Política en Cuba

El problema del tipo de desigualdad

Por: José Angel García Veloso

 

En las ventas y servicios en MLC, el problema no es la desigualdad, sino el tipo de desigualdad que ocasiona. 

A propósito de la publicación de Venceremos sobre los anaqueles de confituras a la vista de los niños en una tienda en MLC de Guantánamo, leí ayer que alguien decía, como aceptando un fatal destino, que las tiendas en MLC no provocan más desigualdad que la que ya existía en el mismo comercio, las paladares o los agromercados, o la que provocaría el crecimiento del ya existente sector privado.

La igualdad más clara que puede concederse, según entiendo, es la igualdad de oportunidades.

Tenía la ilusión de que la tarea del ordenamiento situaría las cosas en donde deben estar, devolviéndole el papel que le corresponde al peso cubano, de forma tal que todas las transacciones en el país se pudieran realizar con la moneda nacional, y que esta fuera cambiable, al tipo de cambio que se estableciera. Pero todo indica que no va a ser así.

Las señales apuntan a que se va a renovar temporalmente (el último ciclo temporal ha sido de 30 años y se está tratando de cambiar hace 10) la dualidad monetaria, esta vez, de una forma más compleja. El mecanismo es conocido: deposito previamente las divisas en una cuenta que, por supuesto, no genera intereses, para esperar el abastecimiento de bienes indeterminados que seguramente voy a necesitar, pero que no se sabe cuáles son, ni cuándo van a estar disponibles, a un precio elevado, en condiciones mínimas de protección al consumidor y con un servicio comercial deficiente.

A esto le sumo que por mi condición de persona sin FE (familia en el extranjero, que la tengo pero no me puede mantener, ni yo se lo permitiría) solo en principio, tengo dos colas más: la de poner el dinero en el banco y la de averiguar qué hay en la tienda. Que es la misma que la de comprar, pero esto último solo lo consigo a veces. Claro, hay que tener en cuenta también toda la tragedia de conseguir (comprar el dólar) en el emergente – una vez más en nuestra vida – mercado negro de divisas, donde, dicho sea de paso, cometo un delito. Aunque no falta mucho para que algún inteligente diga que este mercado existe porque la gente compra divisas, y que si no la compraran no existiría el mercado, como ya ha sucedido con otras cosas. Y entonces se desate la persecución a vendedores y compradores de divisas, con el correspondiente aumento del precio de éstas. A lo que se suma, por último, el efecto financiero de inmovilizar parte de mis ingresos, de por sí insuficientes, por tiempo indeterminado.

Cuando uno dice tiendas en MLC, piensa solamente en las ventas minoristas, pero tenemos que pensar también en todos las demás ventas y servicios que se prestan y que se van a prestar en estas monedas, que evidentemente, van en crecimiento acelerado.

Es cierto que en el comercio existen muchas desigualdades más, el mercado está segmentado por los precios, pero la segmentación del mercado por los precios no es tan grave como la segmentación del mercado por el tipo de moneda de pago.

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Considero que hay desigualdades vencibles y desigualdades no vencibles. La desigualdad que provocan las ventas o servicios en moneda extranjera, a la que yo no puedo acceder de ninguna manera, es una desigualdad no vencible, por cuanto no tengo medios lícitos para acceder a esa moneda a partir de los ingresos que percibo en el país.

Es necesario abrir espacio al sector privado, que las personas tengan la oportunidad de prosperar en Cuba, produciendo para Cuba, que la inversión educativa que hemos hecho se revierta en bienestar para nuestro país.

No tiene sentido que el envejecimiento poblacional tenga, como una de sus variables, el éxodo de los jóvenes, por añadidura formados por la sociedad que asume el costo de sus estudios y después no percibe los beneficios de esa formación, al menos, en la forma que debe ser.

Ya que hablo de igualdad, igualdad de condiciones debe existir para crear una cooperativa o empresa privada. Porque precisamente una de las desigualdades que se manifestó con fuerza durante la creación de cooperativas no agropecuarias, fue la de su aprobación. En efecto, al estar centralizada en determinadas autoridades, solamente unos pocos privilegiados consiguieron llevar adelante su proyecto. Y ahora los demás no pueden menos que envidiar sus éxitos. Algunos, como mi amigo Félix Rodríguez, murieron sin verlo realizado.

La famosa tarea ordenamiento se convertirá en un desorden, si la “canasta” de la que habla Marino no es posible adquirirla en bienes y servicios reales. Porque si todos los que conforman la socorrida canasta de referencia, o sus equivalentes, no se encuentran en el mercado el mismo día cero, el día 1 ya el precio se triplicará y estaremos en las mismas de hoy, o peor.

Entonces, el Estado, las entidades del Estado, no tienen posibilidad alguna de proveer esos bienes y servicios, sea cual sea la causa. Eso está claro, está demostrado, las mismas tiendas en MLC tienen graves problemas de aprovisionamiento y reaprovisionamiento. El comercio funciona como una subasta, el bien escaso siempre buscará el mejor precio que alguien esté dispuesto a pagar.

El cubano medio resuelve el 70% de sus necesidades básicas – quizás me quede corto – fuera del comercio estatal, ya sea en el formal o el informal. El de medio hacia abajo no resuelve las necesidades básicas, y el de medio hacia arriba, la proporción del mercado estatal es menor. Incluyo en estos últimos a los que le llevan las cosas a la casa o reciben bienes y servicios por vías especiales, desde el propio estado. 

¿Qué se podría hacer? Abrir espacio a todo el que quiera producir, comerciar, resolver necesidades. Aflojar el lazo, acabar de permitir la empresa privada.

Aquí volvemos al punto de la desigualdad. Pero es que en el sector privado no solamente hay desigualdad entre los dueños de negocios y los trabajadores asalariados. La hay también entre los asalariados del sector privado y los del Estado. Pero cuando estas personas ganan dinero, no lo están sacando de la nada, lo están cambiando por bienes o servicios que satisfacen demanda solvente. Lo están sacando de su trabajo o de su iniciativa. A la vez, aportan tributos al fisco. ¿Qué aportan los que reciben remesas para generar ese ingreso? Nada, ese dinero no lo ganaron con una actividad que genere satisfacción de otros. En Cuba, ese lo ganó un tercero en el extranjero. Ese dinero no generó riqueza en Cuba, ese dinero, tal vez, por carambola, una pequeña parte, se incorporará a la producción de bienes en Cuba. Insisto, una pequeña parte, deducido el costo de las mercancías en tienda y todos los gastos que conlleva su comercialización, incluyendo mermas, deterioros, pérdidas, sustracciones, vencimientos y todas esas desgracias que afectan a nuestro comercio estatal, muy por encima de sus equivalentes privados. 

No se puede ver al sector privado como un grupo de personas privilegiadas que perciben ingresos superiores a los simples proletarios. Esa desigualdad es preferible a la que causa la malversación, el tráfico de influencias, la corrupción, el comercio ilícito, etc.

No se puede ver al emprendedor como un mero y simple sujeto tributario, en última instancia como un empleador más. Hay que verlo, en primer lugar, como generador de ofertas necesarias en nuestro mercado que contribuirían a mantener el equilibrio que se necesita, para romper el círculo vicioso en el que llevamos tantos años.

Entonces, la existencia de ventas y servicios en una moneda que no se puede ganar en Cuba, provoca una terrible desigualdad que no se puede vencer. A la vez, desestimula el trabajo y estimula la emigración.

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