verdad es buena y bella; una verdad que no es del todo buena esconde siempre una bondad no verdadera. Un pensador argentino insistía en que las tres ramas siempre van juntas y que es imposible encontrar a una sin la otra, los fundamentalistas siempre quieren imponer formulaciones vacías de verdad y marcadas por las diferencias; de ahí que utilicen para eso incluso la violencia, haciendo daño y conspirando contra la vida misma. Hoy tenemos que pensar cómo hacer que nuestros alumnos busquen y encuentren la verdad, cómo insuflar en ellos la esperanza y el bien que el conocimiento que la verdad acarrea, sabiendo que hay verdades que convocan al hombre entero, no solo a su intelecto (2).
Es al final de su discurso donde el Papa ejemplifica la figura negativa del docente al plantearnos que este, con la intencionalidad de buscar en la clase solo enriquecer su intelecto, es un ideólogo o un técnico de la información. Un verdadero educador, para Francisco, debe mirar a la totalidad del hombre, su libertad, su voluntad, su corazón y también su razón. Hoy se hace urgente enseñar a los alumnos a tener experiencias estéticas; la experiencia de la verdad, si es acompañada por un ejemplo de vida, es una experiencia estética. La lectura de ciertas páginas de literatura o la visión de una película, así como oír un gran musical, es una experiencia estética que conmueve al corazón.
Cómo enseñar a vivir en la bondad y a regalar el amor que el ser humano produce en su totalidad, son respuestas imposibles de dar en un aula, mediante una formación convertida en información; con un desarrollo totalmente enciclopédico del saber, desde una pedagogía bancaría, totalmente apartada de la vida del alumno. En el proceso educativo, no basta la presentación de contenidos como bloques aislados de saber, sino que deben ser asimilados con valoraciones y hábitos conductuales del docente, unidos al deslumbramiento con ciertas experiencias de vida. En el diálogo sincero con el educando, el contenido resplandece y transmite un valor y, si es honesto, finalmente crea un hábito. Por eso caminar en la búsqueda de la verdad, supone una armonía relacional de contenidos, hábitos, valoraciones y percepciones que van más allá de la mera acumulación de información. Implica una armonía purificadora de la figura del docente, pues no le permite convertirse en un mero empleado de la información; si lo hace, traiciona su vocación de educador, una vocación exigente que presupone una cuota elevada de sacrificio y amor por el mundo de la enseñanza.

Notas

(1) Video de la Conferencia en la Semana de Reflexión sobre el Pensamiento Intelectual del papa Francisco. Su edición, se puede consultar en archivos audio-visuales de la Red de Estudios Eclesiales Avanzados (REEAC) coordinada desde el Centro Cultural P. Félix Varela, La Habana.

(2) https://guardini.wordpress.com/el-fenomeno-del-poder/el-poder-en-romano-guardini/ revisado el 29 de noviembre de 2019.

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Educación. Educación. Educación. Educación. Educación. Educación. 

2 Comentarios

  • Ramón García Guerra

    Confieso que me resulta hermosa y virtuosa la imagen trinitaria de una razón amablemente sentida: Verdad, Bondad y Belleza. Entiendo que el diálogo, la contención y la entrega son claves de la educación, así como la escuela se prolonga en la sociedad.
    Concibo la clase como una interfase entre las experiencias de vida personal y el saber que es construido de modo colectivo y que resulta de la reflexión crítica de la realidad. Después nos toca regresar a esta última con una estatura tres centrimetros más alta que cuando entramos a clases, para regresar a la escuela al día siguiente con ganas de entender allá afuera.
    Esto se me ocurre al leer estas reflexiones sobre la educación en Cuba hoy mismo.
    Personalmente, creo que el desafío es mayor cuando lo que debemos de hacer impensar la realidad. Esto es, tirar al cesto un saber que nos resulta inútil o nos hace miopes; saber, en fin, que nos deja sentados de por vida o que nos pone a esperar a que el azar haga la tarea.
    Sabemos que un nuevo saber es resultado de una relación de diálogo y que esa relación se basa en el uso del lenguaje. Pensemos, por un instante, cuáles han sido nuestras prácticas del lenguaje en las últimas seis décadas y cuál ha sido la evolución de los espacios de diálogo en nuestra sociedad. Porque la escuela es un espacio de diálogo o no es educación.
    Durante las últimas cuatro décadas del siglo XX cubano estas se dieron en principio en base a la oralidad-pueblo (años 60s), luego en base a la escritura-poder (años 70-80s) y finalmente dan un salto para convertirse en prácticas escritorales.
    Sobre esas bases los espacios de diálogo en los 60s se ensanchan y aceleran, luego se contraer y ritualizan en los 70-80s y al final se expanden y modifican en los 90s.
    Mientras que esto sucedía en la sociedad en la escuela nada cambiaba. Delante se hallaba un maestro con todas las preguntas y todas las respuestas y frente a él “los pacientes de su sabiduría”, habría dicho Paulo Freire.
    Tampoco la nuevas tecnologías harán la revolución. Estas han colocado a otra escala las problemáticas de la sociedad sin hallarle una solución. Seamos sinceros. Pocos son los maestros que enseñar a dibujar mundos posible con los recursos del lenguaje.
    Pienso, en tal sentido, que la relación de diálogo no se hace imposible entre nosotros por las jergas tecnocráticas o gregarias sino por la situación de diglocia cultural que resulta de la fractura de la sociedad.
    Entonces, creo que la escuela es –según la visión de Freire– una interface en en el proceso de una “conciencia crítica transitiva” que traduce el malestar popular en proyecto de liberación y este último en acción consciente de masas que ilumina –habría dicho el Ché Guevara– la “marcha de multitudes jacia el futuro”.

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