Política en Cuba

Tiempos de tomar partido

Por: José Carlos 

No me gusta opinar demasiado acerca de política en redes y medios de comunicación, sin embargo, estos no son momentos de inmovilismos, son tiempos de tomar partido por la causa que se defiende. Aquí mi opinión, la opinión de un joven cubano, como cualquier otro de esta isla. 

En estos días, en que aquel manual de la llamada revolución de colores, o golpes blandos, ideado por Gene Sharp, es aplicada en Cuba —o por lo menos eso intentan— los comentarios políticos entre cubanos dentro y fuera de Cuba han colmado las redes. Tal parece que no se habla de otra cosa, y cada día surgen nuevos activistas políticos, nuevos actores de cambio, más y más personas incorporan ese marco a su perfil de Facebook —tan de moda por estos días— con ese hashtag #Cubadetodos, u otros.

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Anteriormente se hablaba de San Isidro, de aquella huelga de hambre, que de huelga tuvo lo mínimo y de hambre muy poco, creo yo; y luego fue aquella manifestación frente al MINCULT; y a ello le siguió el acuerdo de diálogo entre ambas partes, y por si fuera poco ya, parte de la oposición quiso escribir un nuevo capítulo de su versión, y de buenas a primeras rompen el diálogo, imponen unilateralmente una serie de exigencias a las instituciones y hasta la presencia de Díaz-Canel.

Se habla mucho de que esta sí es la hora del cambio, de la libertad y la democracia, se habla del fin de la dictadura, se habla de muchas cosas, pero, al parecer, pocos de los que hablan o hacen eco de estos cantos, ni se han cuestionado acerca de la huelga de San Isidro. No se han detenido a ver los vínculos reales y claros con funcionarios de la Embajada de los Estados Unidos en La Habana, ni han cuestionado el incentivo a sabotajes y actos terroristas contra instituciones del Estado, ni hablan de los atentados que desde hace un par de años se perpetraron contra el país —recientemente desclasificados por la Seguridad del Estado—, o de los numerosos planes desestabilizadores que fueron detenidos a tiempo, desde los sabotajes a grupos electrógenos, a los motores de los ómnibus, a las gasolineras e incluso el asesinato de oficiales del MININT en sus propias casas. No hablan de ello, lo obvian. No hacen uso de aquella enseñanza de Varela, de ese que insistió siempre en la importancia del pensamiento crítico. Y están los que lo hacen de manera profesional (pagada).

Resulta paradójico que, en pleno siglo XXI, donde existe más información que nunca, más democrática y extensiva que nunca, buena parte de la humanidad, y en este caso, los cubanos, estén tan desinformados.

Hay medios independientes que, lejos de informar, lo que hacen es desinformar y moldear la opinión en sincronía con los intereses de sus financistas. Nos inundan de noticias falsas, de artículos carentes de argumentos y sentido periodístico, plagados de especulaciones y tergiversaciones. Muchos, ni siquiera son independientes.

Hacen llamados a desconocer la historia nacional, a olvidar los 26 de julio como día de la rebeldía nacional, presentándolo como un día de deshonra.

Convidan a olvidar del 1ero de enero, tal y como lo conocemos, a insertar en nuestras mentes que lo que realmente fue, es el hecho que truncó aquel desarrollo natural que Cuba poseía. ¡Cuánto desconocimiento!

Hablan de los pocos logros macroeconómicos e ilusiones estadísticas alcanzados previos al 59, descontextualizando la Constitución del 40, así como el hecho de que fue resultado directo e indirecto de corrientes socialistas, porque qué era Guiteras, impulsor de las reformas sociales en la Revolución del 30, sino un progresista influenciado por las ideas de justicia social.

La Constitución del 40 es otro de esos resultados —de forma indirecta— del socialismo, enmarcado en aquella época del New Deal, las aperturas democráticas para contener el avance socialista en América Latina. 

Al proceso revolucionario que triunfó en 1959, con sus errores y sus imperfecciones, no se le puede restar mérito, no se puede minimizar su impacto en la vida de millones de personas, en la transformación necesaria de la sociedad cubana.

No niego la existencia del quinquenio gris, no niego la represión contra la homosexualidad o la religión, no niego aquellos horrendos actos de repudio contra los que abandonaban el país, aquellos actos violentos contra personas que simplemente decidían ejercer un derecho humano, la migración.

¡No los niego! Y como profesor de Historia lo expreso a mis estudiantes, como cubano y como joven crítico lo digo en cualquier espacio, sin esconderme de nadie.

El proceso ha tenido errores, los tiene y los seguirá teniendo, porque es construido por seres humanos con un cúmulo de virtudes e imperfecciones.

Pero la Revolución no son esos errores, la Revolución no son esos extremistas que en nombre de la misma cometieron esos improperios. La Revolución es mucho más que las instituciones, que el gobierno, mucho más que Díaz-Canel, que Raúl y que Fidel, mucho más que nosotros mismos. La Revolución es un ideal, una guía para la acción, regido por un objetivo, la justicia social, esa república de Martí, donde la máxima fuese el culto a la dignidad plena del hombre.

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Y es por la Revolución, por ese ideal, que debemos perfeccionar el país, que debemos rectificar errores cometidos, que debemos ser más inclusivos que nunca, dejar a un lado las intolerancias, esos pensamientos arcaicos que no hacen ningún bien a nadie, dejar de una vez esa censura y esos censores que le hacen mella a la nación y al proceso revolucionario; porque no creo que ni la Revolución ni el socialismo que construimos se base en acallar el pensamiento crítico, no lo creo.

Se deben eliminar ya a esos dirigentes desligados de las masas, de sus electores, de esos a los que deben servir, de esos a los que deben representar.

Es momento de dejar a un lado de una vez los discursos y las consignas vacías, porque no se es verdaderamente consecuente con el pensamiento de Fidel a través de una consigna o una pancarta, se es verdaderamente consecuente actuando como tal, a través de acciones, del uso del pensamiento propio.

Hace falta una Revolución dentro de la Revolución.

Quedan muchas cosas por hacer, queda un largo camino por recorrer, pero este, por más tortuoso que sea, por más veces que el machete se enrede en la maleza, este es el camino que he elegido defender.

No soy muy amante de las consignas, pero no lo podía dejar de escribir, pero es necesario decir que viva Cuba (no la que me dictan desde la derecha resentida desde Miami), que viva esta Cuba que construimos y perfeccionamos nosotros mismos.

¡Viva la Cuba en Revolución!

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