Política en Cuba

Roma o Moscú

Por: Julio Pernús 

Algunos apuntes para dialogar con la profesora y filósofa cubana María del Pilar Díaz Castañón

De no ser por los avatares sociales que ha traído esta pandemia, con seguridad hubiera tenido mayor resonancia en los espacios de debates católicos nacionales el 60º aniversario de la carta pastoral Roma o Moscú, publicada en noviembre de 1960 bajo la firma de Monseñor Enrique Pérez Serantes, arzobispo de Santiago de Cuba. Para varios intelectuales y estudiosos de la historia de la Iglesia católica en Cuba, estamos ante la presencia de un documento que funge como parteaguas en la relación entre la Iglesia católica y el incipiente proceso revolucionario en consolidación. 

La profesora universitaria cubana María del Pilar Díaz Castañón, en su libro Ideología y Revolución (2001), describiendo el contexto social de la famosa carta nos dice que si los obispos de Cuba llamaron a la batalla contra la Revolución, sus fieles, al fin, no respondieron; entre Roma o Moscú, prefirieron Cuba. La también filósofa refiere que el problema real que atravesaba la Iglesia católica de la época era la pérdida de su acostumbrada influencia social sobre la Isla, validada sobre todo a través de relaciones personales y el aparato escolar. Pero, en mi opinión, el núcleo real del diferendo Iglesia-Estado era atravesado entonces por un complexus filosófico donde chocaban dos cosmovisiones existencialistas antagónicas, el ateísmo científico y el cristianismo, una tensión que la Guerra Fría supo potenciar a su máxima expresión.      

Las primeras palabras de otra carta pastoral, Vida Nueva, de monseñor Enrique Pérez Serantes, fechada el 3 de enero de 1959, celebran el fin victorioso del proceso triunfante de lucha revolucionaria que había llevado adelante la nación cubana. En este punto, hay un consenso general donde se afirma que la Iglesia católica en Cuba recibió el triunfo del 1º de enero con aires de esperanza. 

Lo que sucede con posterioridad al rechazo de Estados Unidos a dialogar sobre las directrices de la Revolución es la conocida influencia soviética sobre nuestra realidad nacional y el vuelo rasante de los aires del comunismo en su vertiente ateísta sobre el ecosistema sociopolítico cubano. No se trataba para la época solamente de una paranoia del Vaticano, que influenciaba a la Iglesia en Cuba, como el texto Ideología y Revolución argumenta, pues hechos como la visita del primer ministro ruso, Anastás Mikoyán, en febrero de 1960, dan fe de lo que sería posteriormente la sovietización de nuestra nación. 

Para la Iglesia católica era un duro golpe -y en eso concuerdo con María del Pilar- la pérdida de la influencia sobre el sistema educativo cubano; pero el núcleo de la carta Roma o Moscú –y en esto entro en debate con ella y concuerdo con el historiador cubano Alexis Pestano- radicaba en que se condenaba al comunismo, ciertamente,  sin buscar representar el papel de quinta columna del imperialismo yanqui en la Isla, ni para impedir un supuesto camino de reivindicaciones para los sectores más humildes de la Nación, sino que combatía una realidad que en su concepción era intrínsecamente perversa y contraria a la historia, anhelos y esperanzas del pueblo cubano.   

La carta Roma o Moscú de Mons. Pérez Serantes es un texto valioso para comprender la epistemología del conflicto Iglesia–Revolución en Cuba. Transcurridos 60 años de la constitutiva epístola pastoral, sería bueno revisitarla y ver cuánto de error o de verdad traía en su interior y así, luchar contra la construcción del concepto de historia tardía que se aplica a esos momentos históricos que se hunden en el vacío del pasado nacional.   

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