Política en Cuba

Tomarle el pulso

Por: Miguel Alejandro Hayes

Cuando veo el correo enviado al viceministro de cultura Fernando Rojas, pienso que sus redactores dieron un golpe de estado a aquellos que estaban parados, protestando pacíficamente, frente al Mincult.

Según pude conversar con, al menos, una docena de personas que estuvieron ahí, aquello era más que San Isidro. Muchas estaban levantando la bandera de un reclamo legítimo que se puede resumir en querer cambiar prácticas del Mincult que afectan a intelectuales y artistas, al arte y la cultura propiamente. Eso se expresa en tres palabras: la arbitrariedad, la censura y la burocracia. Pedir una negociación más o menos enfocadas en esas cuestiones no solo es loable, sino que es necesario para todos los actores políticos de la sociedad cubana (incluido el propio gobierno). Incluso, a quien estaba ahí de corazón apoyando al MSI, en última instancia, los mueve la inconformidad con la burocracia, la arbitrariedad y la censura. Aun cuando algunos de los que estaban ahí el 27N tenían razones políticas y una postura opositora (legítima también), tal posición y motivos políticos no son más que una expresión de dichas inconformidades.

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Si algo enseñaba la Historia de Cuba, es que poco se aprende de nuestra historia. Bastaba ser un espectador cercano para darse cuenta de que, más allá de la heterogeneidad política del 27N, aquello era un espacio y una acción reformista: ir al Ministerio de Cultura haciendo pedidos más o menos concretos. Entre ellos, obviamente, algunos relacionadas con el MSI.

El objetivo real de ese día, insisto, más allá del signo, era obtener una reforma, un cambio específico en una instancia gubernamental (la relacionada con la cultura; eso puedo notar, después de varios testimonios). De ser una acción de corte anti sistema, hubiese sido en otro lugar, y con otra lógica de proceder (incluso, por parte de las fuerzas del orden público). 

Tomarle el pulso a lo ahí ocurrido es algo útil para todos; aún más para los que capitalizan políticamente los sucesos. De saber que se trataba de un intento de reforma (que no es una ofensa), se obtiene cierto grado de la temperatura del reclamo, y de hasta qué punto están dispuestos a defender el reclamo los implicados.

Cuando se desconoce eso, se puede cometer el error de proyectarse en la negociación acordada como si se estuviese defendiendo una causa radical, de todo o nada, y eso poco tiene que ver con el espíritu de reforma del 27N. Y así ocurrió.

Los redactores de la carta al Mincult que contenía condiciones para continuar el diálogo, se separan del espíritu de lo ocurrido aquella noche, cortando la posibilidad de un proceso que empuje los reclamos esenciales de la mayoría de los participantes. Se da un golpe de estado a una causa.

Debió prevalecer el compromiso con un resultado, con los reclamos de los presentes el 27N, no con condiciones para ganar músculo político.

Nota: A René Fidel, por hacer de todos sus ideas, como la que da pie a este post.

27N y carta al Mincult, 27N y carta al Mincult

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