Política en Cuba

No hay que ir a Guatemala

Por: René Fidel González García  

Así, con su nobleza y su ingenuidad a cuesta, con su infinita y cálida bondad que algunos quieren condenar a ser la gratitud sumisa y pueril de los oportunistas y sobadores de cualquier poder, con esa ternura tan propia, se resiste a desaparecer el país de la solidaridad y la justicia, de la sensibilidad, de la indignación por el dolor ajeno, de la igualdad, que aún somos.

Así hace su profunda tristeza, su lamento, su amargura, su silencio y sobre todo su impotencia, así empieza a claudicar, atónito y conmovido, frente al otro país que le acorrala impunemente mientras desvergonzado y canalla aún le alecciona y le dice en su versión cada vez más cínica del no hay alternativas: ahora tendrás que empezar a cuidarte por tí mismo pero nadie será dejado atrás.

Esta vez no habrá denuncias sobre manzanas compradas para acaparar, aunque quizás nos endilguen otra vez desde aquí, o al amparo de otras tierras con los refrigeradores bien llenos, análisis sobre nuestra prensa y la incomprensión de los pequeños, capaces de hacer de la indiferencia virtud, de la complicidad privilegio, del coraje venalidad, de la hipocresía pudor, del sarcasmo argumento, de la indignación resentimiento, mientras otros nos regresan al capitalismo caricaturezco, mediocre y gobernable que son capaces de concebir, como debe ser para que sea posible: sin democracia.

Tienen miedo, mucho miedo, lo sabemos, pero en eso sí tienen razón.

Nota. El autor escribe este texto a raíz de la publicación de la siguiente nota en el periódico guantanamero Venceremos:

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